Rafael Williamson: ‘La interconexión con Colombia pone a Panamá en otro nivel de juego’

El presidente de la Comisión de Energía y Combustibles de Apede analiza, con pragmatismo, por qué la seguridad jurídica y la modernización del sistema de transmisión son piezas clave para que Panamá se consolide como el verdadero hub energético de las Américas

En un momento crucial para la sostenibilidad global, Panamá se posiciona no solo como un punto de tránsito marítimo, sino como un competidor estratégico en la matriz energética regional. Con la puesta en marcha de la Agenda Nacional de Transición Energética y proyectos de infraestructura de alto impacto, el país busca equilibrar su crecimiento económico con sus compromisos climáticos.

Rafael Jaén Williamson, presidente de la Comisión de Energía y Combustibles de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede), profundizó en los retos de la interconexión eléctrica con Colombia, el futuro de los biocombustibles y la atracción de capital extranjero.

¿Cómo evalúan el proceso de transición energética del país?

Panamá ha venido modernizando su plantel energético. Desde nuestra perspectiva, el plantel abarca tanto la parte eléctrica como la de combustibles; un sistema que incluye la regulación, las leyes, los actores del mercado y los proveedores de servicio. Es un sistema complejo, pero en Panamá es robusto, maduro y resiliente. Nos abocamos a la transición energética desde hace algún tiempo, específicamente con la entrada en vigor de la Agenda Nacional de Transición Energética (aprobada en Consejo de Gabinete el 7 de noviembre de 2022). Esta fue precedida por el Plan Energético Nacional, que dicta las directrices para construir un futuro sostenible. Mi conclusión: estamos bien, pero tenemos muchas tareas pendientes.

¿Qué papel juega Panamá a nivel regional?

Panamá es un centro de abastecimiento de bunkering de escala mundial gracias al Canal. Contamos con puertos donde llegan miles de naves que deben ser abastecidas. Es un subsistema que trabaja muy bien, aunque siempre hay aspectos que mejorar para fortalecer nuestra posición. Por otro lado, tenemos un aeropuerto del cual poco se dice que nunca falta combustible, a pesar de que la flota de Copa Airlines y los vuelos internacionales aumentan constantemente; es un subsector que funciona de forma prístina. En el sector terrestre, está por aprobarse la ley que hace obligatorio el uso de un 10 % de bioetanol nacional en las gasolinas. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destaca que Panamá ha mantenido un buen desempeño durante años y señala que nuestra vocación seguirá siendo la exportación de energía eléctrica, especialmente al concluir el proyecto de interconexión con Colombia. No obstante, debemos fortalecer y modernizar el sistema de transmisión eléctrica para estar a la par de las expectativas.

¿Cómo contribuye la interconexión eléctrica con Colombia?

Es un proyecto transformacional. Nos define como un hub energético, sumándose al búnker, al aeropuerto y a la conexión con América Central. La interconexión pone a Panamá en otro nivel de juego. Actualmente, nuestra capacidad instalada excede con creces la demanda nacional; debemos aprender a exportar ese excedente para alcanzar un nivel de competitividad fabuloso. Vemos positivo que la Secretaría Nacional de Energía defienda el cronograma de licitaciones, pues se requieren inversiones en infraestructura.

¿Y el bioetanol?

Es un proyecto bienvenido. En el futuro, el etanol que se adicione a la gasolina se producirá localmente (aunque al inicio haya que importar). Esto impulsará la agroindustria, generará empleos y permitirá la transferencia de tecnología. Este mercado crecerá a la par de la demanda de gasolina. Para que su futuro sea promisorio, la ley debe recoger todas las perspectivas discutidas durante estos dos años, asegurar que el beneficio final sea para el consumidor y establecer reglas del juego claras para su futura reglamentación.

¿Dónde queda el compromiso ambiental en estos proyectos?

Panamá es uno de los tres países del mundo con carbono negativo; emitimos menos CO2 del que nuestros bosques absorben. Suscribimos el Acuerdo de París en 2015 y lo ratificamos en 2016. Tenemos una visión clara: la sostenibilidad no riñe con la actividad económica; al contrario, la economía es central. En el sector energía, debemos permitir la coexistencia de diversos modos de generación y transmisión, pues la diversidad sostiene la seguridad energética. A diferencia de otros países, no sufrimos de desabastecimiento crónico o racionamiento, aunque el sistema a veces presenta fallos en la distribución, como ocurre en cualquier parte del mundo.

