20 de Oct de 2021

Cultura

El urbanismo que moldeó el rostro de Panamá en 502 años de historia

La historia de la ciudad de Panamá se cuenta a través de sus calles, el ordenamiento territorial y los sitios icónicos de la historia nacional, que hoy se entrelazan con las rutas de una población cada vez más activa en los espacios urbanos

El urbanismo que moldeó el rostro de Panamá en 502 años de historia
La plaza Cinco de Mayor es una evidencia de la evolución urbanística, que combina la modernidad con un sitio clave histórico.BID

La ciudad de Panamá tiene sus inicios en un poblado indígena, tierra virgen de conquistadores que un día revolucionario llegaron sin advertencia buscando nuevos lugares para extender los territorios de la Corona española. Fue entonces que encontraron a aquellos grupos indígenas, originarios de una tierra tan particular y rica.

200 años después de que Panamá lograra su independencia total de la Corona en 1821, vemos a un Istmo que heredó de sus años coloniales el idioma castellano, las costumbres sociales, las influencias gastronómicas y la administración política (con rasgos aún presentes en su organización).

Uno de los rasgos más característicos de esta época de lazos entre ambos países es la presencial arquitectónica del poblado español en el país y con ello, la urbanización que llegó posteriormente y que aún conserva aquellas huellas del pasado en sitios históricos como el Casco Antiguo y Panamá Viejo.

Este 15 de agosto la ciudad de Panamá celebró su 502 aniversario. Damos una mirada a cómo ha evolucionado esta urbe

El urbanismo que moldeó el rostro de Panamá en 502 años de historia
Plano de 1857 y que detalla las propiedades del ferrocarril.Tomás Mendizabal

Actualmente, el concepto de metrópolis en el que se vive en la capital es la norma, pero también una característica que responde a que “siempre se pensó en una ciudad”, según señaló a La Estrella de Panamá el arqueólogo nacional, Carlos Fitzgerald, lo que crea un contraste histórico con los poblados en el interior del país donde “lo rural y de campo tuvo más protagonismo”.

“En 1519 toda la idea de crear una ciudad ya era parte de su concepción desde el punto de vista español. Su entorno, que era rural entonces, pasa a ser rellenado, en constante cambio, hasta pasar más de 500 años y convertirse en la metrópolis que somos hoy”, apuntó.

En planos que datan del año 1673 se notan los primeros asentamientos de lo que sería la ciudad de Panamá, en aquel entonces ubicada en el Casco Antiguo.

Los trabajos cartográficos de la época muestran la distribución de plazas, guarniciones militares, aduanas, conventos e iglesias, según anotó en este diario el especialista Carlos A. Gordón.

Las evidencias cartográficas de este desplazamiento de la ciudad señalan a su vez, el comportamiento social, centrado en la defensa y protección de la ciudad.

Entonces, la ciudad comenzó a crecer y expandirse hacia el oeste de Ancón, dado que el hacia el este “había únicamente ciénegas, y la desembocadura del Río Grande”, según describió Fitzgerald.

“Así se mantuvo por siglos; luego con la aparición del ferrocarril se marca un crecimiento especial del territorio, seguido por la creación de Calidonia y la construcción del Canal norteamericano, que marca una frontera que organiza la linealidad y también destruye, el sentido de ciudad completa”, apuntó, “luego en el siglo pasado, todos los espacios vacíos se ocupan, perdiéndose aquel sentido histórico original de la ciudad”.

Y es que, tal como puntualiza Fitzgerald, Panamá como territorio se ha destacado como una ciudad de tránsito humano, animal, comercial y cultural desde sus inicios. “Lo que no conocemos de Panamá es que ya existía antes de la conquista española como un asentamiento permanente indígena, de una población agricultora y sedentaria. Extendida desde el área de La Chorrera actual, hasta la desembocadura del Río Bayano”, indicó el arqueólogo.

De estos primeros movimientos tras la llegada de los conquistadores, quedan algunos vestigios del cacicazgo que vivía en la existente Panamá. Sin embargo, ante los cambios de más de 500 años de la fundación de la primera ciudad de Panamá, el territorio está compuesto actualmente por 4.2 millones de pobladores (según el Mapa de Información Económica de la República de Panamá, Minerpa), lo que la convierte en una de las ciudades “más extensas en población”, pero que no ha sido “densificado adecuadamente”, como expresó a este diario el presidente del Colegio de Arquitectos (Coarq) y de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), Miguel Ángel Barrera.

“El modelo lineal que se ha llevado a cabo por razones geográficas (de este a oeste), urbanísticamente debería comprender las ciudades de Colón y Panamá en una gran urbe, sin embargo, por la ubicación de la zona canalera y lugares protegidos a su alrededor, se imposibilita esta unión”, explicó.

