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22 de Apr de 2021

Salud

A contrarreloj Sin tiempo para estar juntos

PANAMÁ. Son muchas las responsabilidades y los quehaceres de un adulto, y poco el tiempo del que se dispone después del trabajo para uno...

PANAMÁ. Son muchas las responsabilidades y los quehaceres de un adulto, y poco el tiempo del que se dispone después del trabajo para uno mismo y para la familia. A menudo, son los hijos quienes pagan las consecuencias de tener unos padres tan atareados y éstos se sienten culpables y tratan de compensar la ausencia dedicándoles el llamado tiempo ‘de calidad’.

‘Este término surgió a raíz del fenómeno en donde ambos padres debían trabajar y esto impedía que los hijos tuvieran más tiempo con ellos, y también porque los horarios de trabajo se hicieron excesivos o los padres comenzaron a estudiar maestrías o a terminar carreras’, explica la psicóloga Lesbia Isabel González. Sin embargo, la experta no considera que lo que este término expresa sea realmente una solución al problema.

Para atender las necesidades de los niños y jóvenes, apunta, es necesario invertir tiempo, especialmente entre los más pequeños, que requieren de ‘la presencia constante’ de sus padres para formarse ‘una personalidad sólida, estable y suficientemente sana’.

Algunas familias tratan de contrarrestar esas ausencias mediante regalos o siendo más laxos en las normas de la familia. ‘Cualquier cosa que se haga para reemplazar la presencia y el tiempo de los padres simplemente no servirá, ya que los juguetes y obsequios tienen tiempo de vida, igual el dinero, los paseos, etc.; o la permisividad en cuanto a su libertad para salir con amigos u otros familiares’, afirma González, quien considera que ‘absolutamente nada’ puede suplantar el lugar de los padres. Ni siquiera los abuelos, sobre los que muchas veces recae la responsabilidad de la educación de los nietos. ‘Ellos son fortalecedores de valores, apoyo moral; pero, bajo ninguna circunstancia, reemplazo de padres ni en cuidado, castigos o amor’, señala la experta.

Tampoco tiene mucho sentido ocupar las tardes del niño con más actividades educativas, ya que necesita descansar. ‘Las actividades después de clase deben ser relajantes, para compartir con otros o con la familia, no para actividades netamente escolares; de requerirse algo de este tipo una vez a la semana es suficiente y de una a tres horas cuando mucho’, apunta González.

La psicóloga llama a la responsabilidad de los padres y señala que hay que tomar en cuenta que ‘cada actividad, conducta y el prestar atención a nuestro hijos implica mucho en su desarrollo’.