Temas Especiales

24 de Sep de 2020

Cultura

Corona de carnaval

Ya se oyen a lo lejos los acordes de las comparsas, ya se pegan las últimas lentejuelas, el último canutillo rellena el último huequito del vestido y las coronas de la reinas se pulen y se abrillantan hasta que sus reflejos logren encandilar a las rivales.

Ya se oyen a lo lejos los acordes de las comparsas, ya se pegan las últimas lentejuelas, el último canutillo rellena el último huequito del vestido y las coronas de la reinas se pulen y se abrillantan hasta que sus reflejos logren encandilar a las rivales.

Ya falta menos, ya corren las horas, ya se acerca el momento. Pican los pies, se dispara la ansiedad, los días se alargan esperando el pistoletazo de salida, ¡para Las Tablas, tu rás! Mientras tanto, los agoreros recuerdan los males que acechan, exhortando y encomiando a la contención y la reflexión, a la responsabilidad y la moderación. Se desgañitan por las redes, en los foros y las tertulias, señalando con el dedo, silencio avisan y amenazan miedo. ¡Ah, Quevedo, qué gran época te perdiste para tu afilada lengua y preclaro ingenio!

Ahí están los pájaros de mal agüero, que si el desperdicio de agua, que si el contagio con la última peste global. Y no se dan cuenta de que nadie les está prestando la más mínima atención.

Vamos a ver, señores augures, ¿no se dan cuenta de que a nadie le interesan sus vaticinios? ¿Qué se me da a mí que el mundo se esté derrumbando a nuestro alrededor? ¿Qué puede importarme que la economía esté en crisis? ¿Cuánto tiempo dices que puede tardar el virus en llegar hasta El Manguito? Además, dicen que la nueva amenaza vírica resiste mal el alcohol y las altas temperaturas, que me lo ha dicho a mí mi vecino, que se lo dijo el primo al que le mandaron una cadena por Whatsapp, y desde luego, en los culecos otra cosa no habrá, pero alcohol y altas temperaturas… ¡pásame la botella!

El ser humano es una plaga que se extiende como el moho, contaminando, consumiendo, devorando todo. La naturaleza trata de sacudirse como puede, quitarnos a todos de encima. Somos una infestación de ladillas aferrándonos a los pelos de la Tierra y la pobre ya no puede con tanta rasquiña. Mientras Ella está buscando modos y maneras para ver si nos morimos unos cuantos miles de millones nosotros estamos aquí enfrentados con la terrible disyuntiva de decidir en casa de quién caemos el martes de Carnaval.

Las carnestolendas son época de desenfreno, sí, pero sobre todo de olvido. Eso es lo que los profetas de pacotilla no entienden. En Carnaval te olvidas por unos días de huirle a la culebra, te olvidas de que tu hijo acaba de preñar a la hija del vecino y ahora no sabes cómo vas a poder mantener a todos porque el papá botó a la pelada de la casa. Te olvidas de que se está pasando el verano y aún no has sacado el dinero suficiente para poder arreglar el techo, y esa gotera seguro que va a empeorar. Te olvidas de que tu padre ya no te recuerda y de que tu madre murió sin que pudieras pedirle perdón por las miles de noches que pasó rezando por ti. En Carnaval solo debes pensar en el minuto, en el segundo siguiente, en Carnaval la Muerte Coronada nos da un respiro y solo debemos dejarnos llevar y reír.

El coronavirus llegó, matará y se irá, tal y como se fue la peste después de asolar el Viejo Mundo. Y detrás de él llegará otra amenaza, a la que seguirá otra y otra más, pero a nadie le importa. Porque en estos días lo único en lo que podemos pensar es que la corona de la reina de nuestra calle brille más que la de la pazguata de la calle de enfrente.

Columnista