18 de Sep de 2021

Cultura

El mito de la virginidad

Se supone que un himen íntegro es garantía de 'pureza', cuando la castidad debería afectar el corazón, la mente y el alma, y no tiene que ver con alguna parte del cuerpo

El mito de la virginidad
El mito de la virginidadShutterstock

La virginidad es una construcción social del sistema patriarcal. El patriarcado considera la sexualidad y la autonomía sexual de las mujeres como un peligro del que hay que defenderse, y controlar. Lo cierto es que, a través de los siglos, la virginidad se ha utilizado como una forma de control y dominio sobre la autonomía sexual femenina. Desde la Grecia antigua, Tucídides opinaba que la mujer “es más peligrosa que las olas del mar embravecido, más que el ardor de las llamas y que el torrente que cae de las montañas en olas impetuosas. Si es un dios quien inventó la mujer, sepa que ha sido artífice inconsciente del mayor de los males”. Los varones más notables de la Iglesia católica contribuyeron a esparcir la idea de que el sexo y las relaciones entre hombre y mujer son pecados. La interpretación misógina de las enseñanzas de la Biblia llevó a Tertuliano hasta a decir que “hay que adoptar el celibato, aunque perezca el género humano”.

En la actualidad todavía persisten muchas de estas creencias; y el mandato patriarcal de la virginidad tiene graves consecuencias sobre la salud de las mujeres en todas las culturas. Es una vulneración de los derechos sexuales de las mujeres, que provoca violencias como crímenes de honor, violencia sexual a menores, matrimonios forzados, mutilación genital femenina, intervenciones quirúrgicas y exámenes de virginidad.

Hay muchos mitos y todo un mercado en torno a la virginidad, la cual no es una realidad médica. Se dice que hay cambios físicos que delatan a la mujer cuando no es virgen, pero ningún test basado en el estado del himen sirve para detectar de manera fehaciente si la mujer ha tenido o no relaciones sexuales con penetración. El himen es una membrana elástica y delgada que cubre parcialmente la vagina y en menos de la mitad de las mujeres sale sangre a la penetración.

Otro mito es que la primera vez que la mujer tiene relaciones sexuales no queda embarazada. Por supuesto, esto es falso, ya que depende de su ovulación. Hay un mito especialmente horroroso por el que se considera que tener relaciones sexuales con vírgenes cura el sida. En diversos estudios se confirmó que entre un 18% y un 30% de los varones encuestados en cuatro países subsaharianos pensaban que este mito era una realidad.

La inspección o manipulación de la zona vaginal de la mujer o “test de virginidad” es un imperativo en culturas donde predomina el mito de la virginidad. En Marruecos, la exigencia de certificados de virginidad antes del matrimonio sigue siendo habitual. La mujer es obligada a ir al médico en presencia de miembros de la familia de su futuro marido para comprobar su virginidad, y la noche de bodas se convierte en una violación marital donde el esposo debe actuar violentamente para demostrar su hombría a través de la cantidad de sangrado de la mujer. Esto es una realidad que sigue ocurriendo hoy y que debe denunciarse y penalizarse.

En Indonesia el test de virginidad es requisito previo al ingreso en las fuerzas armadas, así como a demanda del futuro marido en caso de matrimonios pactados. En las comunidades de etnia gitana esta valoración es realizada por otras mujeres, que fiscalizan no solo el estado del himen, sino la aparición de sangre tras su manipulación.

Hoy al menos 20 países en diversas regiones del mundo siguen llevando a cabo pruebas de virginidad, que consisten en una inspección del himen para detectar rasgaduras o el tamaño de la abertura, con la falsa creencia de que el aspecto de los genitales femeninos puede revelar los antecedentes de actividad sexual de la mujer o niña. La ONU considera que estas son una violación de los derechos humanos de las niñas y mujeres, por lo que han hecho un llamado a eliminarlas por sus consecuencias psicológicas.

Tener una educación sexual integral en el hogar y en las escuelas es básico y necesario para que tantos estereotipos y creencias absurdas, como la virginidad, salgan de nuestro vocabulario y de nuestra vida de una vez por todas. Que las mujeres disfruten de su sexualidad sanamente es un derecho, y de “pecado” no tiene nada.

Lo más importante, sea la primera vez o no, es sentirse preparado o preparada, a gusto y que por supuesto, sea sexo seguro y consensuado. Se supone que un himen íntegro es garantía de “pureza”, cuando la castidad debería afectar el corazón, la mente y el alma, y no tiene que ver con alguna parte del cuerpo. No se pierde la virginidad, se gana la sexualidad.