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26 de Jan de 2021

Economía

Personajes que nunca faltan en un ambiente de trabajo

La clasificación no implica que debamos poner una etiqueta determinada a cada uno de los miembros de nuestro equipo

En un ambiente laboral, hay todo tipo de conductas propias del recurso humano que tienen que ser manejadas por el gerente, el encargado de departamento o hasta por el dueño del negocio.

Las distintas personalidades deben ser manejadas adecuadamente y con profesionalismo para no crear un caos en el entorno laboral ni perjudicar el negocio.

A continuación, algunos posibles tipos de personas ‘negativas’ de los integrantes de nuestro equipo de trabajo y cómo enfrentarlas de forma positiva para nuestra organización.

La clasificación no implica que debamos poner una etiqueta determinada a cada uno de los miembros de nuestro equipo, pero puede ayudarnos a identificar las características y actitudes que se pueden presentar en un momento dado y ante determinadas situaciones en ellos.

EL PREGUNTÓN

Lo que hace: Una de dos, o nos quiere hacer quedar mal o quiere conocer siempre nuestra opinión, procurando conseguir que apoyemos su punto de vista.

Lo que debemos hacer: Traspasar sus preguntas al grupo, sin resolver personalmente los problemas y sin tomar partido.

EL BUSCA PROBLEMAS

Lo que hace: Parece como que le gusta herir a los demás o incluso puede que tenga motivos legítimos para quejarse.

Lo que debemos hacer: No perder la calma. En ese caso, procuraremos que el grupo le ignore momentáneamente y le diremos que estudiaremos su problema más tarde y en privado. Suele valer la excusa de la limitación del tiempo de reunión.

EL NEGATIVO

Lo que hace: Le encanta discutir porque sí, le place oponerse a todo y a todos; a veces, a pesar de tener buen carácter, está fuera de sí por culpa de ciertas preocupaciones personales.

Lo que debemos hacer: Debemos procurar resaltar lo positivo de sus intervenciones y después, cambiar de tema. No debemos dejarnos desmontar por su negatividad.

EL SABELOTODO

Lo que hace: Quiere imponer su opinión a todos. Puede que esté realmente bien informado o puede ser un simple charlatán.

Lo que debemos hacer: Pararle los pies con preguntas difíciles. Reforzar la confianza del grupo para que no se deje imponer por este tipo de participante, por ejemplo, preguntando al grupo: ‘aquí tenemos un punto de vista interesante: ¿qué piensas al respecto?’.

EL MUDO

Lo que hace: Parece desinteresado de todo. Puede que se sienta por encima o por debajo de los temas.

Lo que debemos hacer: Intentar despertar su interés, preguntándole su opinión sobre un punto que sepamos que él conoce. Debemos demostrar que respetamos su experiencia sin exagerar y haciendo entender al grupo nuestra intención o explicando mejor aquello que él no entiende.

EL COLABORADOR

Lo que hace: Siempre se muestra dispuesto a ayudarnos. Muestra seguridad en sí mismo y convencimiento.

Lo que debemos hacer: Utilizarlo a menudo, facilitando que aporte su contribución, ya que es una valiosa ayuda durante las discusiones. No olvidemos mostrar nuestro agradecimiento.

EL DISTRAÍDO

Lo que hace: Está ‘en la luna’. Distrae a los demás, hablando del tema o de cualquier otra cosa.

Lo que debemos hacer: Cuestionarlo con alguna pregunta fácil y directa, iniciándola por su nombre. Repetir la última idea expresada en el grupo y pedirle su opinión al respecto.

Para la psicóloga laboral Nicosia Rivas, nuestra capacidad de liderazgo será mayor en la medida en que sepamos identificar y minimizar las causas que provocan tensiones en nuestro equipo de trabajo.

Podemos dirigir nuestra empresa con autoridad y por ‘ordeno y mando’ y puede incluso, que así sea más fácil. Pero la comunicación, el compromiso, el apoyo, la imaginación, la confianza, la motivación, la creatividad, la calidad de servicio, la flexibilidad y la emoción, no se pueden establecer por decreto. Y la inteligencia, por sí sola, no sirve de mucho, aclaró la experta.

Según consejos de Rivas, todo gerente o dueño de una empresa debe tomar en cuenta ciertas obligaciones como: Ser conscientes de nuestras emociones para poder modificar nuestros estados de ánimo desfavorables y cuidar nuestra autoestima; mantener nuestro equilibrio anímico; transmitir motivación; controlar nuestros impulsos y cuidar nuestra sociabilidad y empatía.

Con estas puestas en práctica, según Rivas, todo será mejor para el empleado y para el empleador.