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- 25/03/2026 00:00
La séptima edición reflejó el crecimiento global que venía teniendo el torneo, dejando hechos y personajes novedosos. En la prensa panameña fue el primer mundial en el que, aparte de consignar información escrita, se publicaron las primeras fotografías de la competición. La Estrella de Panamá dedicó prácticamente toda la página dieciséis, el miércoles 30 de mayo 1962, a la inauguración que acontecía ese mismo día, salvo en un pequeño espacio en el que se incluía detalles sobre la liga de béisbol estadounidense.
Encabezaba la página un titular a siete columnas: El presidente Alessandri pone hoy en marcha el torneo Mundial de Fútbol, acompañado con una foto del Estadio Nacional de Santiago desde donde el presidente de Chile, Jorge Alessandri, inauguraría la Copa dando la bienvenida con el encuentro Chile-Suiza, agregando en la página una segunda foto, la del Trofeo Jules Rimet.
Los chilenos habían obtenido la sede en el congreso de la FIFA celebrado en Lisboa en 1956, pujando contra Argentina que se ha había vuelto a candidatizar con un slogan sugerente: “Podemos hacer el mundial mañana mismo. Lo tenemos todo”. El hecho de contar con infraestructura hotelera, estadios, una afición masificada, etc, era un plus, aunque se sabía también que contaban con una afición violenta. Carlos Dittborn, el presidente de la federación chilena replicaría con una elocuente intervención señalando, entre otros aspectos, el espíritu del torneo de impulsar el fútbol en países con poco desarrollo de este deporte. Una frase le haría célebre: “Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”.
Ganarían claramente y cumplirían sobreponiéndose a las dificultades ocasionadas por el terremoto que padecieron dos años antes, 21 de mayo de 1960, y que les obligó a reducir las ciudades sedes a solo cuatro: Santiago, Viña del Mar, Arica y Rancagua. Dittborn no vería realizado su sueño al fallecer un mes antes de la Copa.
16 selecciones quedaron dividas en cuatro grupos de cuatro equipos, clasificando las dos primeras a cuartos de final y ante el empate en puntos se definía, por primera ocasión, por gol de diferencia. Colombia y Bulgaria eran los países debutantes. En Chile creció un ambiente positivo de que iban a ser protagonistas deportivos. Derrotaron 3-1 a Suiza en el partido inaugural del grupo 2. Una jornada en la que también se impuso Uruguay 2-1 sobre Colombia en el grupo 1; Brasil 2-0 ante México en el grupo 3, con un gol de Pelé considerado entre los mejores del campeonato en el que regateó a cuatro jugadores. Mientras en el grupo 4, Argentina superaba 1-0 a Bulgaria.
La segunda fecha en los grupos, el encuentro Chile-Italia, cargado con una carga emotiva de resentimiento chileno hacia los italianos, quedará al final marcada como uno de los partidos más violentos de los mundiales. De allí el calificativo, La Batalla de Santiago. Sin embargo, no fue el único partido con rasgos violentos.
Resulta que semanas antes del campeonato, los periodistas italianos Antonio Ghirelli, en el Corrierre della Sera, y Corrado Pizzinelli, en il Resto del Carlino, habían visitado Santiago de Chile y escribieron unas crónicas ofensivas que harían eco en los medios de comunicación chilenos. Pizzinelli había escrito descripciones hirientes como ésta sobre Santiago, calificándola como “el triste símbolo de uno de los países subdesarrollados del mundo, golpeado por todos los males posibles: desnutrición, prostitución, analfabetismo, alcoholismo, miseria”.
Al partido se llegó con el orgullo nacional herido y los ánimos caldeados, la selección italiana quiso bajarle el tono ingresando al campo de juego lanzando claveles al público, pero no mermó la antipatía hacia ellos. Fue un partido violento desde el inicio. La policía ingresó varias veces al campo de juego para contener las agresiones. El árbitro inglés, Ken Aston, expulsaría a dos jugadores italianos. Chile ganaría 2-0. Aston diría después: “No he arbitrado un partido de fútbol, era un conflicto militar”.
