La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

Culpa

En este país se rechaza cualquier cosa que nos haga sentir culpables de algo, los malos siempre son los otros

Todos… Huy, que estoy empezando con una generalización, y que alguno va a venir a decir ‘pues los psicópatas no' ‘pues yo no' ‘pues yo tampoco', pues bueno, pues vale, que sí fermosos, que sí. Que ya ‘todos' sabemos que algunos no lo que sea, pero los humanos, así limitaditos como somos, necesitamos evaluar de forma subjetiva el mundo en el que vivimos, nuestras experiencias y nuestras percepciones para poder formarnos un mapa mental de cómo se suele comportar la realidad y poder tomar ciertas decisiones en concordancia con ella. Pues eso, cansinos, que a veces sin generalización no hay conversación y que todos hemos sentido culpa alguna vez. La culpa y su derivada, la culpabilidad, es una emoción negativa. Los psicólogos las llaman así porque no nos gusta sentirlas. Claro. Ni que todos fuéramos masocas, o ascetas.

Pero vamos a ver, que en realidad, las emociones, positivas o negativas, lo único que hacen es estimular nuestras acciones en una u otra dirección, adaptándonos, de ese modo al entorno social en el que nos desenvolvemos. Por eso nos sentimos culpables cuando no cumplimos ciertas normas personales o sociales, o cuando el día 1 de enero a las 12 del mediodía rompemos la dieta que nos propusimos empezar el 31 de diciembre a las 11 y 59 minutos de la noche.

Y sí, a nadie le gusta sentirse mal. Sentirse mal es una cagada. Y todos (que sí, que de nuevo generalizo, y que sí, que sé que existen los masoquistas) queremos sentirnos bien. Sobre todo los panameños, que es el pueblo más feliz de la bolita del mundo amén. Al panameño le jode cualquier cosa que lo mortifique. No quiere sentir culpa. Yo no fui, fue Teté.

Y así aquellos son malos malísimos porque no hacen nada para arreglar el desaguisado del Amazonas, pero si dices que al Darién se lo están comiendo con papitas y nadie hace nada, ‘¡Tú eres mala por hacer la comparación!'; ellos claman en las redes que los animalitos están muriendo, qué horror, cómo pueden ser así de duros de corazón… ‘¡Pero córtame todo el monte que ahí se esconden las culebras y tálame todos los arbolitos porque atraen los rayos, y fumiga seiscientas veces al mes porque no quiero ver ni una polilla cerca!… ¡y mata a esa zorra asquerosa que parece una rata!'

Y con todo es igual, hay que poner mano dura con los ladrones, menos conmigo, que robo el papel de la impresora de mi trabajo, pero esto no es robar, no compares ‘¡Porque el jefe tiene plata!'. Hay que hacer que caiga todo el peso de la ley con las botellas, ‘¡Pero no te metas con mi hijo que es un buen pela'o y para que se lleve el dinero otro ya que se lo lleve él que sí se lo merece!'. ‘Nosotros robamos por culpa de los españoles'. ‘La culpa de la delincuencia no la tienen los delincuentes, la tienen los ricos', o los políticos, o el FMI, o el dueño del minisúper. ‘Yo plagié, pero la culpa la tiene la presión social'.

En este país se rechaza cualquier cosa que nos haga sentir culpables de algo, los malos siempre son los otros. Uno no, uno siempre tiene justificaciones para las malas acciones, cualquier cosa menos aceptar la culpa y decir, es cierto, me la cagué. Apelamos a la conmiseración y la compasión, al ‘pobrecito', para no tener que cargar con la culpa de nuestros actos.

Aceptar la culpa significa aprender a manejar la vergüenza, la mala conciencia y los remordimientos. Y asumir que lo hiciste. Y que estuvo mal.

COLUMNISTA