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20 de Jan de 2021

Economía

Cambios para mejor

La actual crisis ha servido para valorar los progresos, fortalezas y debilidades de distintas zonas en que se divide el mundo de las lla...

La actual crisis ha servido para valorar los progresos, fortalezas y debilidades de distintas zonas en que se divide el mundo de las llamadas “economías emergentes”. Al comenzar la crisis había un grupo de países que estaba en medio de un “boom” de crédito, financiado principalmente con préstamos externos, por lo que bancos tenían un gran descalce entre la moneda a la que se endeudaban y aquella en la que prestaban dinero a sus clientes.

Además, en esta región, 8 de 10 países tenían déficits simultáneos en sus cuentas fiscales y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. No es de sorprender entonces que este grupo sufra mayor volatilidad en sus monedas, mayores caídas en el crédito y una contracción más profunda de la actividad económica.

Si bien esta descripción calza muy bien con la realidad de los países de América Latina a comienzos de los 80, cuando se produjo la “Crisis de la Deuda” que dio origen a la “década perdida” para la región, ella en realidad corresponde a la de países de Europa Emergente, región que incluye desde las pequeñas repúblicas bálticas hasta Rusia por el oriente y a Turquía por el sur.

La caída del PIB en esta región ha casi duplicado a la de América Latina en los primeros meses de 2009 y, a diferencia de América Latina, una parte muy importante de su sistema bancario se encuentra en severos problemas. De hecho, las previsiones de crecimiento del Servicio de Estudios de BBVA para el período 2010 - 2012 apuntan a sólo 1.5% para Europa Emergente, lo que representa menos de la mitad de lo que se espera para América Latina (3.6%) en el período de recuperación postcrisis.

En América Latina se destaca la fortaleza de las finanzas públicas, las elevadas reservas internacionales y los amplios espacios de maniobra de la política monetaria, así como la solidez de los sistemas bancarios. Estos logros son el resultado de mejores políticas económicas, así como de las mejoras institucionales producto de las reformas económicas implantadas después de la Crisis de la Deuda. No es casualidad que las monedas de la región se hayan fortalecido, las primas de riesgo hayan bajado y los precios de las acciones hayan recuperado buena parte de las pérdidas incurridas en el momento de la crisis.

A diferencia de episodios anteriores, la inflación no solo no ha despegado como consecuencia del ajuste, sino que se ha reducido rápidamente a niveles compatibles con las metas de los bancos centrales. En el plano político es destacable que los ajustes económicos no han provocado mayores perturbaciones, e incluso algunos gobiernos que aplicaron políticas muy ortodoxas, han visto aumentar su popularidad.

Por cierto, no todos los países en América Latina han reformado sus economías, ni exhiben los mismos resultados. Todavía hay países muy vulnerables en la región, que además tienen severamente limitado su acceso al crédito internacional. Sin embargo, no cabe duda que cuando se haga el balance global de los efectos de la crisis sobre las distintas regiones del mundo en desarrollo, la visión sobre América Latina va a cambiar, y se va a valorar adecuadamente su mayor fortaleza económica e institucional.