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28 de Sep de 2020

Salud

Los tentáculos de la mutilación genital femenina en Colombia

El país busca eliminar la práctica que ha afectado a 200 millones de mujeres en el mundo. Cada 6 de febrero es el Día de la Tolerancia Cero de la MGF

Niña, violencia
Aun sigue sin conocerse el número exacto de víctimas de ablación/mutilación genital femenina.Shutterstock

Se practica casi en secreto en Colombia. La mutilación femenina en el país sudamericano pretende evitar que los genitales de las niñas se conviertan en los de un niño y también se cree que evita la infidelidad. "Por eso solían cortarlas", dijo Irene Guasiruma Rioverde en una entrevista con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) en 2018. "Porque si las cortan, no tendrán ningún placer sexual".

Aunque sigue sin conocerse el número exacto de víctimas de ablación/mutilación genital femenina (MGF) en todo el mundo, al menos 200 millones de mujeres y niñas de entre 15 y 49 años procedentes de 30 países se han visto sometidas a esta práctica, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

De esos 200 millones, más de la mitad vive en tres países: Egipto, Etiopía e Indonesia. Sin embargo, América Latina no escapa de esta dañina costumbre en la que se altera o lesiona los órganos genitales de mujeres y niñas por razones no médicas.

No hay datos fiables, pero se estima que 2 de cada 3 mujeres Emberá, uno de los pueblos indígenas con mayor presencia en Colombia, han sido mutiladas.

La práctica en Colombia salió a la palestra internacional en 2007 cuando dos niñas murieron por infecciones relacionadas con la mutilación en el municipio de Pueblo Rico. Ese mismo año se inicia la lucha a favor de su erradicación ganando el respaldo de la máxima autoridad indígena nacional —la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC)— y de las entidades del Estado.

En 2017, 18 municipios del Valle del Cauca se comprometieron a erradicar la ablación o mutilación genital de sus mujeres. 

"Los Emberá han concluido que la mutilación genital femenina no es propia de la cultura de su pueblo, sino una práctica aprendida que ha pasado de generación en generación bajo creencias erróneas sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres",ONU

"Ya no lo hacemos más aquí", dice Amanda Guasiruma Gaisama, del Valle del Cauca, Colombia. "Los adultos saben que, si se hace aquí y algo le pasa a la niña, hay consecuencias. Sabemos que no es normal e incluso no es parte de la tradición".

Aunque en algunas zonas de Ecuador y Panamá también viven integrantes de la comunidad Emberá, la Unfpa señaló en un comunicado de 2018 que "en Ecuador no existe la práctica".

Kimmi Casamás, miembro de la población Emberá en Panamá, aseguró a La Estrella de Panamá: "Esa práctica jamás se ha realizado entre nosotros". "Desconocemos si las realizan en otros lugares y sus razones pero, reconocemos que es algo peligroso y muy malo no solo para las niñas y mujeres, quienes sufren más, sino para toda la población indígena", agregó.

La ONU ha hecho un llamado para acabar con esta práctica en el Día de la Tolerancia Cero de la MGF, que se celebra cada 6 de febrero. La organización establece que un tercio de los nacimientos que se produzcan en el mundo en los próximos 11 años lo harán en alguno de los 30 países donde se sigue practicando la mutilación genital femenina. 

Si no se logran avances para proteger a las niñas, 68 millones pueden ser sometidas a un acto violento que provoca infecciones, enfermedades, complicaciones durante el parto e incluso la muerte.

Aunque la MGF es ilegal en muchos países, aún se práctica en algunas partes de África, Asia, el Medio Oriente y en otras partes del mundo donde viven poblaciones de inmigrantes que proceden de países donde la práctica es común.

Según la Unicef, la MGF está evolucionando. "En varios países, los médicos calificados ahora ejercen un papel importante en el desempeño de la práctica. Más de 20 millones de mujeres y niñas en solo siete países (Egipto, Sudán, Guinea, Djibouti, Kenia, Yemen y Nigeria) se han sometido a una mutilación genital femenina por parte de un proveedor de atención médica. Asignar un carácter médico a la práctica no la hace más segura, ya que aún así elimina y daña los tejidos sanos y normales e interfiere con las funciones naturales de los cuerpos de las niñas y las mujeres".