Temas Especiales

09 de Jul de 2020

Mónica Miguel Franco

Cultura

Solidarios

Hasta que en este país no entendamos que la cultura es un trabajo, este país no va a mejorar, por mucha cultura naranja que deseemos esparcir

Encendí la computadora, abrí un nuevo documento, he puesto el nombre de esta columna y puse la fecha. Lo que hago siempre, vaya. Todas las semanas desde hace varios años. Y antes de abrir el documento recién creado he caído en cuenta de algo, había puesto 31 5 19.

Por un momento retrocedí un año. Y me he sentido rarísima. Este 2020 ya va por la mitad (sí, señores, mañana empieza junio, el sexto mes), y nosotros no sabemos qué hemos hecho con casi tres meses de nuestra vida.

Todos hemos sufrido, no podemos salir. No podemos producir. No pudimos beber.

El buen gobierno nos apoya con un bono solidario. El bono no nos alcanza para nada. Y no se pueden comprar pañales con el bono. A mí no me llegó el bono. Abren las iglesias porque hay que bautizar a los niños que, si mueren, deben irse al Cielo, que ya no existe el limbo y las almitas no pueden quedarse flotando en la nada. Pero no abren los teatros. ¿Y para qué necesitáis abiertos los teatros? ¡Deberíais actuar gratis por redes sociales para ser solidarios! Vamos a tener que cerrar la empresa, o pagarles un 40% menos a los empleados por el mismo tiempo de trabajo y que digan que les fue bien. ¿Y sabiendo cómo está la situación vas a cobrarme? Una, que vive de la cultura, se da de cabezazos contra la pared y piensa, una vez más, que quizá los ineptos de la compañía eléctrica no les cobran a los artistas y ella, que es idiota, no se ha enterado. Porque yo tengo que pagar todos los meses todas mis facturas, y a nadie le importa si yo soy actriz, poeta, correctora o puta.

Y lo peor es que los mismos que deben ayudarnos nos terminan de hundir.

Hace unos años, cuando fui a retirar mi cheque por un trabajo, una periodista conocida me vio y con los ojos muy abiertos me preguntó: “¿Pero tú cobras por esto?”. Y yo, con mi mejor educación le contesté “¿Tú no cobras por tu trabajo?”. “¡Pero es que a ti te gusta escribir!”, fue su respuesta.

Pues sí, me gusta escribir. Y como me gusta escribir y me gusta leer, mucha gente, aspirantes a escritores, e incluso algunos ya publicados que se consideran tales, se creen con derecho a mandar sus textos y esperan que se los corrija, así, de gratis. Y encima, cuando les dices que tú cobras por ese trabajo, se enfadan y apelan a una supuesta solidaridad entre pares.

Hasta que en este país no entendamos que la cultura es un trabajo, que escribir es un trabajo, que a los que escriben se les debe pagar, que los actores también deben comer y pagar cuentas, que los gestores culturales se parten el lomo trabajando y esperan poder vestirse dignamente, este país no va a mejorar, por mucha cultura naranja que deseemos esparcir.

Mientras los artistas sigamos pensando que, como lo que hacemos lo disfrutamos, es obsceno exigir que nos paguen, no vamos a lograr cambiar nada. Sentarse a escribir es un trabajo. Investigar, estudiar, corregir, editar, es un trabajo. Actuar es un trabajo. Dictar clases lo es. Y tocar música también. La disciplina cuesta. Y nuestro trabajo debe pagarse y nosotros debemos empezar a exigir respeto, pago, y reconocimiento por él.

Porque si algo ha quedado claro en esta pandemia es que los meses que hemos perdido de este año hubieran sido mucho peores sin libros, sin cine, sin música. Sin cultura. Empecemos a entenderlo. A cobrar lo justo. Y a pagarlo sin rechistar.

Columnista