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26 de Nov de 2020

Planeta

Tomate, ají y culantro del patio de la casa a la mesa

PANAMÁ. El precio de los alimentos sigue subiendo alrededor del mundo. La construcción de huertos urbanos es una alternativa para paliar...

PANAMÁ. El precio de los alimentos sigue subiendo alrededor del mundo. La construcción de huertos urbanos es una alternativa para paliar el impacto, piensa Anette Palma, una de los ganadores del premio de Medio Ambiente Ford Company 2010.

La idea no está alejada de la realidad. Los huertos han estado presentes en la vida de los humanos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el 40% de los alimentos que consumía el pueblo de los Estados Unidos era cultivado en los hogares. En la actualidad, en Cuba se practica este tipo de producción casera, pero en la mayoría de los países, estas técnicas agrícolas son parte del pasado. Ahora, las personas recurren al supermercado para adquirir el producto que se necesite en casa, sin tomar en consideración que esta forma de consumo lleva a una producción insostenible.

VOLVER AL PASADO

Pero, las cosas podrían dar un giro de 180°. Los huertos podrían volver a ganar un espacio en la vida cotidiana de las personas para responder a las necesidades alimenticias que se avecinan, dijo Jorge Matsufuji, de la Fundación Guardianes de la Tierra.

Más aún cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha advertido que los precios de los alimentos seguirán subiendo en los próximos años. Aunado a ello, las condiciones climáticas adversas, como consecuencia del calentamiento global, amenazan con seguir afectando la producción de alimentos.

Ante este panorama, para nada alentador, Palma promueve construir ‘Huertos Urbanos con Ingenio (HURBACIN)’. Esta iniciativa busca, a través de métodos orgánicos, producir alimentos saludables para reducir los costos de la canasta básica y, al mismo tiempo, implementar medidas de cultivos amigables con el medio ambiente y reducir el gasto de energía en el proceso de producción, explicó.

Un día mientras ideaba cómo reducir la pobreza en el país, pensó en llevarles a profesores y estudiantes de escuelas primarias y secundarias talleres sobre cómo preparar la tierra para construir un huerto en casa y cómo preparar el abono orgánico para obtener frutos más grandes y saludables en el patio de su casa, dijo.

La iniciativa logró calar muy bien entre los panameños. Actualmente, en dos fases del proyecto se ha capacitado a alrededor de 2 mil 800 personas para construir huertos para autoconsumo, aseguró Palma, que con el mismo propósito conduce el programa ‘Caminando por el huerto de Crisol’, que se transmite en internet.

CÓMO HACERLO

Pero la pregunta del millón es ¿cómo construir un huerto en casa? Sentando en la terraza de su casa, ubicada en la Calle 50, Matsufuji pensó que la piscina malgastaba agua. En lugar de agua, decidió poner tierra. Luego tomó algunas semillas de tomate para secarlas por cuatro días y tras esto las plantó en la piscina. Usaba el agua de arroz, pollo, carne y, por supuesto, la que caía del cielo, para nutrir la plantación. ‘Hay que ahorrar agua y energía’, dice el anciano ambientalista. A los cien días, complacido cosechó enormes tomates y los llevó a su cocina, donde preparó una deliciosa salsa.

Lo primero que hay que buscar cuando se piensa en un huerto casero es el lugar donde cultivar. Se puede colocar en la azotea, balcón y terraza tanques de cinco galones con tierra para sembrar. Las semillas de tomate, ají y culantro se extraen de los alimentos que se consumen, se secan por tres o cuatro días y luego estarán listas para plantarse.

Si quiere abonarlos, use los restos de los vegetales o verduras o, si desea, puede preparar o comprar abono de heces de gallina o vaca, continúa diciendo Matsufuji.

Lo más gratificante es el momento de la cosecha. Cuando puedes tomar de las ramas los tomates y llevarlos a la cocina, comentó el anciano.

Esta forma de cultivo nos acerca a la naturaleza, pero además, nos proporciona hábitos alimenticios más saludables. Es una cultura de alimentación diferente que enseña a valorar la tierra.