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30 de Mar de 2020

Economía

La informalidad en Panamá: un nuevo enfoque

Los programas sociales, más allá de que sean justos o no, contribuyen a incentivar este fenómeno

Este artículo ofrece un enfoque diferente pero retador de las causas de la informalidad laboral en Panamá y de sus posibles soluciones. Como punto de partida, la informalidad esencialmente surge cuando los trabajadores se ven obligados a ganarse la vida de forma no asalariada a través de actividades que no se registran oficialmente ni pagan tributos. Pero también responde a que muchos ciudadanos prefieren ser empresarios con sus microempresas para ejercer su propia iniciativa

Contrario a esto, la formalidad ocurre cuando los trabajadores reciben una serie de beneficios que incluyen por ejemplo seguro social, protección contra riesgos profesionales, así como un programa de pensiones, y por supuesto los correspondientes salarios e indemnizaciones varias. Estos beneficios son los que se definen como ‘contributivos', y se basan en las contribuciones tanto del patrono como de los trabajadores.

Por su lado, los llamados auto-empleados o informales carecen de acceso a estos beneficios. No obstante, los informales reciben un conjunto de beneficios por conceptos ‘no contributivos', que son financiados a través de los impuestos generales, que incluyen transferencias y subsidios a través de por ejemplo programas de educación, salud y viviendas, entre otros. Un ejemplo específico en el caso de Panamá es ‘125 a los 65' que se otorga a aquellos individuos que no gozan de una pensión.

Estos programas sociales, más allá de que sean justos o no, en gran medida pueden lamentablemente incentivar la informalidad, en tanto que constituyen un sustituto del ingreso y otros beneficios que obtendría el trabajador en el mercado formal.

Contrario a esto, como se dijo, en el mercado formal los beneficios son financiados mediante contribuciones que pagan tanto las empresas privadas como los propios trabajadores. Desafortunadamente, algunos de estos ‘beneficios' presentan una calidad que no es necesariamente óptima lo cual hace que los mismos se traduzcan en parte en una especie de ‘impuesto' al trabajo y a la formalidad si se quiere.

Por ende, el valor que se ven obligado a pagar por los mismos empresarios y trabajadores no corresponde al valor que realmente deberían tener dicho servicio en un mercado competitivo lo cual, como se ha dicho, constituye en la práctica un desincentivo al trabajo formal. Lo anterior provoca que aumente la propensión tanto del empresario como del trabajador a evadir el pago de estos ‘impuestos'.

Visto en perspectiva integral tenemos una situación dicotómica, una especie de círculo vicioso según Santiago Levy, investigador Mexicano, ya que por un lado estamos incentivando la informalidad y a la vez desincentivando la formalidad en virtud de estos ‘impuestos'. Mejorar estas condiciones requeriría una revisión profunda de diversos cuellos de botella lo que implicaría entre otros ir reduciendo paulatinamente en Panamá los programas no contributivos y sustituyendo estos por programas de transferencia condicionada (como Red de Oportunidades).

Por otra parte se requiere un sensible mejoramiento de la calidad de las redes de protección social, que ofrecen entidades como la Caja de Seguro Social a efectos de aumentar el valor de mercado (calidad) de por ejemplo los programas de pensión, de protección médica y de riesgos profesionales entre otros.

Resultaría fundamental un ajuste del código laboral a efectos de aumentar el atractivo de contratar mano de obra formal, y mejor así consiguientemente la productividad y la competitividad del mercado laboral.

Para concluir, es esencial flexibilizar las leyes y las normas fiscales que en ocasiones dificultan a los informales, auto-empleados y microempresarios a entrar en la formalidad. Además, hay que concientizar a los ciudadanos las bondades que implica ser formal como el acceso al crédito, contar registros contables, seguridad social entre otros.

Se trata de grandes desafíos que, más que técnicos, son de carácter cultural y político pero cuya instrumentación sin duda colocarían al país en el sendero de un sostenido e incluyente crecimiento y desarrollo.

ANALISTA DEL CENTRO NACIONAL DE COMPETITIVIDAD