¿Qué proyectos de infraestructura ayudarán a Panamá a ser un hub energético?

El gasoducto de la Autoridad del Canal de Panamá eleva nuestro nivel competitivo. La interconexión con Colombia es un hito fundamental. Nuevos puertos y operadores especialmente en el sistema de bunker global. Proyectos internos: El abastecimiento del plantel de generación y las licitaciones de transmisión para los próximos tres años.

¿Cuáles son los retos en modernización de redes e interconexión?

ETESA ha trabajado en la cuarta Línea, que es sumamente necesaria para aportar redundancia y seguridad al sistema. Más allá de los estudios, se requiere la decisión sumaria de construir. El debate sobre la servidumbre está “ultrapasado”; tenemos que ejecutar. Esto es vital, sobre todo si vamos a interconectarnos con Colombia, ya sea para exportar o, eventualmente, importar energía si fuera necesario.

¿Cómo compite Panamá para atraer inversión energética?

El capital es sensible a la inestabilidad. El gran beneficio de Panamá es su estabilidad, su seguridad jurídica y sus leyes claras. Aunque como democracia tenemos imperfecciones, ofrecemos beneficios tangibles. Ejemplo de ello es la reciente inauguración de la planta Generadora Gatún y las instalaciones de Gas Natural Licuado (GNL) en Costa Norte, que fueron revolucionarias hace una década. La licitación de marzo permitirá que termoeléctricas de combustible fósil se conviertan a GNL. Esto demuestra que el capital internacional confía en el país. El panorama es promisorio, siempre que sigamos haciendo la tarea.

¿A qué se refiere con beneficios tangibles e intangibles para los inversionistas?

Tangibles: Licitaciones que proveen previsibilidad y contratos a largo plazo (10 a 12 años) que permiten obtener financiamiento bancario. Intangibles: la transferencia de conocimiento. Hay empresas instaladas como sedes de empresas multinacionales (SEM) que desarrollan talento humano panameño en el sector energético.

¿Cuál es la cartera de oportunidades que ofrece Panamá?

En el mundo marítimo, la Organización Marítima Internacional exige combustibles menos contaminantes, lo que abre espacio para nuevas facilidades en el sector bunker. La ley del etanol requerirá inversión en cisternas, equipamiento especializado y posiblemente nuevas terminales o tanques de almacenamiento. También se vislumbran combustibles como el amoníaco o el hidrógeno verde, aunque este último lo veo en un horizonte más lejano.

¿Considera necesarios ajustes regulatorios?

Sí y no. Tenemos plataformas sólidas, pero el advenimiento de nuevas tecnologías (paneles solares, baterías, autoconsumo) exige adecuar los marcos regulatorios. Lo ideal es tener una visión de futuro que evite cambios anuales en las reglas, brindando estabilidad al sistema.

¿Qué lecciones puede replicar Panamá de otros países?

Debemos evitar la trampa en la que cayeron países como España, Chile o California, donde la alta penetración de renovables no convencionales (eólica y fotovoltaica) sin el respaldo adecuado generó inestabilidad. Por otro lado, debemos aprender de Estados Unidos y Brasil sobre el uso óptimo y el desarrollo agroindustrial de los biocombustibles. También de aquellos países que, por no diversificar su matriz o no anticipar la demanda, hoy sufren crisis energéticas.

¿Cómo impulsa la transición en la reducción de costos y la competitividad?

Todo depende de la tecnología y de la eficiencia de las licitaciones. El espíritu debe ser asegurar un abastecimiento confiable que se traduzca en mejores precios para el consumidor final. En combustibles, la fórmula del etanol no debe afectar al usuario, sino ser manejable. Las reglas claras permitirán que los eficientes subsistan, beneficiando al país a pesar de nuestra economía de escala por ser un mercado pequeño.

¿Cuál es el futuro del sector en los próximos 10 años?

Veo a Panamá liderando en combustibles marítimos de baja intensidad de carbono y en el sector aéreo con la penetración del SAF (Sustainable Aviation Fuel). También veo un crecimiento masivo en la flota vehicular eléctrica y hogares utilizando paneles solares. Finalmente, la eficiencia energética será central. Toda energía que no se consuma para producir el mismo bien es dinero que el país ahorra. El futuro es promisorio si mantenemos reglas claras y seguridad jurídica.

Rafael Jaén Williamson
Presidente de la Comisión de Energía y Combustibles de APEDE
Lo ideal es tener una visión de futuro que evite cambios anuales en las reglas, brindando estabilidad al sistema”,
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