14 de Ago de 2022

Economía

La poderosa victoria de California

Comparada con la revocación de la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA, por sus siglas en inglés), el fallo de la Corte Suprema sobre la ...

Comparada con la revocación de la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA, por sus siglas en inglés), el fallo de la Corte Suprema sobre la Proposición 8 de California presentó más matices. Fue aún una victoria para el matrimonio del mismo sexo pero, para alguna gente, fue más bien un triunfo por una cuestión técnica.

Algunos de los que se oponen al matrimonio del mismo sexo hasta sugirieron que, puesto que el tribunal evadió la pregunta de si la iniciativa de votación era o no constitucional, el fallo en realidad no logró nada. Afirman que los jueces simplemente dejaron el tema para más adelante.

Pero por ser un californiano que apoya el matrimonio gay, pienso que el dictamen marcó un hito. La sensación fue poderosa —y liberadora.

Se sintió que el estado más poblado de la nación finalmente había sido liberado. Los californianos han luchado con el tema del matrimonio gay durante 13 años, en un largo proceso de iniciativas de votación y fallos de tribunales del estado y federales.

En 2000, hubo otra iniciativa de votación —la Proposición 22, que definía el matrimonio como un acto entre un hombre y una mujer. Fue aprobada por el 61% de los electores. Pero la Corte Suprema de California revocó la medida por no concordar con la constitución del estado, que prohíbe la discriminación.

En lugar de aprender a vivir y dejar vivir, los opositores del matrimonio del mismo sexo se pusieron más agresivos y propusieron una iniciativa más osada en 2008. La Proposición 8 llegó hasta proponer una enmienda de la constitución del estado, para prohibir el matrimonio del mismo sexo. Los californianos también aprobaron la nueva medida, aunque por un margen menor —52% contra 48%. Un tribunal federal de distrito la revocó por ser inconstitucional. Parecería que, para ese momento, habría quedado en claro que lo que estos individuos se proponían lograr no calzaba con lo que James Madison había concebido como ‘una unión más perfecta’. Pero se negaron a en tender la indirecta. En lugar de eso, apelaron ante la Corte Suprema.

En California, el apoyo a la Proposición 8 comenzó a erosionarse. En una movida inusitada, el gobernador y la fiscal general se negaron a defenderla en tribunales.

En su fallo 5-4, la Corte Suprema declaró que la parte litigante privada que se ofreció a defender la ley, después de que ésta fuera declarada huérfana por los funcionarios de California, carecía de legitimidad en la causa.

Horas después de anunciarse el fallo, el gobernador de California, Jerry Brown y la Fiscal General, Kamala Harris, actuaron rápidamente para declarar que todos los organismos deben tratar la Proposición 8 como invalidada y dieron indicios de que las parejas gay y lesbianas pronto podrán obtener licencias de matrimonio.

El fallo del tribunal sobre la Proposición 8 tuvo un efecto poderoso, porque mientras DOMA estaba envuelta en un manto de grandes conceptos burocráticos y argumentos sobre los derechos de los estados, definiciones contradictorias del matrimonio, etc., la Proposición 8 era un ejemplo de discriminación pura, desenfrenada y flagrante. Era lo más descarada posible. Separaba a un grupo de gente que, por lo demás, cumplía con todas las condiciones para casarse y declaraba que ese grupo no tenía los mismos derechos que todos los demás.

¿Cómo podía cualquier estadounidense apoyar esa idea?

Por supuesto, no es tan simple. Mucha gente cree, efectivamente, que el matrimonio es entre un hombre y una mujer —punto— y eso no cambiará aunque la Corte Suprema diga lo que diga.

Aún así, las actitudes de la población se han modificado. En febrero, una encuesta Field halló que la mayoría de los electores californianos —el 61%— aprueba ahora el matrimonio del mismo sexo. Si algún día surge otra iniciativa del tipo Proposición 8, lo probable es que no sobreviva para llegar a los tribunales. Perderá el Día de las Elecciones. Parece que más individuos han descubierto su sentido de justicia y su respeto por la equidad.

Mientras tanto, los que disintieron fueron liderados por el juez Anthony Kennedy, natural de California, a quien inquietó que el tribunal estuviera obstaculizando el derecho del pueblo a ‘gobernarse a sí mismo’ mediante referendos y el proceso de las iniciativas de votación.

No tan rápido. Junto con el poder, viene la responsabilidad. El pueblo puede autogobernarse todo lo que quiera. Pero aún debe transitar por la misma línea que deben transitar las legislaturas de los estados y el Congreso —y evitar pisotear los derechos de sus compatriotas o violar la Constitución. Y si no lo hacen, los tribunales deben ir a su rescate. Así ha sucedido en el curso de la Historia estadounidense.

Y eso me recuerda. Tras un día histórico y emotivo, un amigo me preguntó por qué estaba yo tan contento.

‘Nací en 1967’, le expliqué. ‘Siempre sentí que, porque nací demasiado tarde, me perdí el primer movimiento de los derechos civiles. Estoy realmente contento de tener la oportunidad de ver éste’ .

LA COLUMNA DE RUBÉN NAVARRETE