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28 de May de 2020

Planeta

Los retos de la transición energética

La eficiencia y cambios en los hábitos de consumo, fundamentales en la ecuación

El calentamiento global es una realidad innegable. Numerosos estudios reflejan las consecuencias cada vez más evidentes del cambio climático. Así, el análisis de los registros de la temperatura media de la superficie de la Tierra nos demuestra que 2015 ha sido el año más cálido del que se tiene constancia. Es más, de los 16 años más calientes jamás registrados, 15 de ellos corresponden al periodo comprendido entre 2001 y 2015.

Si queremos frenar esta tendencia es necesario abordar de manera decidida una transformación del sistema energético global hacia otro cimentado en las energías renovables, la eficiencia energética y el desarrollo sostenible.

El Acuerdo de París, adoptado en diciembre de 2015, ha demostrado que los países poseen la voluntad de alcanzar un futuro sin emisiones. Sin embargo, es necesario transformar esas voluntades en compromisos realistas y con la suficiente ambición como para tener ciertas garantías de cumplimiento de los objetivos marcados en el mencionado acuerdo.

Igual de importante que los compromisos a adoptar, es la definición de una Hoja de Ruta en la que se trasladen, a nivel país, las acciones que a desarrollar para hacer posible la reducción de emisiones marcadas. Sin planificar adecuadamente el camino, es muy difícil que lleguemos a la ambiciosa y necesaria meta que tenemos por delante.

Con el objetivo de generar un espacio de debate, Energía y Sociedad y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid, han celebrado una jornada para reflexionar sobre la transición energética. El secretario de Estado de Energía, D. Alberto Nadal, inició la jornada repasando algunos de los retos a resolver para conseguir una transición energética exitosa. Entre los numerosos temas que se debatieron por los ponentes, hay varios que considero clave. En primer lugar, no podemos permitirnos renunciar a la ambición de un futuro más sostenible. Sin embargo, esa transición no puede ser contemplada como una realidad exclusivamente medioambiental. Para hacer un tránsito realista hacia un nuevo modelo energético, se deben tener en cuenta el impacto que las medidas adoptadas puedan tener sobre la sostenibilidad técnica del sistema -o en otras palabras, la garantía de suministro-, así como para su sostenibilidad económica –es decir, que la factura eléctrica no merme la competitividad de empresas y ciudadanos. A lo que, por cierto, ayudaría que se eliminaran de la tarifa, aquellos componentes no vinculados directamente al suministro eléctrico, como impuestos, primas a las renovables, extrapeninsulares, etc.

Para poder integrar las energías renovables intermitentes en el sistema sin comprometer la seguridad de suministro, es necesario desarrollar una potencia de respaldo capaz de cubrir las necesidades eléctricas de los consumidores en aquellos casos en los que el recurso renovable no esté disponible. En este sentido, el incremento del nivel de interconexión permitiría compartir esa potencia, reduciendo los costes de la integración de las tecnologías renovables y acelerando su despliegue.

CATEDRÁTICO DE TECNOLOGÍA ELECTRÓNICA, POLITÉCNICA DE MADRID