Temas Especiales

03 de Jun de 2020

Planeta

Batalla por la especie

PANAMÁ. Generalmente, la vencedora en esta lucha es más pequeña que la víctima, tiene dos patas menos y una apariencia mucho menos aterr...

PANAMÁ. Generalmente, la vencedora en esta lucha es más pequeña que la víctima, tiene dos patas menos y una apariencia mucho menos aterradora. Hasta es casi amigable, se podría decir.

La avispa Pepsis hembra (Pepsis limbata) es una gran cazadora de la araña pollito (Grammostola rosea). Desde su nacimiento, ambas están destinadas a ser eternas enemigas.

El duelo que protagonizan la avispa y la araña va contra todo pronóstico. No es la de ocho patas la que arriba en busca de pelea, sino que es la de seis la ‘indefensa’, la que busca pleito. ¿Con qué necesidad? Para mantener el legado de su especie.

El objetivo de la avispa Pepsis es localizar una araña, enfrentarla, inyectarle su neurotoxina y paralizarla, para luego arrastrarla hasta su cueva y depositar sus huevos dentro del cuerpo de su víctima, donde las larvas comerán y se desarrollarán cuando nazcan.

Pero no es un simple duelo, y es aquí lo fascinante del enfrentamiento. Existe sólo un lugar donde la avispa puede clavar su aguja para que el veneno haga su labor, y es en el centro nervioso de la araña, debajo de ésta.

SUENA LA CAMPANA

La velocidad, combinada con una evolucionada estrategia y una poderosa neurotoxina en su aguijón son las fortalezas de la avispa, que espera tranquila en una esquina del ‘ring’ por su adversario de siempre.

En la esquina de la araña, con el doble del peso, mayor alcance y tamaño que el retador, que a su vez es el campeón defensor. Ésta mueve los afilados pelos de las patas y se agiganta levantando sus cuatro patas delanteras buscando intimidar al oponente.

Se inicia el combate. Por lo general es un solo round que dura no más de dos minutos, como máximo.

Mientras la araña pasea tranquila, la avispa, oculta en su cueva bajo tierra, detecta las ondas de las pisadas del arácnido gracias a los sensores en su patas. Inmediatamente, la avispa sale a la superficie para pactar el combate.

Sin otra opción, la araña queda paralizada en el centro del imaginario ring, volviéndose el epicentro del círculo que la avispa dibuja amenazante. Para la araña, la suerte está echada.

Buscando el flanco débil de su rival, la avispa lanza fugaces ataques y se retira rápidamente, pero no deja de atacar. La araña solo se defiende en el centro, como un boxeador cansado.

Tras el agonizante minuto y medio de pelea para la araña, la avispa saca la carta sorpresa. Se acuesta con sus alas en el suelo, simulando la derrota y, rápidamente, clava su aguja en el objetivo. La araña se paraliza lentamente. Las futuras larvas de la avispa tienen un hogar.