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27 de Nov de 2020

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¿Cuál es la nueva apuesta para el deporte de nuestro país?

Tomando en cuenta Río 2016, vale tomar el asunto como un tema de Estado, con seriedad en inversiones para infraestructuras

Frente a mí, en la zona mixta de prensa de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Carolena Cartens lucía abatida, triste, desconsolada.

Una imagen similar dejaba ver Eileen Grench, quien buscaba respuestas a su pérdida ante la estadounidense Mariel Zagunis, quedando eliminada de la competencia de sable.

Atheyna Bylon mandó sobre el entarimado en Rionegro; pero solo un juez lo vio así. Los otros dos, después de un veredicto de tablas, inclinaron la balanza en favor de la brasileña Andreia Bandeira. Bylon lloró intensamente, no pronunció palabras y alejó presa de la frustración y el desconsuelo.

David Muñoz se quejó de no tener un arma adecuada para competir; la falta de una reglamentación para la importación con fines netamente deportivos le ha dejado atrás.

Las cosas dichas acerca de la participación del deporte panameño en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro nos llevan a meditar sobre algunos hechos ciertos.

Entre 1948 y 2008, hay un bache de 60 años sin nada que celebrar a nivel olímpico para Panamá.

¿Fue un período lleno de fracasos? ¿Acaso la dirigencia de entonces no hacía nada por el deporte del país? ¿Eran fracasados esos atletas y esos dirigentes?

No es posible cambiar la historia. Panamá llevó una delegación única este 2016; y vista desde todo punto de vista, se trató de una embajada distinta y diferente.

Siete deportes presentes (récord); seis mujeres en competencia (récord); una boxeadora (primera vez), una gimnasta (primera vez) y un maratonista (primera vez) son eventos alentadores dentro de nuestro deporte.

¿Ninguno se destacó? ¿Tenían que traer una medalla cada uno de los atletas que acudieron a estos juegos? ¿Era una obligación?

Eileen Coparropa acudió a tres olimpiadas. También lo hizo Ildefonso Lee. Ninguno de ellos trajo siquiera un certificado de finalista. Tampoco lo hizo la selección nacional de baloncesto en 1968, con Davis Peralta como campeón anotador. Tampoco lo hizo el corredor Donaldo Arza, en 1972, el pesista José Díaz, en 1984, o la esgrimista Jessica Jiménez, en 2008.

Irving Saladino compitió en los Juegos Olímpicos de 2004, llegando en el puesto número 36, con un brinco de 7.42 metros.

¿Habría que catalogarlo entonces como un fracasado por eso?

Cuatro años después, se colgó la única medalla de oro para Panamá en Juegos Olímpicos. En 2012, Saladino ni siquiera tuvo un salto válido. ¿Volvió al nivel de fracasado?

Por cierto, de aquellos juegos hace cuatro años poco se supo periodísticamente, pues no se acreditó a un verdadero periodista para la cobertura por parte del Comité Olímpico de Panamá. Lo que se supo, fue a través de las agencias internacionales. En esos años, las redes sociales aún no alcanzaban el desarrollo que tenemos hoy en día.

El deporte es así, en cualquier nivel competitivo, desde el más básico, hasta el más sofisticado. En la máxima categoría, los Juegos Olímpicos, nadie quiere perder. Todos llegan para dar su mejor esfuerzo.

Un detalle más. Tres de los atletas que acudieron a Londres en 2012, estuvieron cuatro años después en Río de Janeiro. ¿Alguien se atrevería a llamarlos fracasados, o calificar igual a sus dirigentes por las actuaciones de este año?

RESPONSABILIDADES

En el Foro del Deporte celebrado el pasado mes de junio por la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas (APEDE), se planteó el escenario que enfrenta el deporte panameño actualmente.

Nuestros principales escenarios siguen siendo los que se construyeron para los Undécimos Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1970, no existen instalaciones propias para el atletismo, único deporte que le ha dado medallas y certificados olímpicos a nuestro país.

