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24 de Oct de 2020

Cultura

Sobre libros y maestros

Un hermoso batiburrillo de poesía y cuentos, de novelas, ensayos, premios, escritores noveles y consagrados.

Hoy estamos en el ecuador de la XIII Feria del Libro de Panamá, una fiesta de libros, de letras, de lectores, escritores y libreros. Un hermoso batiburrillo de poesía y cuentos, de novelas, ensayos, premios, escritores noveles y consagrados.

Un paréntesis en el quehacer monótono de la vida en Panamá. Un mundo paralelo donde encontrarte en un pasillo con Espido Freire es posible, un universo en el que puedes seguir a Juvenal Acosta y arrinconarlo para obligarlo a confesar el misterio de su literatura.

Mañana, Juan Bolea os contará sus secretos para escribir novelas negras que atrapen sin remisión a los lectores, anteayer, Macondo volvió a la vida en palabra y obra de algunos de los grandes de la literatura actual.

Mientras en la Ciudad de los Libros las emociones eclosionan, en algún colegio de la localidad algún maestro, o, en este caso maestra, matará, una vez más, el impulso lector en un adolescente cualquiera.

Una maestra que pontifica, en un colegio de pago, (no nos emocionemos, en todas partes cuecen habas y en los colegios privados a calderadas), que Edgar Allan Poe no es un escritor de renombre, ni merecedor de estar en el canon de la literatura universal. Y que Paulo Coelho sí. Y añade, la susodicha educadora (no le pondremos por ahora el des- delante, para que no me ataquen demasiado rápido) que el papá de una de las alumnas, no escribe literatura.

El papá de esta niña, Osvaldo Reyes, por más señas, es un autor panameño de novelas de suspense y terror, enmarcadas en lo que los cánones conocen como género negro. Tiene casi una decena de libros escritos, algunos de ellos con varias ediciones agotadas y ha sido publicado no solo en Panamá, sino en España y en Costa Rica.

A mí al escuchar estas estupideces no me queda más que pensar que, si la envidia fuera tiña, ¡cuántos tiñosos habría! Y la señora (o señorita, que tampoco quiero desvirgarla antes de tiempo) referida sería una de aquellos a los que las costras la cubrirían de la cabeza a los pies.

Que E.A. Poe no entra, por derecho propio en el canon de literatura universal, dice. Uno de los mejores escritores estadounidenses. Un bostoniano que se convirtió en uno de los grandes maestros del relato corto. Un escritor que crea mundos fantásticos, que inicia el género de la ciencia ficción y que dilucida paso a paso el esclarecimiento de un horripilante crimen, iniciando así el género policiaco con los crímenes de la Rue Morgue. Un maestro del ritmo, de las imágenes que se clavan en tu cerebro y te transportan a sótanos con olor a moho y a amontillado. Un poeta inmenso…

‘Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary, Over many a quaint and curious volume of forgotten lore— While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping.

As of some one gently rapping, rapping at my chamber door.

‘'Tis some visitor,' I muttered, ‘tapping at my chamber door

Only this and nothing more'.'

No voy a defender aquello que se defiende solo, pero voy, admonitoria, a avisar tocando con el dedo, ya la boca, ya la frente, a esos maestruchos de cuarta que se embarran leyendo pastiches de pseudo escritores de quinta: la ignorancia es una lacra que se transmite, y usted, señora o señorita, es una criminal. Está dañando el interés y el futuro de muchos lectores. Y así nos va. Y así nos va a seguir yendo.

Menos mal que mis hijos están ya del otro lado, entre ‘La familia de Pascual Duarte' y H.P. Lovecraft.

COLUMNISTA