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15 de Dec de 2019

Cultura

Narrativa Insepulta

Las pautas de la posmodernidad “son maleables hasta un punto jamás experimentado ni imaginado por las generaciones anteriores

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Primero pensé que era un problema de brecha generacional. Después que se trataba de ausencia de compromiso de las nuevas generaciones. De analfabetismo funcional. Pero no, el problema es de tiempo y espacio, de individualidad y de consumismo. De un nuevo paradigma. Hace unas semanas asistí a una “manifestación” y me sorprendí que por más de una hora estuve solo con mi cartel a pesar de que allí estaban –pocos- pero estaban congregadas personas, individuos, cada quién en las bancas del parque, en espera de nada.

Durante varios días me he estado preguntando dónde están las capas medias coléricas, los “indignados” del twitter. De manera que, con el auxilio intelectual de David Harvey, Fredric Jameson y Zygmunt Bauman, comienzo a entender la incidencia de este fenómeno a nivel nacional.

Lo que hace más de 150 años Marx y Engel denominaron “derretir los sólidos” y Antonio Gramsci describió en los albores del siglo XX: “El viejo mundo se muere, nuevo tarda en aparecer. Y, en ese claroscuro surgen los monstruos”.

Es decir, estamos en una nueva etapa de la humanidad innombrable aún, pero que inicio hace medio siglo en Estados Unidos y Europa y arribó a nuestras playas –para quedarse- en el último decenio del siglo pasado. Sí el distintivo de la modernidad era el progreso técnico, científico y social, confianza en el futuro y “amor en tiempos del cólera”; la “modernidad líquida”, “modernidad fluida”, “segunda modernidad” o “posmodernidad” se caracteriza por el individualismo, instantaneidad, fluidez, estética personal y consumismo y en el escenario político por la banalidad y la venalidad. En palabras de Bauman esta fase de la humanidad se define por ser una sociedad de consumidores, individualizada y con escasa regulaciones.

Ahora comprendemos mejor los “show” de televisión de competencia física, del esnobismo mediático de la moda y “gourmet”, la superficialidad y corrupción de los politicastros y el uso generalizado e impacto sociológico de las “redes”. Pero en nuestro País, los intelectuales y políticos parecen salmones, viajan a contra corriente, están petrificados en la modernidad y algunos en el medioevo. No hemos decidido “derretir los sólidos” y la “licuefacción” de la modernidad. Estamos en los estertores de la modernidad determinado por los “vínculos entre las elecciones individuales y los proyectos y acciones colectivas –las estructuras de comunicación y coordinación entre las políticas de vida individuales y las acciones políticas colectivas”. El tránsito de “grupos de referencia” a “comparación universal”.

Las pautas de la posmodernidad “son maleables hasta un punto jamás experimentado ni imaginado por las generaciones anteriores, ya que, como todos los fluidos, no conservan mucho tiempo su forma. Al decir de Ulrich Beck, utilizamos “categorías zombis” e “instituciones zombis”. Quiere decir que nuestros líderes son “zombis políticos”, esto es, están vivos y muertos a la vez. El discurso y la narrativa política no se compadecen con la fluidez e instantaneidad posmoderna.

En mi opinión autocrítica estamos en un momento poco estudiado, difícil y complejo. En consecuencia debemos abocarnos al análisis a profundidad de la fluidez, instantaneidad e ítem del ser panameño, de sepultar la vieja escuela del pensamiento sólido y trocar por la “licuefacción de la modernidad”. “Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos”. (Mt. 8:22.)

¡Así de sencilla es la cosa!

El autor es abogado y analista político.