La Estrella de Panamá
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15 de Oct de 2019

Economía

Progreso social, la asignatura pendiente del ‘boom' económico

La ambivalencia del crecimiento económico que no toca a la mayoría pone sobre el tapete retos urgentes que atender. Un PIB boyante que le gana la carrera al progreso social, y cuya brecha se ahonda. Y los subsidios sólo alivian los síntomas, sin curar la enfermedad

Los números no mienten. Panamá es un país privilegiado, al menos según los números fríos. Un ingreso per cápita envidiable a nivel mundial ($13,183 en 2016 según Contraloría), un crecimiento del PIB protagónico en 2011 (11.8%) y aun en épocas grises como la actual, donde rondó el 3.6% en el tercer trimestre, el potencial de crecimiento económico parece casi inagotable, al estar motorizado por el Canal y la posición geográfica.

Es más, antes de anunciar el crecimiento a menor ritmo este año, el Gobierno ya tenía el pronóstico de respaldo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para calmar la angustia de algunos sectores: Panamá se estabilizaría en el rango del 5% para 2019, estimó el organismo que financia una parte de dicho crecimiento. Incluso, la más reciente medición del FMI es más optimista aún. Panamá será la undécima economía emergente del mundo que más crecerá en 2019: 6.8%.

Pero el boom económico del país no parece haber podido vencer la trampa de la desigualdad, un flagelo que ataca a toda la región. Y otra vez, los números no mienten. Panamá ocupó el sexto lugar del mundo en la lista de los países más desiguales —según el Coeficiente de GINI del Banco Mundial—.

POBREZA

En 2017, 19.1% de la población del país vivía arropada por la pobreza, según la medición oficial en base a la Encuesta de Propósitos Múltiples que realizó la Contraloría General.

Un año después, en 2018, esa cifra solo se redujo a 19.0%, sin demeritar las reducciones del indicador en Bocas del Toro, que pasó de 44.6% a 41.1% de un año a otro; Coclé, que devino de 22.6% en 2017 a 19.3% en 2018; y Darién, que pasó de 40% el año pasado a 35.9% este año.

Contrariamente, la provincia de Panamá aumentó de 8.6% a 10.2%, y la comarca Emberá siguió en la misma condición de 70.8%.

PROGRESO SOCIAL

Por otro lado, la organización Social Progress Imperative, que mide la satisfacción de ciertas necesidades básicas en los países para ilustrar el desarrollo humano, determinó que Panamá no pasaba la prueba; es decir, que tiene ‘bajo rendimiento' en la mayoría de las métricas de necesidades humanas básicas.

En nutrición y cuidado médico básico, por ejemplo, el organismo colocó a Panamá en la posición 80 de los 146 países del mundo, mientras que en agua y sanidad lo ubicó en el puesto 78. Otras falencias críticas incluyen el acceso a conocimientos básicos, acceso a información y comunicaciones, libertad personal (donde midieron niveles de corrupción, vulnerabilidad laboral y edad promedio en la que se casa su población) y acceso a educación superior ( ver tabla ).

No estamos tan mal, de acuerdo a este índice de progreso social, en acceso y calidad de electricidad, seguridad, salud general y bienestar, derechos personales e inclusión.

El único aspecto en que Panamá sobrepasa la media de los países es en ambiente.

Las estadísticas de Contraloría también refuerzan el planteamiento. Un desempleo total de 6% a agosto, una informalidad de 40.8%, un subempleo invisible de 8.5% y más 24 mil niños engrosando las filas del trabajo infantil.

Ante esto, los últimos gobiernos han respondido con dos máximas: subsidios e inversión —vía licitación— de obras. Desde septiembre del año pasado a septiembre de este año, el gobierno destinó $310 millones en subsidios, que incluyen aportes al programa de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja de Seguro Social, subsidio al tanque de gas de 25 libras, aportes a bancos para amortiguar el plan de interés preferencial para préstamos hipotecarios, el programa 120 a los 65, entre otros.

La respuesta ‘concreta' en obras es aún más agresiva. Los proyectos de inversión para el Sector Público No Financiero sumaron $3,261 millones hasta septiembre. El grueso de los fondos se lo llevan el Metro de Panamá, el proyecto de reordenamiento, mantenimiento y rehabilitación vial de la ciudad, el saneamiento de la bahía y la construcción de escuelas. Parafraseando al Ejecutivo, son ‘proyectos que mejoran la calidad de vida de los panameños'.

Si bien el gasto público en subsidios y transferencias gubernamentales busca precisamente ‘sacar a muchos de la pobreza' —aunque sea solo de las estadísticas—, el país encara retos importantes para suplir necesidades básicas, no solo en cantidad, sino en calidad. Y a largo plazo.