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24 de Oct de 2020

Economía

Río Hato o qué

Desde los albores de la actual administración, hemos pestañeado una intensa labor de cabildeo por actores e intereses plurales para el d...

Desde los albores de la actual administración, hemos pestañeado una intensa labor de cabildeo por actores e intereses plurales para el dedazo en la selección del aparentemente único aeropuerto internacional, en complemento a Tocumen, que será construido durante este gobierno. Desde los argumentos más pueriles hasta el cumplimiento de promesas de campaña nos han llevado a una aparente decisión sin base científica ni técnica, inclinando la selección geográfica por Río Hato.

No patrocinamos ni disentimos de esta opción, pero somos de la opinión, inicialmente, que los limitados recursos estatales deben dedicarse a otros menesteres de mayor relevancia dejando en manos de la empresa privada, y en específico al puñado de empresas globales especializadas en este rubro, la selección geográfica, construcción y mantenimiento de varios nuevos aeropuertos internacionales en Panamá.

El enfoque del gobierno, como estratega del desarrollo económico, no debe ser la construcción de los aeropuertos, sino la licitación para el otorgamiento de licencias para su construcción y administración por el sector privado, concentrándose en la promoción de la infraestructura alrededor de los aeropuertos que sirva como aliciente al turismo internacional, siguiendo las premisas de desarrollo de las zonas de mayor envergadura claramente expuestas en el Plan Maestro de Turismo Sostenible 2007-2020.

Asimilemos, a guisa de ejemplo comparativo, la coyuntura de la República Dominicana, país geográficamente más pequeño y de menor riqueza que Panamá. Ubicado en el corredor de huracanes y afectado por los movimientos telúricos del Caribe, comparte la isla de La Española con Haití, ensanchando así los retos de nuestros hermanos dominicanos en el desarrollo de un turismo de altura.

Durante el segundo de los tres mandatos gubernamentales del presidente Joaquín Balaguer, periodo que perduró una docena de años (1966-1978), se fragua la política visionaria que catapulta el desarrollo de la industria turística quisqueyana. Como secuela, la hermana nación caribeña cuenta en la actualidad con cinco aeropuertos internacionales, todos administrados por la empresa AERODOM en concesión a 30 años, recibiendo 5 millones de turistas anuales generados por las 52 aerolíneas internacionales que vuelan a los diferentes destinos nacionales. En Panamá, comparativamente, recibimos menos de 2 millones de visitantes cuyo desglose incluye viajeros de negocios, marinos en tránsito y otros rubros no especificados, que no son genuinamente turistas.

Con miras al progreso económico integral que permita el pleno florecimiento de todos los rincones del istmo, beneficiando sobremanera los olvidados habitantes de provincias fuera del perímetro capitalino, sería prudente convenir la misma ruta.

Incentivando diferentes destinos nacionales, hasta ahora en el olvido, que bien podrían incluir la joya ecológica del Parque Nacional Darién, patrimonio de la humanidad y nuestro parque de mayor extensión, enclavado en una provincia que dispone del principal establecimiento de pesca deportiva del mundo, Tropic Star Lodge, merece convertirse en importante domicilio ecoturista de cruceros al consumarse el Home Port de Amador en la costa pacífica istmeña y sede de uno de nuestros aeropuertos internacionales.

Colaborando con el impulso pleno al desdeñado Caribe, no solamente urge un aeropuerto internacional sino paralelamente una moderna costanera que brote en la frontera con Kuna Yala, extendiendo en su totalidad la Costa Arriba y Costa Abajo de la provincia de Colón, más allá de Miguel de la Borda, cruzando Belén y Calovébora en Veraguas hasta la frontera con Costa Rica en Sixaola.

Indudablemente, la península de Azuero, repartida entre las provincias de Herrera, Los Santos y Veraguas, sin lugar a duda goza de su particular seducción folclórica que aunada al atractivo de los ecosistemas marinos e insulares del Parque Nacional Coiba, merece nuestra atención como otro importante polo de encanto turístico que amerita su propio aeropuerto internacional. Finalmente, el Valle de la Luna, la altiva provincia chiricana, se ha convertido ya en otro dinámico imán por el frescor de sus tierras altas y sus fértiles tierras negras, lecho de los mejores café del mundo e infinita variedad de frutas y legumbres orgánicas. Faltaría allí impulsar el íntegro desarrollo de sus litorales y agroturismo, como herramientas alternas que aceleren aún mas la potencialidad de su órbita, a través de la modernización del aeropuerto internacional Enrique Malek de su capital, David. Aterrizamos así el cuestionamiento sobre la selección de los mejores sitios para aeródromos internacionales en Panamá, elevando la interrogante a los eruditos en la materia, para que no arrinconen en piloto automático esta importante decisión: ¿Qué viene primero, la gallina o los huevos de oro?