En esa segunda fecha Brasil empataría 0-0 con Checoslovaquia; al inesperado resultado se le sumaría el hecho trascendente de que Pelé terminaría resentido de una lesión que arrastraba y diría adiós al mundial. Argentina perdería 3-1 con Inglaterra y Colombia empataría 4-4 con la Unión Soviética. El segundo gol colombiano lo lograría Marcos Coll, sería un gol olímpico, el único que se ha anotado hasta el momento en los mundiales.
Solo Brasil y Chile avanzarían por América a los cuartos de final. La ausencia obligada de Pelé en Brasil le abrió la puerta al suplente Amarildo y le permitió a Manuel Francisco dos Santos, ‘Garrincha’, desplegar todo su potencial convirtiéndose en el eje conductor de Brasil, mostrándose como un jugador completo que había sumado a su desequilibrante regate, la pegada a media distancia con ambos pies, además de potencia área como cabeceador.
La selección estaba conducida por el entrenador Aymore Moreira, quien había asumido el cargo ante la renuncia de Vicente Feola debido a problemas de salud, y mantuvo a la mayoría de los que habían ganado cuatro años atrás el mundial. Salvo el obligado cambio por la lesión de Pelé y las dos novedades en la defensa, con los centrales Zozimo y Mauro Ramos, quienes habían formado parte del equipo de 1958 sin haber jugado.
El fútbol había cambiado volviéndose más defensivo. Moreira modificó el 4-2-4 presentado en Suecia a un 4-3-3, aunque nunca renunció al fútbol vistoso y a que sus laterales Nilton Santos y Djalma Santos se incorporaban al ataque.
Garrincha sería determinante con su juego para pasar de primeros en el grupo, derrotando a España 2-1, con dos goles de Amarildo. En cuartos de final superarían a Inglaterra 3-1 con dos goles suyos. En semifinales contra Chile, en un reñido partido, repitió con otros dos goles en el primer tiempo y Vavá consiguió dos más en el segundo periodo, para vencer a Chile 4-2. Pero en los últimos minutos del juego, en un confuso incidente que no apreció el árbitro central, Garrincha fue expulsado del partido.
Esta situación dejaba a Garrincha sin jugar la final de la Copa contra Checoslovaquia que se había impuesto 3-1 a Yugoslavia en la otra semifinal. Se abrió un verdadero revolú porque el mejor jugador del mundial no disputaría la final ante los europeos, dándoles además una ventaja a los checos ante los suramericanos.
Sobre cómo se resolvió el incidente se apunta que el propio presidente de Chile, Jorge Alessandri, incidió gestionando ante la FIFA para que le permitieran jugar pues las simpatías de los chilenos, a pesar de la derrota, estaban con Brasil. Los dirigentes brasileños también movieron sus influencias y obtuvieron el favor de Sir Stanley Rous, presidente de la FIFA. Para sancionar a Garrincha la FIFA necesitaba revisar el informe del juez de línea uruguayo, Esteban Marino, quien había apreciado el incidente comunicándoselo al árbitro. Este no se presentó pues había abandonado el país. Así que Garrincha jugó la final.
Como en la fase de grupos habían empatado 0-0 con los checos, existía la confianza de que volverían a contener a los brasileños. Los brasileños jugaron la carta psicológica de que Pelé estaba listo para regresar en la final y se dejó ver con la sudadera de Brasil puesta. Así que el 17 de junio de 1962, con un Estadio Nacional de Santiago de Chile repleto, se enfrentaron Brasil y Checoslovaquia.
Josef Masopust puso en ventaja a Checoslovaquia anotando a los 15 minutos, Brasil respondió dos minutos después empatando 1-1 con un gol de Amarildo; con ese resultado parcial se fueron al descanso. El partido se decantaría para Brasil en el segundo tiempo con anotaciones de Zito y Vavá para un definitivo 3-1. Garrincha brilló, fue su mundial. Al igual que el de Amarildo, el único jugador vivo de aquella selección. Brasil retenía el título. Desde ese entonces ninguna otra selección ha logrado consecutivamente ganar el mundial.