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27 de Jan de 2021

Cultura

Apaguen esto

En el mundo al revés, ser educado y culto es antónimo de ser auténtico y original

Ya en serio, que el que tenga que darle al interruptor lo apriete y nos vayamos a la mierda de una vez, digo yo que ya no hay remedio a este desastre, nos ha comido la estulticia. Vivimos rodeados de una generación de imbéciles funcionales. Hemos convertido nuestro mundo en un refugio de mediocres donde, para que nadie se sienta mal, en lugar de empujar a los que pueden menos para que se esfuercen, lanzamos el listón al piso para que todos seamos igual de burros.

Hemos decidido que la buena educación es elitista, con lo que tenemos una sociedad de plebeyos. Hemos decidido que, aquello por lo que generaciones lucharon para poder tener acceso a ello, es ofensivo. Nos hemos tragado que el arte, el de verdad, es prescindible. Que la música tiene que ser facilona y vulgar para alcanzar a las masas. Que la buena literatura es demasiado complicada o demasiado sofisticada. Y ahí estamos, revolcándonos en un pantano farragoso de cutrez y estulticia.

Cuando ni el acceso a una educación privada, y carísima, nos garantiza que sea esmerada y de calidad, ¿qué podemos esperar de los niños que deben llegar a sus escuelas sin desayunar, después de tener que caminar durante horas por trochas, cruzando quebradas y vigilando las cabezas de agua de los ríos? Si ni siquiera el ser hijo de una de las familias más pudientes de este país es un certificado de tener una capacidad de pensamiento critico, una mínima posibilidad de hilar un par de oraciones correctamente, con su sujeto, verbo y predicados correspondientes ¿qué se supone que hago yo puteando a mis hijos cuando se les escapa una tilde de más o de menos en un mensaje en el chat familiar?

Si los hijos de los caciques rurales no se molestan en demostrar su cultura y su educación y se precian de ser chabacanos, ¿qué se supone que podemos exigirles a los hijos de la cocinera?

En el mundo al revés, ser educado y culto es antónimo de ser auténtico y original. Para ‘ser uno mismo' tu camino debe pasar por olvidar las reglas ortográficas y para demostrar algo, aún no tengo demasiado claro el qué, debes preciarte de despreciar siglos de cultura e historia.

Esto se está convirtiendo en una plaga de halitosis metal, los pocos que quedamos en un reducto de mínima educación aún nos percatamos de que a la mayoría les canta el pozo por soleares, y nos da bastante asquito oírles hablar, pero claro, si te quejas enseguida te acusan de ser pedante y antipática.

Hoy en día decir la verdad es ser mal persona y demostrar que has leído algo más allá del suplemento cultural dominical, es signo de un mal gusto galopante.

Y no, señores, la falta de educación, de buena ortografía y el desprecio por las buenas maneras son como las manchas en la ropa, obviamente, todos te vemos vestido, pero pensamos, en nuestro fuero interno, que eres un guarrete y que ya podías tener un poco más de respeto, por aquellos que tenemos que verte y escucharte, y por el dineral que se han gastado tus padres para comprarte la ropita de marca que cuelga de tu cuerpo.

Ya sé que caigo mal, ya sé que soy grosera y desagradable, y la verdad me importa bastante poco lo que piensen de lo que pienso. Pero como el pensamiento es como los culos y cada uno tenemos uno, yo tengo el mío y pienso que si no eres capaz de tenerte un poco de respeto a ti mismo, no mereces ni un poco de respeto por parte de los demás.

COLUMNISTA