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12 de Aug de 2020

Cultura

Generaciones sin descendencia en una sociedad que envejece

Con un sistema económico y laboral inestable, un escenario educativo sin avances y mayor dificultad para obtener vivienda, son cada vez más los adultos jóvenes que posponen el tener hijos por falta de apoyo social

Las nuevas generaciones se caracterizan por la ambición, la priorización de carreras profesionales y la individualidad que les permite tener la libertad de crecer y dedicarse a algo más que a un horario de oficina. Muchos de los pertenecientes a la generación millennial (nacidos entre 1982-1999), se ven teniendo un pequeño heredero, mientras que hay otros que no lo ven como un elemento indispensable en la ecuación de su vida.

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“Se va el tren”, “se te va a cerrar el vientre” o “ya no tienes legado” son algunas de las frases que jóvenes adultos entre 25 a 40 años han escuchado durante décadas de la boca de familiares y que no aportan una visión esperanzadora o incitadora a procrear. Asimismo, la cultura y valores inculcados desde la cuna presentan un horizonte en el que únicamente se puede considerar 'adulto' a quien tiene hijos para criar y poner al servicio de la sociedad.

“La tendencia de los jóvenes es tener pocos hijos o no tener, 
y hay menor probabilidad de compromiso”,
JOSÉ LASSO
SOCIÓLOGO

Actualmente han surgido grupos en la población joven que, aún siendo solteros, no viven para obtener una pareja y sentar cabeza, sino para ganar experiencia, trabajar en lo que les apasiona, viajar y compartir tiempo con los seres queridos. Dentro de estas agrupaciones destacan los Dinks (Double income, no kids, por sus siglas en inglés), una denominación creada en Inglaterra en 2014 para representar a aquellas parejas que conviven juntas, mas no tienen planes de tener descendencia, a pesar de presentar los recursos económicos viables para dicho plan.

Para los más jóvenes el tener hijos es un plan a futuro que se ha visto truncado por el panorama económico y laboral nacional, ya que, según comentan algunos, “los empleos son pocos y los salarios no sustentan la vida de un soltero, mucho menos de una familia”. A pesar de esta visión de la generación del milenio, en Panamá es mayoría la población joven que desea tener un bebé, una casa y una relación de pareja estable con bases económicas sólidas.

Los viajes y las exploraciones espontáneas son elementos que se han vuelto imprescindibles para las nuevas generaciones.Shutterstock

Según una encuesta no científica realizada por La Estrella de Panamá a 20 jóvenes entre 18 a 35 años, el 92.5% considera que el panorama socioeconómico actual no les permite considerar siquiera tener un hijo; sin embargo, admiten que si esto mejora en los próximos años podría haber espacio para un descendiente en sus vidas.

Visión exterior y regional

En España las cifras de parejas que no desean tener hijos van en aumento, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el cual reportó en un informe presentado en 2017 que más del 25% de la población española, nacidos entre las décadas 1980 y 2000, “están renunciando a ser padres por dificultades económicas o laborales”.

Hispanoamérica también ha sido azotada por la ola del abandono del deseo de la paternidad (padre y madre) por las generaciones recientes, haciendo de países como Cuba, Puerto Rico, Brasil y Uruguay los menos fructíferos en descendencia, según registros hasta el 2017.

En países como Argentina, la tasa de natalidad descendió en el 2017 a un total de 16.98% y el índice de Fecundidad (número medio de hijos por mujer) a 2.28.

“Los procesos de preparación académica, laboral, económica y de vivienda toma mucho más tiempo para los jóvenes de entre 21 a 35 años en la actualidad que para sus padres u abuelos en décadas pasadas”
ANALISSE DUTARI,
PSICÓLOGA

Según un informe presentado por el Instituto Nacional de Censo y Estadística (INEC) en 2018, Panamá enfrenta una tasa de natalidad bruta (por cada 1,000 habitantes) de 18.5%, es decir unos 76,863 nacimientos vivos en territorio istmeño.

Entre los factores enlistados como más amenazantes para la concepción de un niño o niña se encuentran como resultado de la encuesta aplicada, en primer lugar la economía y la educación, seguido por la seguridad nacional y por último, la edad límite para tener hijos sin complicaciones. La generación más preparada educativa y tecnológicamente, es a la vez, la menos preparada para tomar la responsabilidad del bien social que conlleva la procreación.

