Lo conocí en 1988. Iniciaba entonces mis andanzas en el periodismo. Toca esa noche cubrir una de esas kilométricas reuniones del Comité Olímpico de Panamá en su oficina de la piscina Adán Gordón.
“Oiga, periodista, ¿puedo ayudarle en algo?” Su amabilidad y amplia sonrisa me dieron confianza para indagar un poco acerca de la complicada metodología de la entidad deportiva. Así nació una amistad, fundada en el respeto, la admiración y el cariño.
Don Carlos A. Vásquez se convirtió en una especie de mentor periodista, fuente fidedigna, referente obligado en temas legales y deportivos. Su sapiensa, agudeza y siempre certera orientación me permitieron escudriñar con éxito los aspectos intrínsecos de la administración deportiva del país, y caminar sin tropiezos por los vericuetos que encierra la legislación de nuestro deporte.
Había mucho que ofrecer en el grueso equipaje de este gran panameño. Su trayectoria y amor por el deporte le llevó a ocupar la silla central del Comité Olímpico de Panamá (COP) entre 1970 y 1974, y a presidir la Federación Panameña de Fútbol.
Pero quizás lo que más me llamó la atención fue la manera como defendía los colores de sus equipos en el softbol. Había que ver a don Carlos trepado en el morrillo en las ligas de Expocomer, tirando para la Asociación de Redactores Deportivos de Colón.. en las ligas del Colegio Nacional de Abogados.. y remando al ejemplar de su preferencia en los eventos hípicos.
Un abogado, con un gran espíritu de lucha, que transmitió a quienes le conocimos esa alegría por la vida, el amor por lo que se hace de manera cotidiana, aquello que nos enriquece el espíritu y que suele convertirse en la diferencia entre hacer las cosas por hacerlas y poner cariño en lo que se hace.
Ese legado también lo dejó a sus descendientes. Enseñanza sin par, incomparable, invaluable y tan propia como la palabra bien dicha, ajena a las estratificaciones del prejuicio y superior a toda maledicencia.
Quiero, con la venia de los lectores de este espacio que dedico al comentario boxístico, exaltar a este gran panameño en su más alta jerarquía. Un amigo, un compañero, pero sobretodo, un deportista y un profesional consumado. Descanse en paz, Carlos A. Vásquez.. tus amigos no te olvidaremos nunca.