Tampoco existe un gimnasio exclusivo para la lucha, el judo, y otros deportes de combate; el baloncesto comparte el tabloncillo que se utilizó para el Centrobásquet y el Torneo de Las Américas con prácticas de futsal.

El estadio Rommel Fernández queda vedado a cualquier deporte, cada vez que juega la selección nacional de fútbol.

COMPARACIONES

Panamá invirtió 239 mil 627 dólares con 56 centavos en preparación de atletas para los Juegos Olímpicos de Río. Costa Rica invirtió dos millones de dólares para el mismo propósito.

Panamá trajo un diploma olímpico. Costa Rica no. El país que más dinero invirtió en sus atletas en Centroamerica para estos juegos fue Guatemala. Tampoco logró nada.

Tanto ticos como chapines tienen coliseos para práctica exclusiva de algunos deportes, lo que no sucede en nuestro país, pese a ser mucho más fuerte en su economía.

¿DÓNDE ESTAMOS AHORA?

Justamente, en el punto de partida. El nuevo Ciclo Olímpico comenzará para nuestro deporte el 3 de diciembre de 2017, cuando se celebren los Undécimo Juegos Centroamericanos en Managua, Nicaragua.

Es la primera parada del quehacer competitivo que debe llevar el deporte panameño a los Juegos Olímpicos en Tokio, Japón, en el año 2020.

De los diez atletas panameños que acudieron a Río de Janeiro, posiblemente nueve vean acción en esta justa centroamericana.

Un nutrido grupo de nuevos deportistas iniciará un proceso en donde se irán descartando algunos, sumando otros y sosteniéndose los mejores.

En este punto, convendría saber realmente cuál es el compromiso que tenemos con nuestro deporte, sus atletas y los próximos cuatro años de competencias, incluyendo ciclo olímpico, Juegos Bolivarianos, Juegos Odesur, campeonato regionales, continentales y mundiales en cada disciplina.

Es el momento de arriesgar de verdad. La crítica del que se acomoda tras su computadora es fácil, cómoda y no asume riesgos, presentar argumentos al escrutinio público y destruirlos puede ser muy divertido y fácil; pero no ofrece alternativas, ni propuestas, ni nada positivo.

Un compromiso de país, a través de un ‘Pacto por el Deporte', una propuesta ya presentada por la APEDE, y avalada por amplios sectores del deporte nacional, luce como el paso siguiente.

Y darle su espacio al atleta.

La tendencia en el mundo deportivo es que los propios atletas asuman las responsabilidades en la dirección de sus propias disciplinas.

Thomas Bach preside el COI, habiendo sido un laureado esgrimista, con un oro olímpico. Sebastian Coe preside la IAAF, después de una extraordinaria carrera en las pistas, donde ganó medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984.

A nivel local, Jair Peralta, ex seleccionado nacional, es el presidente de la Federación Panameña de Baloncesto. Es notable la forma como está movimiento este deporte, sepultado en el ostracismo por la mala dirigencia.

Irving Saladino dejó saber su aspiración a dirigir la Federación Panameña de Atletismo. Al menos lo sugiere y se atreve a postular el deseo de tomar la riendas del deporte que le ha dado las únicas medallas olímpicas al país.

Todo esto, sin embargo, debe ir unido a una estrategia de Estado respecto al deporte nacional. Es imposible que cada cinco años, la política deportiva cambie y no se enfoque debidamente. Inversiones en nuevas estructuras, cultivar instructores, desarrollar talentos.

Es una apuesta grande, necesaria y con seguridad, capaz de ofrecer resultados positivos en un plazo no muy extendido, siempre y cuando, el compromiso se establezca y se cumpla.

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‘‘Quiero ser dirigente deportivo. Es necesario cambiar todo el método con el cual se trabaja hoy en día el deporte en Panamá. Un atleta le da al país alegría,'.

IRVING SALADINO

ATLETA GANADOR DE MEDALLA DE ORO OLÍMPICA