Natalidad en Panamá

En 2018, el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) registró

76,863 nacimientos vivos en el territorio istmeño, un 18.5% en tasa de natalidad total.

76,166 fue la tasa de natalidad total en el 2017, con un 18.4% de nacimientos vivos en el país.

Pese a la falta de estabilidad económica y laboral para los jóvenes en el mercado panameño, esto no es lo único que ha incentivado el retraso de la paternidad y la maternidad. Según el sociólogo José Lasso, “hay una crisis institucional con respecto a la creación de familia y la adquisición de compromisos o formalidades que los aparten de un amplio número de posibilidades que desean y necesitan experimentar”. Por lo que la población joven se ha apartado de la idea de tener hijos antes de lo 30 años (lo que era 'común', en generaciones como la X y los Baby Boomers), Lasso explica que “la planificación de hijos es cada vez más escasa en relaciones de pareja, así mismo la adquisición de compromisos matrimoniales”.

Para la psicóloga Annalise Dutari, “los jóvenes están buscando otras formas de llenar sus necesidades emocionales, más las mujeres, que ya no buscan ser madres como una aspiración prioritaria, sino que quieren establecerse y tener ambiciones que completen sus vidas con una consciencia mayor de que traer un hijo al mundo es un compromiso, pero las condiciones nacionales no son las más aptas para lograr este fin”.

Procesos y causas

Los expertos coinciden en que existe un replanteamiento consciente de la paternidad y maternidad, puesto que estos compromisos se establecen como prioridad, aun así el sector juvenil está más informado que generaciones anteriores, por lo que la decisión de tener descendencia reside en los aspectos externos más que en falta de madurez.

“Los procesos de preparación académica, laboral, económica y de vivienda toman mucho más tiempo para los jóvenes de entre 21 a 35 años en la actualidad que para sus padres o abuelos en décadas pasadas”, expone la psicóloga; “esta crisis de retraso se ve más en la juventud de clase social media que de alta o baja, ya que son los que tienen la educación y los conocimientos, pero no poseen la capacidad de tomar ese paso”.

Con las corrientes de feminismo y emprendimiento sonando alto como campanas, la agenda familiar se ha visto desplazada por mujeres que encuentran satisfacción en actividades individuales o colectivas que ayuden a su desarrollo personal y crecimiento profesional. El “reloj biológico”, aunque es una amenaza para quienes desean llegar a dar a luz, es de poco cuidado para aquellas que no lo sueñan. “Para las mujeres el reloj biológico es un tema delicado, ya que con más años de retraso menos años se tienen para tener un embarazo sano y con probabilidades de buena gestación y parto, por lo que la mujer se ve amenazada con el tiempo y la falta de apoyo público”.

Familias menos numerosas

“Se ha perdido el concepto de tribu, es decir la familia extendida, ya las nuevas generaciones piensan solo en uno o dos hijos como máximo”, señala Dutari, mientras que Lasso expresa que “la tendencia es tener pocos hijos o no tener ninguno. Tomando en cuenta que existe una estadística importante de niños nacidos fuera del matrimonio”.

Con parejas childfree o childless (sin hijos, libres de niños, por su definición en inglés), mujeres No-Mo (no mothers, no madres, por sus siglas en inglés) en aumento, la población parece ser bañada por una nueva ola de distintas mentalidades a las tradicionales o convencionales, dado que los adultos jóvenes “utilizan la década de los 20 y parte de los 30 para llenar las necesidades personales y estar preparados en caso que tengan hijos”, como señala Dutari. Pero, la disminución de integrantes en una familia puede llegar a convertir la población en una sociedad envejecida, “un efecto mundial que no se ha dado en Latinoamérica, pero en algunos países europeos ya es notorio”, como indica Lasso.

Generaciones sin descendencia en una sociedad que envejece

Si bien es cierto que existe una cantidad importante de mujeres que no tienen planes de tener hijos y hombres que no tienen el deseo de ser padres, la natalidad es un factor importante para el desarrollo integral de la nación como una generación de relevo y de progreso para los próximos 20 años.

El crecimiento de familias numerosas dependerá directamente de las mejoras en el sistema económico del país, mayor cantidad de puestos de trabajos, un ingreso salarial estable, un incentivo al estudio y la preparación profesional en menos años de los que se presentan hoy día.