Panamá fracasa en educación

Actualizado
  • 07/03/2016 01:00
Creado
  • 07/03/2016 01:00
La perdida de competitividad del país en la región se debe no sólo a las carencias que tiene el sistema educativo

Con respecto al argumento que la educación actual no define la frontera entre el empleo y el desempleo, muchos se preguntan si es debido a que la educación está enfocada en la dirección equivocada o quizá porque se necesita una reforma educativa que la vincule más plenamente al mundo con el trabajo. En todo caso, la respuesta a este interrogante es cosa no sólo de educadores, autoridades y tecnócratas, sino también de empresarios.

Así es. El desempleo no tiene una relación unívoca con la educación, y el mecanismo de ajuste del salario mínimo en Panamá lo demuestra al no existir una relación con habilidades, productividad y experiencia, y beneficiar así la mediocridad como si se tratara forzosamente de un juego ‘suma cero'. La pérdida de competitividad de Panamá en la región se debe no sólo a las carencias que tiene el sistema educativo sino a la falta de estrategias para aumentar la eficiencia laboral.

Igualmente, no es factible solucionar la desocupación educando para empleos inexistentes ni pueden solucionarse desde un ministerio obsoleto los problemas educativos para un siglo nuevo.

Resulta muy alentador que en la Asamblea Nacional se discuta un proyecto de ley con el fin de introducir a la educación las reglas de oro de la economía de mercado, donde el trabajo, la creatividad y la innovación permiten alcanzar mayores objetivos. Definitivamente, hay que reconocer la importancia del espacio que ha ocupado la educación privada en los últimos años, y aunque es muy fácil entrar en un debate si la educación quedará subordinada a la economía neoliberal o si el desmonte del sistema público educativo traerá segmentación social, lo cierto es que los salario de docentes y los resultados académicos de estudiantes en escuelas privadas son históricamente muy superiores a los de planteles públicos.

De igual forma, los conceptos de la libre competencia también hay que introducirlos a la educación oficial, para remecer el aparato burocrático y efectuar una decantación de todo lo improductivo. Es decir, corresponde a las autoridades sustituir el financiamiento del sistema de educación pública basado en el malgasto y el derroche por la entrega de vouchers o subsidios según la demanda de las familias o las escuelas, o el financiamiento diferencial, como reconocimiento monetario al mérito. En otras palabras, como supuestamente la educación es gratuita, entonces hemos promovido equivocadamente una cultura de menosprecio y abundancia, cuando en la realidad debiera ser de gratitud y austeridad.

Todas esas recetas producirán malestar en la comunidad educativa y sacarán lo peor de los gremios educadores que están encubados desde hace años sin mejorar capacidades ni conocimientos. La imposición a la población de un modelo educativo obsoleto y que mantiene al país en reversa es la principal razón para entregar la educación a las fuerzas del mercado. La autonomía que tienen las autoridades educativas se ha desnaturalizado y es lo que impide la creación de ideas para mejorar las condiciones de educación en Panamá.

La educación debe ser una política de Estado y no de gobierno. Y si aceptamos que la educación es una política de Estado y responsabilidad de toda la sociedad, entonces la relación entre educadores y empresarios tiene que ser de articulación práctica y negociación política. Es en ese marco que debe abordarse el problema peor resuelto en la historia de la educación panameña: la relación entre el sistema educativo y el trabajo. Si reducimos esa relación a educación versus empleo, la única solución es el ajuste de la oferta educativa a la cantidad de trabajadores que necesitan las empresas en cada momento.

Indudablemente hay que tener una mirada menos estrecha y colocar el trabajo como uno de los articuladores fundamentales del discurso pedagógico.

La escuela debe enseñar a amar el trabajo y a trabajar, a asociarse para producir, y que enseñar y aprender es un trabajo, como lo es escribir poemas o desarrollar nuevas tecnologías. Al mismo tiempo es indispensable elevar la calidad laboral de todos los panameños. Ambos sentidos del problema trabajo/educación demandan una reforma pedagógica que incorpore al trabajo como valor en el conjunto del sistema; que cruce pensum académicos con actividades productivas; que estructure programas de capacitación laboral dentro del tronco central del sistema y que instale un programa de capacitación para los trabajadores acreditable en las instituciones educativas del nivel correspondiente.

Hay que superar la desintegración de la educación que produjo la ausencia de una reforma educativa y marchar hacia acuerdos en cada jurisdicción y nivel, entre el sistema educativo y el mundo del trabajo, considerado éste no sólo como los intereses inmediatos del capital más concentrado sino en función de los intereses actuales y futuros de toda la sociedad.

La reforma de nuestra educación no depende de que se libere la capacidad de las familias y de los individuos para elegir la escuela o el curso de capacitación en el mercado, sino de que las mismas oportunidades de educación realmente existan para todos. Ello solamente será posible si el Estado panameño toma con seriedad su responsabilidad principal y la sociedad acepta hacer los acuerdos y aportes que le corresponden.

EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR DE SALUD PÚBLICA

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