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26 de Jan de 2021

Economía

Gastar o no gastar

COLOMBIA. Afrontar una crisis económica es como hacer una dieta porque hay que lidiar, entre otras cosas, con la limitada fuerza de vol...

COLOMBIA. Afrontar una crisis económica es como hacer una dieta porque hay que lidiar, entre otras cosas, con la limitada fuerza de voluntad de los humanos.

Los obesos piensan que no pasará nada si hoy se comen un chocolate, y aunque uno solo no causará diabetes “nuestra cintura es el resultado de miles de este tipo de decisiones”, dice Peter Ubel, profesor de medicina y sicología de la Universidad de Michigan.

En el caso del dinero, el saldo en rojo es el producto de una comprita allí y otra acá y de cuentas mentales alegres.

Lo cierto es que cuando cada uno hace un registro detallado de lo que ingiere o gasta, se da cuenta de que tomar decisiones poco racionales e inconscientes es un problema.

Aunque los economistas creían que al manejar dinero la gente es racional, la economía del comportamiento, que busca entender por qué la gente decide lo que decide al comprar, ha encontrado lo contrario. Tom Harford, autor de los libros El economista camuflado y La lógica de la vida, le dijo a SEMANA que la evidencia muestra que el ser humano sí puede ser muy racional en temas como el divorcio, el sexo o el crimen.

“Pero cuando llega la hora de tomar decisiones financieras con frecuencia comete errores”, porque éstas son muy complicadas y abstractas, y además por falta de práctica.

Por eso concluye que un economista ayudaría a entender un matrimonio pero “para comprender el dinero hay que consultar a un sicólogo”.

No obstante, los expertos señalan que el ciudadano común tiene en sus manos el control de una variable para sortear la crisis: su relación con la plata.

EL PLACER DE COMPRAR

Aunque el dinero es una herramienta útil para conseguir metas, se ha encontrado que los humanos se relacionan con él de manera muy diferente a cualquier otro objeto. Casi siempre se le asocia a emociones fuertes, como alegría, pasión y dolor.

Esto sucede, según los científicos, porque el dinero activa los centros de placer del cerebro, los mismos responsables de las sensaciones reconfortantes que el ser humano experimenta cuando come o tiene relaciones sexuales.

Sin embargo, según Stephen Lea, de la Universidad de Exeter, y Paul Webley, de la Universidad de Londres, el dinero funcionaría de manera similar a la pornografía, que no causa excitación directamente sino al estimular el cerebro.

Desde hace décadas se sabe que los niños ven los billetes más grandes que otros objetos del mismo tamaño. Y recientemente se encontró que en tiempos de inflación sucede algo similar con las personas.

En un experimento hecho por investigadores del Carnegie Mellon en el que se escaneó el cerebro de un grupo de potenciales compradores, quedó demostrado que el proceso de comprar está relacionado con una región del cerebro conocida como Nucleus Accumbens, en la cual existen receptores de dopamina que se activan cuando la gente anticipa algo grato, como ganar dinero o comer algo dulce.

En el proceso también interviene la ínsula, que se estimula cuando las personas huelen algo malo o anticipan un dolor. En la investigación este circuito se activó cuando la gente consideraba que el precio estaba muy alto.

Gracias a estos hallazgos se pudo establecer que “hay una tendencia a experimentar dolor cuando se gasta, situación que es más evidente en los tacaños, quienes no lo hacen ni siquiera cuando lo necesitan”, dice George Loewestein, uno de los investigadores.

También se estableció que los despilfarradores se guían por emociones placenteras, pero al final tanto ellos como los amarrados sufren una gran culpa.

Lo anterior también explica por qué algunos se obsesionan con el dinero al extremo de la adicción, como aquellos multimillonarios que a pesar de haber amasado una gran fortuna, no pueden dejar de acumular más.

No obstante, parece que una manera de evitar ese dolor es gastar con tarjeta de crédito. Varios estudios han concluido que la gente gasta 20% más cuando paga con esos instrumentos o con certificados de regalo, que cuando lo hace en efectivo.

Ello se explica en que mientras más transparente es la transacción, es decir cuando se cancela con billetes, duele más. Las tarjetas de crédito separan el dolor de pagar del placer de comprar, con lo cual acaban con las buenas intenciones de ahorro. Añadir una compra de 200 dólares a una tarjeta cuya deuda ya va en 2,000 no parece tan extravagante como pagar en efectivo esa suma por un almuerzo. Incluso se ha demostrado que la gente que paga con tarjeta de crédito tiene más problemas para recordar lo que ha gastado. “Deberían ser ilegales”, dice Loewestein.

RECOMENDACIONES

No comprar deprimido, apuntar cada gasto en vez de llevar cuentas mentales, no comprar a crédito y pensar cuáles son las verdaderas necesidades, son algunos consejos que dan los científicos en estos momentos difíciles.

Así como para hacer una dieta es importante conocer el metabolismo y las calorías que necesita el cuerpo, en tiempos de crisis la sicología asociada al dinero puede ayudar a gastar de forma más inteligente.