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25 de Sep de 2020

Cultura

Santiago Muñoz Machado: 'las academias no corrigen, somos notarios de cómo se habla'

El director de la Real Academia Española de la Lengua, en su condición de presidente de la ASALE, visitó Panamá como parte de una gira por países latinoamericanos

“Para hablar bien y entenderse hay que seguir las reglas de la gramática y utilizar palabras que están en el diccionario. Si uno no quiere ser entendido, lo mejor que hace es no adaptarse a esas reglas y habla de cualquier manera”, dijo categóricamente Santiago Muñoz Machado, en conferencia de prensa con medios locales durante su visita a Panamá.

La conferencia de prensa se llevó a cabo en la Academia Panameña de la Lengua.Bienvenido Velasco | EFE

El director de la Real Academia Española (RAE) y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), agrupación a la que pertenecen 23 academias de la lengua española de América, Filipinas, Guinea Ecuatorial y España, explicó a los periodistas presentes que el papel de las academias no es el de calificar el uso que cada país da a la lengua española. “Eso depende de cada una de las academias, que simplemente dan ejemplo de qué es lo mejor, pero las academias no corrigen, las academias no dan lecciones. Somos testigos de la manera de hablar y notarios de cómo se habla (...) El reconocido jurista español deja claro que “las academias no prohíben que cada cual hable como le da la gana, pero advierte que es posible que no lo entiendan”.

Otra cosa sucede cuando quienes utilizan formas que no son habituales, consiguen cierta estabilidad y acaba generalizándose. Ejemplos claros de esto, los nuevos términos que surgen en la carrera tecnológica, o con el desdoblamiento de palabras –en género masculino y femenino– a manera inclusiva.

Sobre este particular, comenta Muñoz Machado, que “gramaticalmente, todas esas construcciones son correctas, no hay ninguna razón para decir que son agramaticales, por el contrario, es una gramática general. Lo que no son es formas de hablar generalizadas”. El español en uso utiliza el masculino como genérico y el empleo del desdoblamiento es solo como una muestra de cortesía, con el 'señoras y señores'.

Comenta Muñoz Machado que el Gobierno español consultó a la Real Academia si se podría modificar la constitución para visibilizar más a la mujer, y que sus palabras no fueran tan marcadamente masculinas. “Hemos contestado que desdoblar la denominación de cargos públicos es gramaticalmente correcto, pero incorporar estas formas a la constitución no es una decisión que corresponda a la Academia, esa decisión le corresponde a los políticos que son los que hacen las normas. Si ellos hacen una constitución con estos desdoblamientos continuos, en España, harán algo que no existe en ninguna constitución hispanohablante. a excepción quizá de Venezuela. Ninguna constitución hace esto porque las formas generalizadas son el masculino genérico o inclusivo. No decimos que no sea correcto, pero no es el más usual ni el más económico ni el más bello. El español es un idioma precioso que no se puede maltratar”, sostiene.

Pero quienes tienen la última palabra son los hispanohablantes. “La regulación de la manera de hablar es una cosa que hace la Academia desde hace 300 años, y que las reglas que fija la Academia se sigan por los ciudadanos hispanohablantes de todo el mundo es un milagro que consiste no en que se impongan nuestras decisiones, sino que nuestras decisiones tienen mucha autoridad, conseguida a base de prestigio, a base de paciencia y a base de años”, afirma.

Por ello, no considera propio que se nombre un árbitro o figura similar, para la regulación de lenguaje en una arena tan abierta como las redes sociales. No porque la Academia no esté de acuerdo, sino porque “solo a nosotros nos hacen caso. Esa es la diferencia. Solo nosotros hacemos reglas que la gente se siente vinculada por ellas”, destaca. “La posibilidad de que surja un árbitro, pues que lo intente, a ver si consigue que alguien atienda sus determinaciones”.

Recuerda el director de la RAE que si se trata de establecer controles sobre la manera de hablar de la gente, estaríamos volviendo a finales del siglo XVIII y principios del XIX. “La libertad de expresión no comprende la necesidad de que alguien modifique pronunciamientos o discursos de cualquier clase”, declara.

El idioma es dinámico, por lo que con el tiempo va incluyendo nuevos términos así como otros caen en desuso. Y de ese seguimiento se encargan los corpus de la Academia, que contienen colecciones de multimillonarias expresiones que recogen personas dedicadas a esta misión. “Siguiendo los corpus podemos determinar cuándo nació la palabra, cómo se ha extendido, si se usa en la actualidad, cuál es la generalización del uso, en qué lugares se utiliza efectivamente y con qué intensidad. Entonces se estudia, se define, por la Academia Española en comisiones de estudio, se aprueban por el pleno, se distribuye esa palabra en toda el área de academias hermanas, ellas las estudian, las corrigen si tienen a bien; la amplían, incorporan si tienen acepciones, vuelve a España, se aprueba y se incorpora al diccionario. No hay nada de arbitrario ni de caprichoso en todo esto, es un proceso muy meticuloso”, describe.

