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16 de Jan de 2021

Economía

¿Proteccionismo económico?

Un nuevo Bretton Woods? De esta manera algunos líderes mundiales definieron la reunión de los líderes mundiales del G20 en Washington D....

Un nuevo Bretton Woods? De esta manera algunos líderes mundiales definieron la reunión de los líderes mundiales del G20 en Washington D.C. a mediados de noviembre pasado.

“Bretton Woods” hace referencia a la conferencia internacional celebrada en dicha región de New Hampshire en 1944 y que sentó las bases del sistema económico internacional de la posguerra, incluyendo la fundación del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la (extinta) Organización Internacional del Comercio.

Sin embargo, el año pasado también se celebró la efeméride (75 años) de otra conferencia, no menos famosa en su tiempo, a la que la historia ha juzgado de manera bien distinta: la Conferencia Económica Mundial de Londres de 1933.

Dado que dicho aniversario no ocupó las primeras planas de los periódicos, ni fue “lugar común” en los debates radiofónicos, creo que este es un buen sitio para rememorarla.

El mundo de la época mantiene cierto paralelismo (al menos superficialmente) con el actual: una crisis financiera mundial que comienza a mostrar sus terribles consecuencias en la economía real, un presidente norteamericano recién electo que promete un cambio profundo del sistema, un gobierno francés con ciertas tendencias proteccionistas, una conferencia en la que deben tomarse grandes decisiones coordinadas, pero en la que ningún líder parece dispuesto a comprometer sus políticas domésticas, ¿les suena?

La conferencia, a la que asistieron 66 naciones, se cerró con una elegante declaración final que ensalzaba los principios de coordinación y cooperación internacional, pero sin acuerdos en concreto.

Los Estados Unidos no estaban dispuestos a renunciar a su política monetaria estabilizando la paridad del dólar, los franceses no aceptaban rebajar sus aranceles comerciales y en general, ningún país estaba dispuesto a sacrificar sus “recetas domésticas” a favor del “bien común”.

La falta de cooperación internacional agravó aún más la situación de muchos países frente a la Gran Depresión, y probablemente ayudó a cimentar la importancia del nacionalismo económico subyacente a los fascismos europeos. En absoluto quiero afirmar que la conclusión de la conferencia de noviembre sea la misma.

El comunicado final ha definido una agenda de reformas clara y concreta, que nos hace ser optimistas al respecto.No obstante, algunas de las medidas recientes por parte de muchos estados destilan cierto aroma “proteccionista”.

En primer lugar, si bien está claro que las ayudas al sector financiero han sido la medida correcta para garantizar el funcionamiento del sistema, debería garantizarse que las entidades “prudentes” no sean penalizadas frente aquellas que deben ser ahora subsidiadas debido a su mala gestión.

En segundo lugar, las noticias sobre “planes de rescate” a otros sectores (como el automovilístico) pueden iniciar un torrente de ayudas públicas que haga que las empresas que superen este ciclo no sean las más eficientes, sino aquellas que puedan ser “protegidas”. Finalmente, las soluciones de carácter nacional podrían abrir la caja de los truenos del proteccionismo económico.