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08 de Dec de 2019

Cultura

El oficio de la crítica: la luz

En el tiempo de la postverdad, los intelectuales se han convertido en una figura marginal; sus preguntas irreverentes, sus dudas indeseables, sus incómodas reflexiones y su lucidez frente al poder los ha llevado a ser un anacronismo

El oficio de la crítica: la luz

Vivimos en un medio tremendamente anti-intelectual. Eso ha sido tradicional en Panamá. Es un medio que no soporta al intelectual o, sencillamente, no se sabe qué hacer con esta figura. ¿Para qué sirven? Pero de hecho Panamá ha tenido sus intelectuales. Puedo mencionar, sin temor a equivocarme, a Diógenes de la Rosa. Pero de hecho no me asombra cuando Orit Btesch, frente a una pregunta de Mizrachi sobre los intelectuales, afirma que ‘son excluyentes y se creen los dueños de la verdad, los únicos que saben lo que se debe leer. Se burlan de los que leen Corín Tellado ( La Prensa , 18 de agosto, 2019)'. En este caso, me gustaría saber quiénes son los referentes de la presidenta de la Cámara Panameña del Libro (CAPALI) para haber afirmado esto. Aquí debo pensar en Nietzsche que se la pasó toda su vida escribiendo contra la verdad absoluta. Lo que sí me parece es que tenemos un perfil tan erosionado del intelectual en el tiempo de la postverdad que esta figura marginal es realmente un anacronismo con sus preguntas irreverentes, sus dudas indeseables, sus incómodas reflexiones y su lucidez frente al poder y los sistemas. El intelectual es un ser que no se acomoda, aunque ha habido muchos que han sido funcionarios de sistemas o de constelaciones de poderes transitorios. Sin embargo, creo que el único compromiso del intelectual es con la crítica. O debería de serlo. Estamos tan necesitados de intelectuales que nos digan qué está pasando con el mundo, aunque no estemos de acuerdo con lo que digan. Tenemos muchos que ejercen como profesores, escritores, gestores culturales, pero no están necesariamente comprometidos con la crítica. Tampoco creo que debemos equivocarnos con reduccionismos. Al intelectual podemos encontrarlo en el que hace las preguntas necesarias de nuestro tiempo, en un poema, en una instalación artística, en una gestión cultural lúcida o en una glosa periodística. No es que el intelectual clásico haya desaparecido de la escena. Pero ya no es tan evidente encontrarlo. Pero está allí, entre nosotros, haciendo las preguntas y la crítica que se debe hacer con los instrumentos que tiene a mano. Si regresamos al sentido clásico del intelectual me parece que en Panamá tenemos otro gran precedente de crítica literaria e intelectual. Éste fue con el reconocido Roque Javier Laurenza, con Los poetas de la generación republicana (1933), texto necesario que terminó fundando –a través de la crítica– a toda una generación. Entre las cosas que dijo Laurenza es que teníamos que pasar de aquellas antologías de poetas que más bien parecían un directorio telefónico. Para ejercer la crítica se necesita tener coraje, se debe ser consciente de que, en un medio tan sensible como el nuestro, una de las consecuencias más tenues de haber ejercido la crítica es ser bloqueado en whatsapps, por lo mínimo.

‘Para ejercer la crítica se necesita tener coraje, se debe ser consciente de que, en un medio tan sensible como el nuestro, una de las consecuencias más tenues de haber ejercido la crítica es ser bloqueado en whatsapp'.

Me pregunto, en todo caso, por qué en nuestro medio la crítica es tan mal vista. Digo, vivimos en un país donde cada quien dice lo que quiere. Y hay miles de ejemplos. Pero otra cosa es la crítica. La que no va dirigida al aplauso o a la fácil aprobación. En principio, nos cuesta asumir una separación entre nuestra persona y el producto que realizamos. En lo que hacemos vemos comprometida nuestra persona. No está mal, porque habla del compromiso. Pero también hay un gran peligro, pues, tras que somos seres humanos muy vulnerables e inseguros, cosa propia de la naturaleza, terminamos enemistándonos o despotricando a quien se ha detenido en nuestro trabajo sin darnos la aprobación que creemos merecer. Pero creo que no hay mayor honor cuando se obtiene una crítica de la obra trabajada. Jorge Luis Borges dijo en una ocasión que los libros se defienden solos. Yo pienso lo mismo. Ellos hacen su vida para bien o para mal. Lo cierto es que tenemos que dar el salto, promover la crítica en nuestro medio, no tener miedo de aquellos que hacen las preguntas. A nadie se le puede exigir lo que debe o puede leer. Ver o no ver. Se puede prohibir, como se hizo por un tiempo en la Corona Española, en la época colonial. Pero la luz, sin duda alguna, siempre encuentra un resquicio por donde filtrarse.