Santiago Muñoz Machado: 'las academias no corrigen, somos notarios de cómo se habla'

Este mismo proceso se sigue con los términos nacidos en la era tecnológica, momento que también ha traído consigo herramientas que han significado una clara ventaja al cuidado del idioma.

“Que las reglas que fija la Academia se sigan por los ciudadanos hispanohablantes de todo el mundo es un milagro que consiste no en que se impongan nuestras decisiones, sino que nuestras decisiones tienen mucha autoridad, conseguida a base de prestigio, a base de paciencia y a base de años”.

Estas herramientas son, de acuerdo con Muñoz Machado, “una novedad que nos benefician a todos mucho; nos han traído unas posibilidades de comunicación que no hemos tenido nunca”. Claro ejemplo es el alcance que tiene actualmente el Diccionario de la Lengua Española, de unos 60 millones de usuarios todos los meses, mientras que sus versiones en papel, editadas cada 12 años aproximadamente, alcanzaban el millón de ejemplares, y determinar cuánta gente lo utilizaba era muy difícil.

El sistema de las papeletas, trozo de papel en el que se anotaban palabras para generar discusiones sobre su uso en el pleno de la Academia es cosa del pasado. “Ahora las herramientas digitales nos permiten trabajar más rápidamente el procesamiento del lenguaje, y de una mejor manera, y comunicarnos con nuestros colegas americanos en línea es más fácil, de modo que el trabajo pueda ser común, como deseamos”, dice el académico, mientras que la amenaza de desaparición de las ediciones impresas de los libros está desapareciendo, esto de acuerdo con estadísticas. “Se siguen leyendo las ediciones en papel, no ha habido una bajada drástica, de modo que yo no tengo nada ni feo ni malo ni negativo que decir y, aunque tuviera que decir, nos tenemos que adaptar a los tiempos”, reflexiona.

De hecho, una preocupación de la Academia es que toda la maquinaria que se mueva y hable la lengua se ajuste al canon académico. “Uno de los proyectos estrella de la RAE y la Asale es el proyecto Lengua Española e Inteligencia Artificial (LEIA). Pretendemos que las empresas globales tecnológicas enseñen a sus máquinas con nuestras herramientas, con nuestros instrumentos, les prestamos nuestros diccionarios, nuestra gramática para que el entrenamiento de las máquinas se produzca conforme a las reglas de la academia española”, explica.

Y es que no se tiene control sobre el devenir histórico. Con los acercamientos que ha tenido la República Popular China en los países hispanohablantes, incluso se podrían afectar las maneras de hablar, aunque para esto hará falta mucho tiempo. “Son influencias externas a la lengua que se incorporan muy lentamente”. Y cuando estas formas se consolidan, esos vocablos nuevos terminan siendo incorporados por la Academia. “Son neologismos que se incorporan con su formulación original o con variantes españolizadas”, señala el académico.

En Panamá los ejemplos se encuentran casi todos en las páginas del menú de un restaurante chino.

Pero de forma inversa, los chinos están cada vez más interesados en aprender el español.

En el año 2017, el país asiático estableció una nueva regulación sobre los idiomas que pueden elegirse como de segunda enseñanza, y el español ha quedado situado inmediatamente después que el inglés. “Como consecuencia, muchos estudiantes de las universidades españolas han hecho convenios con otras universidades chinas para enseñar el idioma”, anuncia. En Salamanca se han hecho unos 50 convenios para enseñar español; el Instituto Cervantes de España está haciendo también esa extensión, y la Academia Española ha hecho excepcionalmente un convenio con una universidad china de Shanghai sobre ese tipo de cosas”. Y claro que es muy importante, ojalá convenzamos a todos los chinos de que hablen español, pero son políticas de Estado más que políticas de nuestras instituciones.

Muñoz Machado llega a Panamá en medio de una apretada gira como presidente de Asale. “Una visita de cortesía, porque lo que debe hacer un gerente es estar cerca de las personas que forman parte de la asociación. Es una misión muy importante que las relaciones personales sean lo más intensas y lo más gratas posibles, porque para trabajar juntos hace falta que haya fluidez en el trato, pongo por delante esa misión”. Y claro, en su misión de “cuidar juntos de la unidad de lengua”, es necesaria la organización de más de una docena de proyectos en los que están trabajando, especialmente el intenso programa de acción aprobado en el congreso de Sevilla, con incidencia en tres proyectos de particular relevancia: la vigésima cuarta edición del Diccionario de la Lengua Española, de concepción totalmente digital, la versión en línea del Diccionario Panhispánico del Español Jurídico -obra respaldada por la Cumbre Judicial Iberoamericana y la última Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno- y el proyecto Lengua Española e Inteligencia Artificial, además de comenzar la preparación del programa del IX Congreso Internacional de la Lengua Española, que tendrá lugar en Arequipa (Perú) en 2022.