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07 de May de 2021

Cultura

Identidad nacional: el surgimiento del culto por el Señor de los Milagros

Las Hermandades del Señor de los Milagros fuera de la ciudad de Lima también registraron una rápida expansión a partir de 1936 en territorio peruano

La devoción al Cristo de Pachacamilla o “Cristo Moreno” generó uno de los postres más tradicionales vinculados a esta festividad religiosa: el turrón de Doña Pepa. A principios del siglo XVIII, una devota de nombre Josefa Marmanillo sufrió una parálisis en uno de los brazos, con mucha dificultad hizo un turrón y lo llevó a la procesión ofreciéndolo al Señor de los Milagros, curándose al retornar a Cañete, su pueblo natal ubicado a 99 kilómetros de Lima. Desde entonces, cada octubre, el “turrón de Doña Pepa” forma parte de la tradicional gastronomía peruana.

Faltando pocos meses para celebrar el 370° aniversario del culto al Señor de los Milagros en la ciudad de Lima –que se reactualiza en las prácticas de sus miles de fieles alrededor del mundo–, destacan entre sus seguidores quienes forman parte de la Hermandad del Señor de los Milagros de las Nazarenas, constituida en la capital virreinal peruana y replicada en las distintas ciudades hacia donde han migrado los peruanos desde las primeras décadas del siglo XX (Costilla, 2014). La devoción nació en 1651, pero no arraigó sino hasta 1655 después del terremoto que sacudió la ciudad y dejó en pie una tapia donde estaba pintada la sagrada imagen de Cristo en la cruz, obra de un artesano afrodescendiente de origen angoleño (Vargas Ugarte, 1966). Luego de 120 años y de cientos de milagros atribuidos a esta, se construyó el santuario (1771) donde actualmente se encuentra custodiada por una hermandad de cargadores, cantoras y sahumadoras, así como por una congregación religiosa: las Nazarenas. Dos terremotos –recordados por su intensidad–, los de 1828 y 1860, deterioraron la iglesia, pero el mural no sufrió daño lo que hizo crecer la popularidad y devoción por la imagen allí pintada (Costilla, 2016).

Ulteriormente, los fieles decidieron formar una cofradía del Monasterio de las Nazarenas y una Hermandad del Señor de los Milagros, la que se basó en las primeras cuatro “cuadrillas” de cargadores del anda de la imagen (en 1766, cada cuadrilla era de 34 hombres); la quinta cuadrilla apareció en 1858; la sexta en 1863; la séptima en 1873; la octava en 1887, a esta le siguieron otras siete entre 1904 y 1954 registrándose un aumento cuantitativo de fieles hasta establecerse definitivamente en 20 cuadrillas. Se trata de un pasado cargado de tradiciones que luego se convertirían en símbolos emotivos de la nación peruana: el color morado, los cánticos, el olor de sahumerio y los turrones (Valdelomar, 1915). En ese contexto, se destacaron dos ceremonias asociadas a los festejos de centenarios del calendario secular: una de ellas en conmemoración de la independencia nacional, cuando se bendijeron nuevas andas de plata para la imagen procesional en octubre de 1922; y la otra en 1937, dos años después de celebrarse el cuatricentenario de la fundación de Lima, cuando las renovadas andas recibieron un escudo limeño de plata como ofrenda del municipio metropolitano (Revista Mundial, 1921; Banchero, 1972; Costilla 2016). Es en esos años en que la prensa capitalina empieza a referirse a la procesión de la imagen como la del “Cristo Moreno” o el “Cristo Morado” (en alusión al color de la indumentaria de los cargadores del anda) que se mantiene aún. La cofradía –asociación piadosa cuyos orígenes se remontan al Medioevo– se encargaba principalmente de la difusión y mantenimiento del culto promoviendo manifestaciones socioculturales y espirituales como fiestas y procesiones, entre otras (Celestino y Meyers, 1981).

Las Hermandades del Señor de los Milagros fuera de la ciudad de Lima también registraron una rápida expansión a partir de 1936 en territorio peruano (por ejemplo, Piura en 1948, Arequipa 1950, Cuzco 1953, Cajamarca 1956, Tacna 1960, Lambayeque 1979, entre otras). En 1940, en La Paz (Bolivia) se constituye la primera hermandad en suelo extranjero. Con el incremento de los flujos migratorios hacia Estados Unidos no es de extrañar que la primera hermandad que se formase en ese país fuese la de Hartford, en 1967, a la que seguirían otras en España, Italia, Argentina, Francia, Venezuela, Canadá, Japón y Panamá (Abusada y Pastor, 2008). La historiadora Costilla afirma que la imagen del Señor de los Milagros ha llegado a convertirse en un verdadero símbolo para propios y extraños. A su juicio, es la imagen de una nación mestiza y de una tradición afrodescendiente. Por su parte, la historiadora Rostworowski, hoy fallecida, afirmaba en 1992 que la imagen pasó a ser emblema de una nación pluricultural, uniendo en una misma creencia a sus distintos sectores sociales. Ello explica que el Señor de los Milagros fuese declarado, por el Presidente de la República y el Congreso peruanos en el año 2010, como patrono del Perú.

Desde la construcción de identidades societales en la América española pasando por el proceso de la emancipación y el nacimiento de las repúblicas latinoamericanas hasta llegar a la consolidación de Estados nacionales como los vemos hoy, las devociones religiosas como la del Señor de los Milagros contribuyeron activamente en la creación y definición de identificaciones con el terruño, de lazos comunales y sentimientos de pertenencia de los ciudadanos (Costilla, 2008).

En octubre, los peruanos recuerdan al Señor de los Milagros y lo conmemoraron de manera especial el 18 de este mes en Panamá.

Embajador de Perú en Panamá