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30 de Oct de 2020

Economía

Mitos de la crisis internacional

A la mitad del mes de agosto, el FMI destinó un fondo para luchar contra la crisis económica en los países emergentes, de 250,000 millon...

A la mitad del mes de agosto, el FMI destinó un fondo para luchar contra la crisis económica en los países emergentes, de 250,000 millones de dólares. Hay que mencionar que este hecho no sucede aislado, sino inscripto en una tendencia de largo plazo, donde los requerimientos para la obtención de préstamos se han relajado.

Justamente, la crisis actual nace en Estados Unidos en parte por una política relajada a la hora de conceder préstamos, los famosos “subprime”. En el pasado, también en Latinoamérica esta política de crédito fácil ha sido aprovechada, especialmente por gobiernos corruptos, que únicamente buscan más dinero para financiar proyectos realizados por sus clientes nacionales. ¿Qué mejor momento para “blindar” las economías emergentes con deudas millonarias, que durante esta espantosa crisis?

Suponer que la política anticíclica en dólares es la única medicina existente, es aceptar una reflexión llana sobre los motivos y fuerzas internas de nuestras economías, que son radicalmente diferentes. El optimismo alrededor del mundo, al igual que el pesimismo más temprano, tiene un significado diferente en la región. En países como Argentina —donde la fuga de capitales gracias a políticas económicas erradas y cambios negativos en las reglas del juego— han golpeado con mayor fuerza que la propia crisis, es obvio que un préstamo no es lo que se necesita.

El antídoto contra esta dependencia de las exportaciones y la inversión extranjera directa que poseemos no es una cuestión únicamente de liquidez. La moraleja para los países desarrollados es completamente distinta a la nuestra. Para empezar, de la misma forma que un monocultivo puede ser afectado por una plaga y sus dueños repentinamente empobrecidos, así mismo la economía de un país no puede estar frágilmente atada a industrias únicas.

El dinamismo que crea la integración regional, es uno de los antídotos en contra de estos movimientos internacionales. Igualmente, mientras en los países desarrollados, se debate sobre los derivados de crédito y los contratos de futuros, en la región se debería estar hablando de crear solidez y agilidad en la base económica diversificada de cada país, con más comercio entre nosotros, y aflojando el proteccionismo.

En caso de que la región ganase fuerza con estas políticas preclaras, el dinero no tendría que irse hasta los mercados de capital del primer mundo para encontrar rédito y seguridad, sino que podría quedarse aquí y generar más riqueza. Cuando invertimos en una política anti cíclica aliviamos a las economías en el corto plazo, de la misma forma que podemos exonerar a las empresas de pagar impuestos para no llevarlas a la quiebra. Pero el largo plazo aquí es un problema social. Ejemplo típico: Muchas empresas exportan productos primarios, que luego son reelaborados en Europa y regresan a nuestro continente. Parece ciencia ficción, pero no estamos lo suficientemente educados para producir lo que necesitamos; esa es la verdadera crisis.