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10 de Jul de 2020

Fútbol

¿Baratillo en el Barça?

No es un secreto para nadie. Debido a la pobre gestión administrativa de la junta actual, el Barça está muy urgido de dinero. Necesitan 124 millones antes del 30 de junio, tan solo para llegar con números limpios a fin de temporada

En los últimos 15 años es difícil sustraerse a la calidad de juego que ha producido el F.C. Barcelona.Shutterstock

La liga española está a punto de reiniciarse. Pero los dolores del F.C. Barcelona continúan como si nada hubiera cambiado. Las cuentas no cuadran. La necesidad de dinero se hace apremiante. Por eso, casi todo el plantel azulgrana parece ser prescindible en estos tiempos de turbulencia.

No importa de qué equipo seas hincha. En los últimos 15 años es difícil sustraerse a la calidad de juego que ha producido el F.C. Barcelona. Puede que no ganen siempre, pero si exceptuamos los últimos groseros fracasos en la Champions, su expresión futbolística es digna de la mayor admiración. Por eso es tan doloroso observar cómo una administración torpe, con escasa capacidad de planificación y con un sentido aparatosamente ineficaz del manejo de sus propias finanzas, esté a cargo de un club con una tradición tan digna y cualitativa.

No es un secreto para nadie. Debido a la pobre gestión administrativa de la junta actual, el Barça está muy urgido de dinero. Necesitan 124 millones antes del 30 de junio, tan solo para llegar con números limpios a fin de temporada. De esa cifra, ya se tendría la mitad. Y no estamos contando los 111 millones que cuesta Lautaro Martínez, el joven delantero argentino del Inter, que se ha convertido en la nueva obsesión del presidente José María Bartomeu. La vieja guardia no se toca. Y entre los jóvenes, tampoco se ven amenazados ni De Jong, ni Ter Stegen. Todos los demás son vistos como vendibles o como monedas de cambio en diversos trueques potenciales.

Hace buen tiempo que la política financiera del club está muy por encima de sus necesidades deportivas.

Además, el plantel tiene una sobrecarga de veteranos que no quieren irse sin haber ganado una Champions más. Ellos presionan al club. Se hace evidente que para ellos, todo se reduce a ganar. Y ganar de inmediato. Debido a que el futuro es muy estrecho e incierto, poco se habla de recuperar la magnífica filosofía creada por Cruyff y continuada de manera extraordinaria por Pep Guardiola. Se trata de obtener resultados de inmediato.

Y en medio de esta incomodísima situación, surge un nuevo nombre con insistencia machacona: Pjanic. Uno podría preguntarse, para qué necesita el Barça un mediocampista de 30 años, cuando su plantel abunda en esa posición. La respuesta es muy simple: no lo necesita. Pero como es posible que en medio de los mil cambalaches que se barajan y especulan, pierdan a Rakitic, Arturo Vidal, Carles Aleñá (o incluso a los tres), previsoramente ya comenzaron a cuidarse las espaldas en un operativo logístico de cierta incoherencia. Cuando hablo de cambalaches, no exagero. Mira esta propuesta, por ejemplo. El Barça pretende enviar a Nelson Semedo al Manchester City a cambio de Joao Cancelo, para luego ofrecer a Cancelo al Inter como moneda de cambio en el trato por Lautaro Martínez.

Uno podría preguntarse por Ousmane Dembelé y Antoine Griezmann, pero es muy difícil situarlos en el mercado. Dembelé por su proclividad a lesionarse cada cinco minutos y Griezman por la pobreza de su rendimiento durante su breve estancia en Barcelona. Pero Griezman no parece tener culpa de ello. Uno también podría preguntarse las razones por las que Bartomeu insistió en llevar obsesivamente al atacante francés al Barcelona. Lo digo porque Griezman juega muchísimo más cómodo en un sistema que utilice dos atacantes. Y el Barça trabaja con tres, lo cual obliga a Griezman a jugar más estancado en uno de los dos extremos, donde su eficacia no es la misma. Por esto, el Barça está dispuesto a escuchar alguna buena oferta por el francés. Digamos, unos 120 millones. ¿Algún interesado? Por ahora no. Estamos inaugurando un mercado deprimido, en el que todas las partes requieren de mucha mesura y cautela a la hora de hacer negocios. El caso de Dembelé es parecido. ¿Quién se va a arriesgar por un jugador que pasa más tiempo en la enfermería que en las canchas? ¿Cuánto dinero podrían sacar de su venta? Consideremos que en 2017 el Barcelona pagó 105 millones, una cantidad casi imposible de recuperar.

Pero quizás el caso más significativo de los prescindibles es Philippe Coutinho, actualmente a préstamo en el Bayern Munich y sin jugar por estar aquejado de una lesión. El Bayern ha decidido no ejercer su opción de compra y si bien existen ofertas de varios clubes de la Premier League, ninguna se acerca a la suma que el Barça desembolsó por el atacante brasileño.

En días recientes, Albert Perrin, posible candidato a las elecciones del Barça en 2021, resumió los sentires y temores de muchos aficionados con estas palabras: “El futuro del club me asusta mucho. Son demasiadas las cosas que se han hecho mal en los últimos tiempos”. Desde que Bartomeu asumió la presidencia en 2014, 36 jugadores llegaron al club a un costo de un billón de euros.

Obviamente, Bartomeu y su directiva no son responsables por las lesiones de algunas de sus estrellas. Pero sí deberían responder por fichajes que parecen responder más a caprichos personales que a genuinas necesidades deportivas. Un ejemplo claro es Coutinho, el fichaje más caro en la historia del Barça, quien jamás encontró una posición para desenvolverse con comodidad.

Otro caso extraño es el de Arthur. Un mediocampista talentoso que llegó como posible reemplazo de Xavi, y al que hoy se ofrece al mejor postor como moneda de cambio. Puede ser que Arthur no haya tenido un rendimiento esplendoroso, pero resulta absurdo desprenderse de él debido a su gigantesco potencial y juventud.

Quizás estés pensando que semejante crisis financiera no se corresponde con las cifras de una de las instituciones deportivas más ricas del mundo. Es verdad. Pero así como el F.C. Barcelona hace plata de manera inagotable, igualmente la gasta a manos llenas.

La situación está muy complicada. Es realmente difícil que llegue Lautaro Martínez. Y ni pienses en Neymar. Hace pocas semanas y desafiando la inevitable caída del mercado que trajo consigo la pandemia, la meta era llevar al Barça a ambos delanteros. Hoy suena a una fantasía fronteriza con el delirio. Un delirio en el que solo cree Bartomeu, junto a sus más fieles, ineficaces y oscuros escuderos.