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19 de Sep de 2020

Cultura

Sugerir

La babosada de definir qué es y qué no es una vestimenta adecuada es solo la punta del iceberg del mangoneo

Sugiero que, antes de permitir que los resbalosos nos embadurnen de harina, revisemos con cuidado los significados de aquello que escuchamos y leemos. Veamos lo que dice el pobre subdirector, al que ponen delante de una cámara y que piensa, “Ay, papá, ahora son mis dos minutos de gloria, ahora sí la voy a botar”: entre tartajeos y tartamudeos, (primera regla, si vas a comunicar algo debes ser consciente de que las risitas, los carraspeos y los tartajeos le restan autoridad a cualquier cosa que vayas a decir; lección gratis, venga, salado, para ti porque me diste pena, si te interesan el resto de las lecciones, manda un privado).

El tipo alcanza a decir, transcribo (sic): “... las niñas, las muchachas que vayan con vestimentas no adecuadas. Vestimentas sugestivas, no se va a permitir esto tampoco”. “Que muestra mucho, o sea, que muestra mucho, eso es lo que no se va a permitir”. “...queda a discreción de nosotros”.

Vamos por partes, como Jack el destripador, a ver, ¿qué es algo 'sugestivo'? Según el DRAE, sugestivo es algo que sugiere, que suscita emoción, o que resulta atrayente. Y, ¿qué es sugerir? Pues sugerir es proponer o aconsejar algo. O evocar algo o hacer pensar en ello.

Ahora bien, a alguien un canto rodado le puede sugerir mil cosas y evocar algunos recuerdos que ya quisiera Ron Jeremy despertar. En fin, que la culpa de los recuerdos y de las filias de alguien no es mía, ni de mi vestimenta. Y ahora pregunto, y por favor, disculpen mi francés, ¿¡quién chucha es la Policía para arrogarse el derecho a decidir qué es y qué no es sugestivo!? ¿Acaso se ha decretado la sharia en este país y no nos han informado? Porque no se equivoquen, lo que dijo el mentecato no tenía nada que ver con la supuesta 'evitación' de magreos indebidos, sino con un 'mantener la moral y las buenas costumbres'. Que a ti te la metan doblada en el culeco no les importa siempre y cuando vayas sin chorchuchón.

No, no estoy dándole la razón a la bendita cancioncita de hace unos meses, ¡¿y saben por qué?! Pues porque la canción y la paulatina victimización que nos están imponiendo a las mujeres es parte del problema. Cuando, en lugar de ser un individuo que exige igualdad, te conviertes en una desvalida nena que ruega por protección, aparece, como no puede ser de otro modo, papá Estado a decidir que para poder protegerte mejor va a controlar cómo sales a la calle, dónde y con quién. Y hasta qué horas, nenita, que todos sabemos que una mujer decente no anda sola por la noche.

La babosada de definir qué es y qué no es una vestimenta adecuada es solo la punta del iceberg del mangoneo. Clamamos que somos feministas, pero no nos imponemos autosuficientes. Cantamos canciones, pero no sabemos enarbolar derechos. Rogamos por protección y nos quejamos cuando nos protegen. No sé a ustedes, pero a mí esto me suena a relación de papito con adolescente rebelde.

Yo exijo poder ir por la calle como me pique el huevo derecho sin que me obliguen a ponerme una peluca para taparme mi pelo verde y así poder salir en la foto de la cédula. Exijo que no me impongan dónde puedo entrar con los hombros al aire, dónde puedo entrar en chancletas y dónde tengo que ir sin llevar rollos en la cabeza.

Seguimos sin entender que las cosas no vienen solas, esto es un combo. Para ser adultos debemos exigir los derechos completitos, y asumir también los deberes. Y las consecuencias.

Columnista