Esta limitación ha obligado a que la ciudad se extienda, y se necesite una mayor cantidad de inversión en servicios, lo que para Barrera señala una “expansión basada en la perspectiva de inversiones del sector privado y no con una alianza estatal”.

En las investigaciones de Gordón, los mapas de aquel Panamá colonial destacan el contraste de la actualidad, con señalamientos de “la temprana expansión urbana del arrabal santanero sobre los ejes de las actuales avenida Central, hacia el noreste, y sobre la avenida A, hacia el oeste de la ciudad amurallada”.

“Vale la pena que dediquemos los recursos necesarios para que las generaciones que vengan conozcan su historia”, MIGUEL ÁNGEL BARRERA, PRESIDENTE DEL COLEGIO DE ARQUITECTOS DE PANAMÁ

También se indica la definición de las manzanas ubicadas sobre la actual avenida Central, que comunicaba con el parque de Santa Ana hasta la Calle J, desde épocas tempranas de la ciudad (1716, 1739 y 1749).

Esto, añadido a la cartografía del siglo XIX de Panamá, época en la que irrumpía la implantación del Canal de Panamá y el ferrocarril, deja una huella de la Panamá que ya se ha visto desdibujada de la memoria colectiva.

Remembranzas

Para Fitzgerald, aquella ciudad capital contaba con lugares claves que, más allá del Casco Antiguo y el icónica Panamá Viejo, se han olvidado, “negando su respectiva relevancia histórica en los recuentos recientes”.

Tales lugares clave como el arrabal de Santa Ana, y el corregimiento de San Felipe, fueron anotados por el arqueólogo como “sitios que están borrados, que tienen tanta relevancia como el mismo Casco Antiguo dentro de los eventos históricos de la capital”.

“El paisaje se ha transformado en los últimos 30 años, ya no hay memoria de sitios relevantes como el puente de Calidonia. Si alguien quiere saber dónde fue el incidente de la Tajada de sandía' no se puede, por la inmensa transformación del área. Aunque se puede hacer la reconstrucción mental, los lugares claves de la historia están borrados tanto físicamente por los cambios ocurridos, como también de la memoria colectiva ciudadana”, enfatizó, “lugares tan relevantes para la ciudad en esa época, ya no se pueden encontrar visiblemente, pero aún poseen un significado concreto para la ciudad en la memoria histórica; en estos 502 años de la ciudad es importante pensar en ellos, que cada comunidad refresque su memoria de lugares claves y se mantengan registrados para las nuevas generaciones”.

Por su parte, Barrera anotó que las rutas de San Lorenzo y Portobelo en la provincia de Colón, creadas en tiempo colonial, “se mantienen altamente relevantes hoy día”. El arquitecto hizo hincapié en la importancia del Fuerte de San Lorenzo, cuya misión principal recaía en la protección de la ciudad. “Al principio era de madera y se llevaron a cabo batallas de piratas, en busca de saquear la ciudad de Panamá, lo que pasó muchas veces, y para cuando se da el incendio (casi voluntario) de las actuales ruinas, ya no había cómo protegerlas de los piratas”, señaló.

“Desde el inicio, Panamá fue vista y concebida como una ruta de tránsito humano, animal, comercial, cultural, entre otros”, agregó Barrera, “siendo esa pequeña cintura del continente donde se puede desplazar de un océano a otro, y esa geografía favorable la que nos ayuda a dar identidad a nuestro entorno”.

En perspectiva para el futuro, iniciando desde el presente, Barrera enfatizó los esfuerzos del Colegio de Arquitectos y la SPIA como entes de apoyo a la educación patrimonial dentro de la población de la ciudad.

“Como gremios, tenemos una tarea importante de apoyar y hacer campañas de docencia sobre el patrimonio, que resguarda una importancia más allá de lo estético”, comentó, “ya que lo que las personas no comprenden de su historia, no lo logran valorar. Tenemos patrimonios como Panamá Viejo y Casco Antiguo que nos dan ejemplos de modelos de inversión pública, combinada con participación privada para mantenerlos vigentes”.

Asimismo, señaló que todo esfuerzo por preservar aquellos símbolos de la Panamá colonial que han sobrevivido a los siglos, se podrán mantener una vez “se entienda que el Estado no puede restaurarlo todo”, pues se debe contar con “una fuerte alianza junto a la empresa privada”, respaldando así “diversos estudios realizados que arrojan un horizonte al que debemos llegar para un resultado exitoso”.

“Vale la pena que dediquemos los recursos necesarios para que las generaciones que vengan conozcan su historia, cuál es su identidad y cómo entenderla”, puntualizó.

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