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19 de Sep de 2019

Cultura

El silencio proactivo ante los conflictos interpersonales

Según especialistas, en el momento de un conflicto no debe tratarse de dar una lección de moral a quien causa una ofensa o es agresivo, ya que la emocionalidad está comprometida

El silencio proactivo ante los conflictos interpersonales

Una de las situaciones más comunes que estamos viviendo en nuestra sociedad es la psicoadaptación a los conflictos interpersonales y en definitiva esto no escapa de los salones de clases.

En el libro Padres Brillantes, Maestros Fascinantes, el Dr. Augusto Cury señala que tanto los padres como los maestros deben prepararse para conocer técnicas que le ayuden a solucionar conflictos entre sus hijos o con sus estudiantes, ya que cuando uno aprende estos conocimientos se desarrolla la superación de la ansiedad, la resolución de crisis interpersonales, la socialización y el liderazgo en los momentos de tensión.

Vivimos en una sociedad altamente estresante, donde la gran cantidad de información, la tecnología y las redes sociales, el consumismo, la estética, los estímulos sociales, los conflictos familiares y existenciales, y las diversas actividades que se realizan, han provocado en nosotros el síndrome del pensamiento acelerado, del cual ya hemos hablado anteriormente, que consiste en la no gestión de los pensamientos, provocando, en el caso de los estudiantes, la falta de concentración y atención, el excesivo cansancio, el olvido de la información y la constante irritación.

Ante este escenario, tanto los padres como los docentes necesitamos protegernos emocionalmente, pues de no hacerlo, señala el autor que las fricciones pueden desgastarnos de manera profunda.

‘En muchos casos, la habilidad del silencio puede ser aplicada tanto en los hogares como en los salones de clase, así como en los lugares de trabajo o donde interactuamos cotidianamente'.

Pensemos en un salón de clases, donde suele haber fricciones, crisis, ofensas entre los propios estudiantes, o de los estudiantes hacia los docentes, de acuerdo con Cury la mejor respuesta que una persona agraviada puede dar es no dar ninguna respuesta, ya que en los primeros treinta (30) segundos en donde estamos tensos, podemos cometer el peor de los errores, la mayor de las ofensas, pues estamos en el calor de la tensión y ante esto lo mejor es el silencio y respirar profundamente. Añade que el silencio debe ser usado como una herramienta, ya que la emoción tensa (por ejemplo: la ira) cierra el territorio de la memoria, lo que a su vez obstaculiza la construcción de cadenas de pensamientos, provocando el reaccionar sin pensar; es decir, actuar por instinto como los animales y no con la inteligencia que caracteriza a los seres humanos.

Según lo anterior, en el momento del conflicto no debe tratarse de dar una lección de moral a quien causa una ofensa o es agresivo, ya que la emocionalidad de esa persona está comprometida, pues está tenso y su inteligencia se encuentra obstruida.

Entonces, ¿qué hacer ante esto? Cury afirma que se debe lograr abrir las ventanas de la inteligencia y esto es realizando gestos inesperados que conduzcan a la persona a pensar y a interiorizar con su realidad.

Mencionaré un ejemplo de una situación que me ocurrió en un salón de clase con una estudiante que era agresiva en su forma de hablar y de comportarse. Un día les solicité a los estudiantes que en horas de clases no comieran. La estudiante reaccionó de forma agresiva, salió del salón, después regresó con una serie de ademanes, a lo que le pregunté si tenía alguna situación en que pudiera ayudarla y me dijo delante de todo el salón que yo no tenía por qué preguntarle sobre su vida personal. El ambiente del salón se puso tenso.

Al escuchar esto, todos pensaron que la sacaría del salón de clases por su conducta, en ese momento, guardé silencio y a los minutos solo comenté que yo, como profesora, solo quiero lo mejor para mis estudiantes, y continúe con la clase.

Ella volvió a asistir a clases y participaba cuando hacía preguntas y yo elogiaba sus comentarios. Dos clases después, la misma estudiante me pide en público conversar conmigo, a lo cual accedí, y me solicitó que le diera la oportunidad de seguir con la materia, que su comportamiento era producto de que tiene muchos conflictos familiares y que incluso en ocasiones no tiene ni cómo venir a la universidad. Yo le dije que cuente conmigo, que estoy para ayudarla.

En muchos casos, la habilidad del silencio puede ser aplicada tanto en los hogares, como en los salones de clase, así como en los lugares de trabajo o donde interactuamos cotidianamente. Es la mejor opción, ya que criticar los comportamientos no siempre resulta la forma de lograr los cambios en las personas.

Para concluir, quiero parafrasear a Daniel Goleman, citado en el libro del Dr. Cury, que dice: si educas la inteligencia emocional con elogios cuando esperan un enfado, con aliento cuando esperan una reacción agresiva, con una actitud afectuosa cuando esperan un ataque de rabia, las personas aprenderán y quedarán encantadas y verán en ti a una persona con grandeza.