El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
Pandemia y crisis económica, desafíos de la ONU en su camino a los 75 años
- 18/09/2020 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️En octubre próximo la Organización de las Naciones Unidas cumplirá 75 años, en medio una enorme presión sobre el futuro del organismo internacional más importante del siglo XX: bajo la peor pandemia en los últimos 100 años, el cambio climático y una cada vez más aguda crisis económica que se acerca poco a poco a lo vivido con la Gran Depresión de 1930. Lo anterior, cruzado por un creciente aumento de las tensiones geopolíticas entre China y EE.UU.
“Este aniversario histórico es una oportunidad única para mirar hacia atrás lo que ya se ha logrado y aprovechar estos logros para superar los desafíos que enfrentan actualmente el multilateralismo y el Organismo”, apunta el diplomático turco Vokan Bozkir, recientemente elegido secretario general de la Asamblea General de la ONU.
Es precisamente la idea del multilateralismo la que está siendo puesta en cuestión, fundamentalmente por Estados Unidos desde la llegada de la Administración del presidente Donald Trump, que ha optado por sacar a su país de varios acuerdos internacionales y denostado la cooperación multilateral; incluso, en medio de la pandemia por la covid-19, amenazó con retirarle los fondos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) –parte de la ONU– por la supuesta parcialización a favor de China. Una posición que no ha sido seguida por los tradicionales aliados de Washington en occidente.
Al mismo tiempo, Pekín avanza en proyectar sus intereses geopolíticos en otras regiones, chocando directamente con el histórico domino imperial de Washington, que cada día ve más difícil mantenerlo. Esta confrontación, ya aguda en el plano comercial y político, y la cual no se descarta pueda alcanzar los aspectos militares, es uno de la grandes problemas de la ONU hoy.
Creada el 24 de octubre de 1945, la ONU surgió como resultado de una conflagración entre potencias, la más mortal en la historia reciente de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial (1936-1945). Con un nuevo orden internacional, casi de inmediato, fue la lógica de la Guerra Fría la que terminó moldeando las estructuras actuales del organismo, caracterizado por la disputa entre Estados Unidos y la antigua Unión Soviética.
Pese a estas contradicciones, Naciones Unidas se convirtió en el principal proveedor de ayuda humanitaria en el mundo, teniendo a su vez fuerzas para mantener la paz en casi todos los continentes, lo que representó un avance para el multilateralismo pero insuficiente para resolver o contener conflictos.
El organismo ha sido incapaz de encontrar salidas a conflictos de vieja data, como la ocupación israelí en Palestina, o guerras más recientes como en Yemen, Libia y Siria. Esto en parte por la propia configuración del principal órgano de la ONU para la salvaguarda de la paz, el Consejo de Seguridad. Un ente con la facultad de decidir el destino de los 196 miembros del organismo, pero sobre el cual pesa una herencia de la Guerra Fría: el poder de veto.
De los 15 países que son parte del Consejo, solo cinco tienen un puesto permanente y capacidad de vetar cualquier resolución (EEUU, China, Rusia, Francia y el Reino Unido), lo que no en pocas ocasiones ha hecho inviable la solución de conflictos en el mundo.
Es por esto que potencias regionales como Brasil, India y Sudáfrica exigen cambios urgentes para el Consejo. Un llamado que comparten con Alemania, históricamente desterrada del concierto de potencias tras su derrota en 1945.
“Una reforma significativa y acelerada es fundamental para garantizar que este órgano sea más representativo, eficaz y receptivo, y siga siendo capaz de cumplir los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”, expresaron este miércoles en un comunicado conjunto las cancillerías brasileña, india y sudafricana.
Ante el desafío de la covid-19 y una compleja situación económica, tanto el Consejo de Seguridad como la Asamblea General deben, más que nunca, cumplir sus funciones para ayudar a amortiguar la crisis socioeconómica que se profundiza en el mundo postpandemia.
Según cifras del Banco Mundial, se estima que entre 71 millones y 100 millones de personas queden en pobreza extrema tras la covid-19, cuando aún no existe una vacuna efectiva para el virus.
A mediados de abril pasado, el Fondo Monetario Internacional proyectó que para este año, al menos unos 170 países tendrán crecimiento negativo, sin descartar que la economía global –paralizada durante meses por la pandemia– entre en una recesión para el año que viene.
Aunque la ONU ha tenido logros notorios como la erradicación de la polio y la viruela, exitosas campañas de alfabetización, combate del hambre y la pobreza, o avances en la lucha contra el cambio climático y la no proliferación de armas nucleares, el llamado urgente está en encontrar los mecanismos de reformas que le permitan ser un espacio que ayude a democratizar las relaciones internacionales, restando poder a los cinco del Consejo de Seguridad y repartirlo mejor entre las naciones de la Asamblea General. Un escenario poco probable para este septuagésimo quinto aniversario del organismo, especialmente en momentos en que arrecian las tensiones geopolíticas en todo el mundo.