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10 de Apr de 2020

Cultura

Amor

Amor no se alimenta sin correderas a medianoche, preocupaciones, angustias y peleas.

No es el amor aquello que nos han hecho creer. No es el ardor y el resquemor. No es el amor el Cielo ni el Infierno. No es amar abrasarse, ni exaltarse ni estar furioso. Ni amamos más cuanto más nos perdemos y menos nos pensamos.

No, no se engañen, amar no es fidelidad. Ni abnegación a toda costa. Ni ilusiones de niños corriendo, ni corazones y flores. Ni la luz de las velas que minimiza los defectos y acentúa la línea de la mandíbula. Amor no se construye a base de lencería, perfumes caros y Tsarine a raudales. Ni te ama más o menos por un peluche, por una rosa moribunda ni por una caja de chocolates.

Nos han estafado haciéndonos pensar que amar debe ser aquello que nos transmuta, una especie de piedra filosofal que mágicamente hará desaparecer lo que opaca la alegría prístina de la felicidad absoluta. Nos han hecho creer que el que te ama no te daña, y es mentira. Y que si te pega es porque te quiere y también es mentira.

Amor no es amor sin lágrimas y gritos. Amor no se alimenta sin correderas a medianoche, preocupaciones, angustias y peleas. Porque uno es uno y otro es otro y cada uno es una galaxia alejada miles de años luz de cualquier otra, una galaxia que por sí misma es completa y autosuficiente, con agujeros negros donde nadie debería desear acercarse y con asteroides que pueden destruir mundos en un abrir y cerrar de piernas.

No es posible que dos galaxias se unan sin cataclismos, pero amor tampoco es, ni nunca debió haber sido, aguantar que te invadan, ni te 'conquisten'. Amor nunca debe ser rendirse y arriar la bandera. Amor nunca será que te dejen en la estacada, aunque tú grites que se vayan y te abandonen, amor te ama a pesar de ti. Amor te amas contigo y sin el otro.

Amor es dar y exigir recibir. Amar es saberte débil e invencible, y refugiar y refugiarte, y lumbre, lar, y dioses pequeños. Dioses caseros, de andar por casa. Esos diosecillos que no son gordezuelos, ni alados, ni llevan arco ni carcaj. Amor son esos dioses que cuando pasan te hacen sentir un escalofrío agradable, que te besan en la nuca cuando estás despistado, que te preguntan si ya comiste. Que se acuerdan de que hay que comprar dentífrico. El amor sabe que odias las flores y que lloras si ves morir a una limpiacasa.

Hablamos de amor y no lo sentimos. Sentimos el negror de la caverna, nos obnubilamos con las imágenes que nos proyectan, con lo que nos hacen creer, con lo que nos repiten una y otra vez, y al final, cuando la vida te ha golpeado lo suficiente, te das cuenta de que debiste arrastrarte fuera de la caverna mucho antes, habrías tenido que atoar de tus inseguridades y tus miedos mucho antes, embarrarte y golpearte mucho antes, para poder salir a la luz y al aire fresco. Porque es allí afuera, lejos de los clichés, de las frases manidas, de las imposiciones y los deberes, donde te encuentras a ti mismo. Y es allí donde puedes encontrar belleza en los otros.

Los poetas lo saben, lo han sabido siempre, y mientras nos mantienen engañados con juegos de palabras, nos dicen la verdad para que, los que quieren buscarla puedan hallarla.

“Cuántos amaron tus momentos de alegre gracia

y con falso amor o de verdad amaron tu belleza,

pero sólo un hombre amó en ti tu alma peregrina

y amó los sufrimientos de tu cambiante cara” (W. B. Yeats)

Columnista