El gran sobreviviente

MADRID. Detroit tuvo siempre alergia a los coches pequeños. Con lo que ganaba de verdad dinero era con los vehículos grandes, como las...

MADRID. Detroit tuvo siempre alergia a los coches pequeños. Con lo que ganaba de verdad dinero era con los vehículos grandes, como las camionetas pick-up y los todoterreno. La máxima funcionó hasta que el precio del petróleo se disparó y la recesión empezó a mermar el bolsillo de sus clientes.

Alan Mulally lo vio venir hace tres años, en cuanto puso pie en el sector. Movió ficha sin esperar un día.

Ford Motor le contrató en septiembre de 2006. Nunca diseñó un coche, ni trabajó en un concesionario o en un taller. Es más, conducía un coche japonés.

Lo suyo eran los aviones, los grandes. Su desembarco causó sorpresa en el sector. Mulally llegaba de un mundo en el que no se necesitan campañas masivas de marketing ni lidiar con una amplia red de distribuidores. En el mundo de la aeronáutica tampoco hay tantas marcas y modelos, y los clientes son los que son: las aerolíneas.

Pero hay grandes similitudes con el mercado de las cuatro ruedas. Para ensamblar un coche, como un avión, se necesita invertir en investigación y desarrollo, una compleja estructura industrial, estrechar relaciones con los fabricantes de componentes y tener mano izquierda para lidiar con los sindicatos.

Cuando Alan Mulally aterrizó en Ford, la compañía estaba al borde del colapso. Ahora en Wall Street se la ve como la JP Morgan Chase de Detroit. Como el gigante de las finanzas, Ford es uno de los grandes ganadores de la crisis. En el segundo trimestre de este año, el periodo más turbulento en la historia del sector, ganó 2.260 millones de dólares, frente a los 8.700 millones que perdió un año antes.

La compañía que se encontró Mulally en el otoño de 2006 era conocida por sus pickup F-150 y su deportivo Mustang, verdaderos devoradores de gasolina. Ese año perdió 12.600 millones de dólares, a los que sumó 2.700 millones en 2007, 14.700 millones en 2008 y 1.400 millones en el primer trimestre de 2009. Y junto a este cambio de estrategia, lo que más gusta a los estadounidenses son las historias de ganadores. Se calcula que Ford podrá hacerse con una cuarta parte del mercado que están perdiendo GM y Chrysler. Ya se nota. Aunque sus ingresos cayeron un 38% por la crisis, las ventas le están yendo mejor que a sus rivales, lo que se traduce en más cuota de mercado. Ya en junio, tras dos años en el tercer puesto, logró colarse entre GM y Toyota.

El programa cash for clunkers (efectivo por chatarra) dio un balón de oxígeno al sector y demostró que entre las marcas estadounidenses, las de Ford van por delante. Los analistas creen que si no se producen sobresaltos en el panorama económico, la compañía podría cerrar su prim er año con ganancias en 2010, un año antes del objetivo.

Lo Nuevo