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24 de Nov de 2020

Economía

La vieja Fed está muerta

En el último diciembre, la Reserva Federal de Estados Unidos aumentó sus tasas en un cuarto de un punto porcentual. No ha hecho nada más desde entonces, lo que mantiene a la expectativa a los analistas por la posible elevación

La apuesta es que la Reserva Federal no aumentará las tasas de interés en la reunión de esta semana del Comité Federal de Mercado Abierto, su principal cuerpo de gobierno. Ya hay quejas de que la Fed, que redujo las tasas a corto plazo a cerca de cero a fines de 2008, está esperando demasiado tiempo para revertir las tasas bajas. En el último diciembre, la Fed aumentó sus tasas en un cuarto de un punto porcentual. No ha hecho nada más desde entonces.

‘La Fed cometerá un gran error si no eleva las tasas', dice el economista Mark Zandi, de Moody's Analytics. ‘El mercado laboral está fuerte y muy cerca del pleno empleo. La inflación está cerca del objetivo (2% anual) y los mercados financieros están en buena forma.' Sin embargo, Zandi duda que la Fed eleve las tasas en otro cuarto de punto porcentual.

La defensa para mantener la misma situación provino de Lael Brinard, una gobernadora de la Fed, en un discurso reciente. ‘Desde 2012, la inflación tendió a cambiar relativamente poco ... [mientras] la tasa de desempleo cayó de un 8.2% a un 4.9%,' dijo. Sin acelerar las presiones inflacionarias, la política debe favorecer aún la creación de puestos de trabajo, sostuvo.

Es una decisión difícil. Pase lo que pase, la mera existencia de un debate es prueba de un cambio notable. No hace mucho tiempo se veía a la Fed como todopoderosa. Nos trajo (o eso pareció) la ‘Gran Moderación'—un cuarto de siglo (1982-2007) de crecimiento económico con sólo dos recesiones suaves. Unas leves variaciones de su tasa de interés en el corto plazo, hacia arriba o hacia abajo, podían contener la inflación o sostener el crecimiento económico.

Pero ya no. Ahora la Fed y otros bancos centrales importantes parecen profundamente frustrados. Inundaron el mundo con dinero barato. Según cálculos de Moody's, la cantidad es 13 billones de dólares. Eso se utilizó para comprar bonos y otros títulos. Allí se incluyen las compras de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra. A pesar de todo el esfuerzo, los bancos centrales obtuvieron sólo una recuperación débil, que evitó una segunda Gran Depresión.

Podría sostenerse que eso en sí es un gran logro. Quizás, pero no concuerda con la opinión preponderante de que la Fed y los bancos centrales son entidades poderosas, que pueden crear recuperaciones fuertes. Los bancos centrales no son tan influyentes como imaginábamos. Las tasas de interés bajas —producto de políticas determinadas y de fuerzas económicas más amplias— no tuvieron el efecto rejuvenecedor que esperábamos.

¿Por qué?

Una explicación yace en las deudas elevadas e insostenibles que alimentaron la Gran Recesión. ‘Las recuperaciones en que hay muchas deudas no son iguales a las recuperaciones ordinarias del ciclo económico,' expresó recientemente en una conferencia en el Peterson Institute la economista de Harvard, Carmen Reinhart. Los consumidores y las empresas cortan las cargas de deudas y reconstruyen los ahorros. Las entidades crediticias frenan sus préstamos; los prestatarios frenan su solicitud de préstamos. Todo eso reduce los gastos.

Una variante —a menudo presentada por este reportero— es que a causa de la severidad de la recesión —casi enteramente no anticipada por los economistas, los líderes empresariales y los funcionarios gubernamentales— las empresas y las familias se volvieron más cautelosas y protectoras. Ahorraron más y gastaron menos para protegerse de crisis futuras y calamidades imprevistas.

‘La gente pensó que era más rica,' dijo en la conferencia de Petersen el economista Jason Cummins, de Brevan Howard, un fondo de cobertura. ‘Las empresas detuvieron las inversiones de crecimiento. Se les da a las empresas un costo menor de capital [tasas de interés más bajas], pero no invierten.'

Los bancos centrales buscan nuevas maneras de reavivar su poder económico. Una idea puesta en la práctica en Europa y Japón son las ‘tasas de interés negativas'. El ex presidente de la Fed, Ben Bernanke, lo describe de la siguiente manera: ‘En lugar de recibir interés por las reservas que tienen con el banco central, se cobra a los bancos [comerciales] una tarifa sobre las reservas.' La esperanza es que, para evitar la tarifa [en efecto, un impuesto], los bancos presten el dinero. La utilización modesta de las tasas de interés negativas en Europa y Japón hasta el momento no ha sido concluyente o ha sido decepcionante. En Estados Unidos, la presidenta de la Fed, Janet Yellen, sugirió que las tasas negativas se utilizarían sólo como último recurso.

La vieja Fed está muerta. La idea de que podía orquestar un crecimiento económico dentro de ciertos límites estrechos fue excesivamente optimista y poco realista. Podría ser, como sostuvo durante mucho tiempo el economista Allan Meltzer, de la Universidad Carnegie Mellon, que los problemas básicos de una economía no pueden resolverse por dosis cada vez mayores de dinero y crédito fáciles. Si hay demasiadas reglas y requisitos que frustran la creación de nuevas empresas, el dinero fácil no es una solución.

Pero el público puede pensar que sí lo es. La Fed es ahora prisionera de expectativas exageradas, creadas en una época más fácil. Si no puede cumplir con esas expectativas, puede convertirse en objeto de la ira de la población. Ya hay indicios de ese fenómeno. A nadie beneficiará encolerizarse con la Fed por cosas que no puede hacer.

ANALISTA DE THE WASHINGTON POST

La idea de que podía orquestar un crecimiento económico dentro de ciertos límites estrechos fue excesivamente optimista y poco realista.

Las recuperaciones en que hay muchas deudas no son iguales a las recuperaciones ordinarias del ciclo económico.