Las afectaciones, provocadas por lluvias inusuales y fuertes vientos que impactaron principalmente el norte y el centro del país, han dejado daños considerables...
- 12/10/2014 02:00
Cuando alguien se arriesga a expresar su opinión, los demás quizás nos preguntemos por qué se juega el pellejo. Pero de la misma manera, ella puede preguntarnos por qué se quedan en silencio.
Pregunté a Blanca Hernández —inmigrante indocumentada de 31 años, ‘soñadora y manifestante— si es así como se sintió recientemente mientras los guardias de seguridad la invitaban a dejar la sala en que se celebraba una elegante fiesta de gala del Congressional Hispanic Caucus Institute, donde el presidente Obama estaba dirigiendo la palabra al público. ‘Exactamente’, me dijo. ‘Recuerdo que la gente agitaba sus manos y decía, [¡Sáquenla de aquí!] Y yo pensaba, [¿Por qué no se levantan de sus sillas y se van conmigo?]. Qué pregunta excelente.
Hernández tiene una teoría del motivo por el que los hispanos no hablan más sobre la gestión de Obama en cuanto a la imposición de la ley migratoria. ‘Si no afecta personalmente a alguien o esa persona no enfrenta el asunto cotidianamente, es imposible comprender, porque no están totalmente informados,’ dijo. ‘También, hay gente que se olvida de dónde vino’. Triste, pero cierto.
He aquí el mensaje que Hernández quería enviar a Obama, que estaba presente en el evento para pedir a los hispanos que voten en la elección de mitad de período: su manera de evadir el asunto de la inmigración está impacientando a los que desean legalizar a los indocumentados y acabar con el gigante de la deportación.
Obama demoró los pedidos de los defensores de la inmigración este año, al prometer que adoptaría una medida ejecutiva antes de Labor Day, que reduciría las deportaciones —tras haber negado durante años que tenía el poder de hacerlo. Después quebró su promesa’.
El presidente tiene algunas ventajas con los hispanos: Muchos de ellos son primero, demócratas; después, hispanos; a muchos de los nacidos en Estados Unidos no les importa lo que les suceda a los inmigrantes, especialmente a los indocumentados; y, en cuanto a los mexicano-americanos, grupo en el que generalmente hay más electores indecisos que entre los puertorriqueños o cubanos, a muchos les agrada que los inviten a la fiesta, por lo que no es probable que hagan una escena.
Hernández, sin duda, no es uno de ellos. Nacida en México pero criada en Estados Unidos desde los 6 años, está bien educada, informada y sabe expresar sus ideas. Mediante el programa del gobierno llamado Acción Diferida para los que Vinieron de Niños (DACA), obtuvo un aplazo de su deportación y trabaja como asistente legal en una firma especializada en causas de inmigración, en Washington, D.C. Todos los días ve, de primera mano, las ruinas de un sistema fallido.
‘La gente no comprende lo que ocurre con todas las deportaciones,’ dice. ‘Es ignorancia. Por ser asistente legal, hay madres que vienen a mi oficina llorando, diciendo que sus esposos fueron deportados. Quiero decir, el aspecto humano de todo esto. ¿Cómo puede alguien verlo y no sentir ira por la injusticia?’-
Bienvenida al debate de la inmigración. Cuando la injusticia es perpetrada por un gobierno demócrata, se sorprenderían de los ciegos que pueden ser algunos liberales intencionalmente.
Sentada sólo a 50 pies de donde estaba el presidente hablando, Hernández dijo que en ese momento supo que nunca tendría una oportunidad como ésa. Afuera, manifestantes pro-inmigración criticaban a Obama por sus políticas. Ella quiso darles una voz. ‘Sabía [que el presidente] iba a tocar el tema de la DACA, y su decisión de no adoptar una medida ejecutiva,’ dijo. ‘Entonces cuando él dijo que no vamos a entrar en esa conversación ahora, esa fue mi entrada.’
Hernández se puso de pie de un salto y le gritó a Obama: ‘¿Qué pasó con un cambio en el que podemos creer? ’Obama trató de cortarla diciendo ‘Estoy a punto de llegar a eso’. Pero ella siguió gritando: ‘Sr. Presidente, ¡pare las deportaciones! ¡Necesitamos ayuda ahora mismo!’ Obama respondió tranquilizando al público, indicando que no iba a abandonar la lucha por la reforma migratoria. Hernández calcula que ese tenso intercambio duró unos 30 segundos. ‘La seguridad tardó en agarrarme’, dijo.
Sus críticos sostienen que es fácil dar gritos inoportunos, pero es más difícil establecer una política a seguir. ‘No fue fácil’, insistió. ‘Mi corazón se me iba a salir por la boca. No es fácil enfrentar al presidente. Pero nada es fácil. No ha habido ningún progreso sin una lucha’. Ahora Hernández está librando otra batalla —con los hispanos nacidos en Estados Unidos que le han consentido demasiado a Obama. ‘Se han identificado más con la estructura política que con su propia gente’, dijo. ‘Yo les diría, [¿Por qué se han separado de su comunidad? ¿Dónde deja eso a su comunidad? ¿Por qué son ahora uno de los opresores? ¿Por qué se identifican con los que los que hacen daño a su gente?].
Otra pregunta excelente. Los hispanos no deberían intentar silenciar a esta joven mujer. Deberían tratar de clonarla.
COLUMNISTA