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04 de Mar de 2021

Cultura

Ojos cerrados y cómplices

¡Esa es la excusa que estaba esperando que ustedes dijeran!

Hace unos setenta y pico años unos cuantos iluminados creyeron saber cómo era, exactamente la sociedad ideal y la raza superior. Estos monstruitos (que no han sido los únicos en hacer esas cosas, oigan, pero que eran alemanes, y los alemanes cuando se ponen, lo hacen) estaban convencidos de que eliminando a parte de su población todos los problemas sociales iban a desaparecer. La economía despegaría, la delincuencia desaparecería, los pajaritos cantarían y la Luna se levantaría, con la Virgen de la Cueva haciendo que lloviera cuando tenía que llover.

Repito, estos villanos no han sido los únicos en el mundo que han pretendido hacer cosas así, pero en este caso, el horror de sus intentos llega hasta nosotros fresco y reciente, y nos estremece.

Pero, ¿sabían ustedes que está pasando algo muy parecido en Chechenia? (Los que no saben donde está Chechenia, hala, hagan una pausa y vayan a buscar en el mapa, ¿ya regresaron?, continuamos).

En un comunicado oficial, el señor portavoz del gobierno ultrareligioso, negó tajantemente las denuncias de detenciones ilegales, palizas y desapariciones diciendo que eran puras patrañas porque los homosexuales ‘simplemente no existen en la república'. Y añadió así, casualito, que ‘si tales personas existiesen en Chechenia, la ley no tendría que preocuparse por ellas ya que sus parientes los habrían enviado a un lugar de donde nunca regresarían'. Eso está pasando hoy. En el año del Señor de 2017. ¿Que Chechenia nos queda lejos y a desmano? ¿Que ellos deberían solucionar sus propios problemas? ¡Esa es la excusa que estaba esperando que ustedes dijeran!

Si han respondido así, y no lo nieguen, muchos de ustedes lo han hecho, ya tienen también la respuesta a sus reclamos al Gobierno que nos rige acerca de la inexistente condena a los actos que el dictador de la República vecina está cometiendo contra sus opositores. Otro iluminado que escucha hablar a pájaros y mariposas y que en lugar de inspirar temor inspira entre pena y asco. Un personaje tan patético que sería el modelo perfecto para otra novela de tiranos latinoamericanos y que está volviendo a los estamentos de seguridad contra su propia gente. Pero el gobiernucho que nos desgobierna pensará que eso no es asunto de ellos, que cada uno hace lo que puede para mantenerse en el poder, que a ver para qué va a expresar su más profunda repulsa contra las balas y los tanques.

¿Adónde quiero llegar con esta comparación de hechos aparentemente tan disímiles? Para que un hijoputa pueda hacer daño, solo se necesita que tenga la oportunidad. Para que una panda de arrebatados siembre el terror solo hace falta comerles la cabeza lo suficiente y que otro hijueputa les venda las armas. Pero para que un gobierno entero cometa esas atrocidades y las mantenga en el tiempo es necesaria la complicidad del resto del mundo, complicidad por acción o por omisión.

Complicidad porque, en el fondo, tú, en el poder, estés de acuerdo con lo que hacen, porque crees que los homosexuales son una aberración y que ‘ójalá pudieramos hacer eso mismo en Panamá'. Complicidad porque te cabrea que de ti también se burlen y, a pesar de encerrarte con puertas y rejas, (tratando de poner puertas al campo), sigues teniendo miedo de la gente, y no sabes en qué momento, cabreado de la burlas, de la corrupción, de la justicia selectiva, de que, a pesar de tanto problema real, los golfos apandadores sigan campando por sus fueros, se te encabrite la montura. Quizás no baste con la censura de medios. Quizás tú también estás pensando en tirar perdigón…

COLUMNISTA