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04 de Mar de 2021

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Embajador deportivo de lujo

Cuando el superastro Rod Carew nos visita, no podemos evitar que se hagan presentes en nuestra memoria tantos recuerdos de sus años de g...

Cuando el superastro Rod Carew nos visita, no podemos evitar que se hagan presentes en nuestra memoria tantos recuerdos de sus años de gloria, muchos de los cuales vivimos y disfrutamos con el inmenso orgullo de ser panameño.

Un 10 de julio de hace casi 30 años, visité por primera vez y en compañía de mi amigo Nan Botello, la casa de Rod para compartir un almuerzo en mi honor. Era el día de mi cumpleaños.

Sólo bastó abrir la puerta principal de su casa en Anaheim, California para sentir que entrábamos al hogar de un panameño. La bandera tricolor: su rincón de recuerdos deportivos; pruebas categóricas de sus hazañas y conquistas: diplomas, medallas, trofeos y en la pared siete bates de platino lujosamente encuadrados, la más grande recompensa a su dedicación y amor por el deporte.

Pero la prueba más grande de su panameñidad estaba en el mismo centro de aquella habitación. Una réplica del tren del ferrocarril de Panamá donde vino a este mundo para convertirse en el más grande de los bateadores.

Carew no necesita venir a este país para convencernos de su amor por la patria y su veneración por el suelo que lo vio nacer. Los que tuvimos la dicha de conocerlo hace tanto tiempo, sabemos lo orgulloso que siempre se ha sentido por su condición de panameño.

No voy a mencionar sus récords ni tampoco sus virtudes en el juego. Durante todos los días de su prolongada estadía en grandes ligas, practicó dos horas su bateo antes de ir al estadio. Incluyendo aquel 5 de octubre que jugó su último partido.

Para él no había lanzador de respeto. Ni Jim —el Bagre Hunter— ni su compañero de equipo en Anaheim, Nolan Ryan. No había nadie como Carew en el juego.

En el Juego de las Estrellas de 1991, en el SkyDome de Toronto, tuve el inmenso privilegio de entrevistar al que muchos llaman el más grande bateador en la historia de las Grandes Ligas: Ted Williams, le pregunté lo siguiente: ¿Señor, qué piensa de Rod Carew?, y me contestó The Best One. Y alguna vez, Luis Tiant dijo que la mejor manera de salir de Carew era tirándole 4 bolas malas y ya. No había otro camino. Es que hay que inventar nuevos lanzamientos para dominarlo?”

Saben que Han pasado tantas décadas y nadie todavía, ha encontrado la fórmula que en su momento pudiera silenciar el bate del panameño.

No en vano, Tony Pérez dijo que Carew tenía una brújula para batear y la virtud de colocar el batazo donde quería. Y ninguno se equivocó. Carew se ve tan en buenas condiciones que todavía podría batear para 300. Y enseñar a muchos jóvenes panameños que sueñan ser como él. Hoy lo despido como incomparable amigo y ojalá le haga caso a Rhonda, su esposa, que ayer en la mañana le dijo: “?. Quiero casa en Panamá?”