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26 de Jan de 2021

Economía

Siguen esperando respuesta

PANAMÁ. El reloj sigue corriendo, el deterioro de las plantaciones de la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (Coosem...

PANAMÁ. El reloj sigue corriendo, el deterioro de las plantaciones de la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (Coosemupar) va en aumento.

El Ejecutivo dice que negocia con ocho empresas, pero hasta ahora se desconoce quiénes son, aunque extraoficialmente se habla de una empresa rusa y de uno de los suplidores de la transnacional Del Monte.

Los expertos han advertido que si dentro de un mes las plantaciones no reciben agua empezarán a secarse. Rehabilitar el sistema de riego y efectuar los desvíos tomaría unos 30 días.

Hace cuatro meses recuperar las tres mil héctareas sembradas de banano requería una inversión de cuatro millones de dólares, hoy habría que invertir del doble y tomaría un año concretar este proceso.

Coosemupar cuenta con 2,800 trabajadores, pero en la práctica sólo requiere 1,800. Hay mil trabajadores de más, que al año suman en salario cerca de 4 millones de dólares, esta pesada carga hace aún menos competitiva a la cooperativa.

El empresario bananero y presidente de la Central Azucarera de Alanje S.A, Anel “Bolo” Flores presentó en octubre una propuesta de 32 millones de dólares por el arrendamiento de las tierras por 20 años.

El empresario se comprometió a mantener la producción de banano y utilizar 1,800 hectáreas que están sin uso para la siembra de caña de azúcar, como parte de la expansión del ingenio azucarero. Flores sostiene que el banano sigue siendo un negocio rentable, pero hay que saberlo manejar para mantener la calidad del producto. Algo que no se ha logrado hacer en los últimos años.

El segundo vicepresidente y Canciller, Samuel Lewis Navarro, sostuvo que la debacle, de la actividad, se produjo por decisiones erradas tomadas por la pasada administración.

Pero considera que la producción bananera en Barú “se puede salvar”.

Los trabajadores siguen aguardando respuestas, dejar en la calle a 2,800 trabajadores es tanto como prenderle la mecha a una bomba.

Los trabajadores van a diario a las plantaciones, pero una hora después se retiran a sus casas o se dedican a jugar dominó o pulso, porque no hay insumos para realizar las labores.

Muchos de ellos llevan cuarenta año laborando en la bananera.