El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
- 10/03/2010 01:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️MADRID. En las últimas semanas, las catástrofes naturales se han cebado con un planeta que ya tiene abiertas demasiadas heridas. Los terremotos de Haití y Chile o las tormentas Wera, Undine y Xynthia nos recuerdan nuestra fragilidad.
Una vulnerabilidad que no sólo afecta a personas y bienes, sino también al mundo de la empresa.
En especial a las grandes aseguradoras que se dedican a cubrir estos riesgos.
Tal vez no lo recuerden, pero 2008 fue uno de los peores años en la historia de la siniestralidad mundial.
Huracanes como Ike o Gustav tuvieron un efecto devastador.
Ese año, el riesgo asegurado por catástrofes naturales al que tuvieron que hacer frente las aseguradoras, según Swiss Re- superó los 52.000 millones de dólares.
Las pérdidas económicas mundiales por desastres ascendieron a 269.000 millones de dólares.
Y lo que es peor, se perdieron 240.460 vidas humanas.
Detrás de esta contabilidad del dolor hay una serie de aseguradoras de peso (Lloyd′s, Swiss Re, Munich Re, Zurich Re, Mapfre Re...) que se dedican a cubrir estos riesgos a través de contratos de reaseguro.
“Todas las aseguradoras mundiales de no vida cubren las catástrofes naturales. En algunos países, como Inglaterra, las pólizas de las compañías privadas se encargan de dar cobertura total a este siniestro. En otros, las inundaciones o los terremotos pueden no estar cubiertos y sólo estarían disponibles pagando una cantidad adicional”, resume Robert Muir-Wood, jefe de la oficina de investigación de Risk Management Solutions (RMS), una firma californiana de análisis de riesgos catastróficos.
“La clave para las compañías está en no poner todos los huevos en la misma cesta”, indica Robert Muir-Wood, de Risk Management Solutions.
O sea, repartir el riesgo entre asegurados, aseguradoras y reaseguradoras.
Estamos, pues, ante una industria que por lógica aplica primas muy elevadas.
“En ellas se incluyen las pérdidas anuales esperadas, los gastos administrativos, el coste del capital y el margen de beneficio”, describe Iván Sainz, director de grandes cuentas de la correduría Willis Iberia.
“El problema del reaseguro de catástrofes es que es muy volátil. Si una compañía pierde dinero en el terremoto de Kobe inmediatamente encarece sus primas en otros siniestros y países para compensar la caída de ingresos”, advierte un alto cargo de una aseguradora.
En el caso chileno, la cultura aseguradora ha ayudado a paliar el desastre.
Debido al historial de terremotos que tiene, la penetración de los seguros en Chile es relativamente alta: el 3.5% del PIB. ©El PAÍS INTERNACIONAL.SC