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05 de Apr de 2020

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Se fue uno de los grandes latinos

Al momento de redactar estas breves líneas de tributo a uno de los grandes boxeadores nacidos en América Latina, aún me siento conmovido...

Al momento de redactar estas breves líneas de tributo a uno de los grandes boxeadores nacidos en América Latina, aún me siento conmovido por la terrible noticia de su muerte. Me esfuerzo por mantener el equilibrio y no sucumbir ante la consternación que significa la trágica partida de un ídolo que me distinguió con su amistad.

Yo tendría apenas trece años cuando lo vi por primera vez. La Pensión Santa Ana, propiedad de mi difunto padre, estaba atestada de nicaragüenses que habían viajado a Panamá para apoyar a Alexis en su pelea titular de febrero de 1974 ante Ernesto “Ñato” Marcel.

Fui uno de los miles que vio a Marcel triunfar por decisión en aquel épico combate, luego de sufrir en el noveno asalto, cuando parecía que se nos iba la corona. Al día siguiente vi a decenas de nicas abandonar la Pensión de Don Julio sin un centavo en el bolsillo, porque lo habían apostado todo al “Flaco Explosivo”.

Ese mismo año, tras el retiro de Marcel, Alexis tuvo una nueva oportunidad, ante otro grande del pugilismo latino, el mexicano Rubén Olivares. El “Púas” lo superaba con maestría, hasta que Alexis lo “enganchó” en el asalto trece y cambió para siempre la historia del pugilismo de la tierra de los lagos.

De ahí en adelante vendrían los triunfos que lo hicieron inmortal, consagrándose titular en los plumas, superplumas y ligeros. Nunca perdió un campeonato. Los abandonaba para subir de categoría, y estuvo a punto de ser el primer boxeador latino en alcanzar fajas en cuatro divisiones, sueño truncado en sus dos encuentros con Aaron Pryor.

En el ejercicio de mi carrera como cronista de boxeo coincidí en innumerables ocasiones con Alexis, y bromeaba con él por la envidiable condición física que mostraba, aún cuando para nadie era un secreto que enfrentaba rivales temibles como la drogadicción y el alcoholismo.

Aprendí a admirarlo por su don de gente, por su carácter siempre jovial y por esa humildad pocas veces vista en muchas celebridades. Cuando alguien intentaba compararlo con Roberto Durán y argumentaban sobre el posible resultado que se hubiese dado en un choque entre ellos, decía “Están locos.. cómo se les ocurre. El Cholo me hubiese matado”.

Cada vez que lo veía me preguntaba por el “Mano de Piedra”, por el “Ñato” Marcel y por Juan Carlos Tapia, a quienes apreciaba en modo superlativo.

Lamento su muerte, y les confieso que me es difícil contener una lágrima por su partida, pero más me entristece las circunstancias que lo llevaron a tomar tan terrible decisión. Él, que fue tan valiente, finalmente le entregó su vida al suicidio, en un resultado que nadie pudo anticipar y que nos hace suponer las terribles tribulaciones que lo llevaron a “tirar la toalla”. Paz a tu alma, Alexis.