13 de Ago de 2022

Internacional

Historia de tres gigantes

Dicen que los clásicos nunca mueren. En 1919, el legendario geógrafo Sir Halford John Mackinder escribió que “quien controle Europa del...

Dicen que los clásicos nunca mueren. En 1919, el legendario geógrafo Sir Halford John Mackinder escribió que “quien controle Europa del Este dominará el Pivote del Mundo; quien controle el Pivote del Mundo dominará la Isla Mundo (Europa, Asia y Africa); y quien domine la Isla Mundo dominará el mundo”. En los últimos 10 días, una serie de eventos ha vuelto a llamar la atención sobre el futuro de Eurasia a medida que tres de los gigantes que más dramáticamente han moldeado su historia—Alemania, Rusia y Estados Unidos—despiertan lentamente de sus letargos.

El 30 de mayo, Alemania anunció al mundo su intención de abolir por completo la energía nuclear para 2022. El proyecto, tan ambicioso que quizá esté sólo al alcance de los alemanes, involucra mejorar drásticamente la eficiencia energética en el país y doblar el peso de las energías renovables. A día de hoy, el 25% de la energía que Alemania consume es nuclear. Pero esto, incluso para los alemanes, es extremadamente complicado, y más aún con una fecha tope a 11 años vista.

A largo plazo, todo tiene sentido. Las tendencias demograficas alemanas harán que el consumo eléctrico industrial del país se reduzca y el avance de la tecnología debería abaratar los costos de las energías renovables (hoy, un Kilowatt-hora de energía solar es más de 20 veces más caro que el ídem de energía nuclear). La pregunta se cae de su propio peso: ¿qué hacer a corto plazo? La respuesta no tardó en llegar. Al día siguiente, el ministro de economía alemán, Philip Roesler, visitó Moscú para discutir un aumento en sus importaciones de gas natural ruso. En el horizonte ya asoma el gasoducto Nord Stream, especialmente diseñado para enviar gas directamente de Rusia a Alemania, y que empezará a funcionar a finales de este año. Irónicamente, lo que empezó como una medida para acabar con el politiqueo energético ruso se ha convertido en la única opción disponible para el ambicioso plan alemán.

Con esto, Alemania manda un claro mensaje a quien lo quiera oír, sacrificando un imperativo geopolítico (independencia energética) por un problema de política doméstica (rechazo a la energía nuclear). El mensaje, fuera de las fronteras alemanas, suena así: para Berlín, lo doméstico está primero, y los aliados después. Los alemanes, sin embargo, son perfectamente conscientes de esto. Además, como ya mencionamos, tienen un plan. Y pocas naciones en el mundo tienen la capacidad de llevar a cabo un plan como ése. En 10 años, la demanda energética alemana se reducirá y las energías renovables llevarán el peso energético del país. El gas ruso ya no será necesario. Pero, ¿será muy tarde?

Los damnificados Es aquí donde entran los damnificados, que son principalmente los países sobre la línea que va desde el Mar Báltico al Mar Negro, desde Suecia y Finlandia hasta Bulgaria. Sin ser (aún) una agrupación política establecida, estos países ya están moviéndose para contrarrestar las consecuencias que este nuevo acercamiento entre rusos y alemanes podría traer. Mañana jueves, los ministros de defensa de la OTAN se reunirán con el ministro de defensa ruso, Anatoly Serdyuokov, en Bruselas. El tema a tratar serán los escudos antimisiles (BMDs) que EEUU planea instalar en dos de éstos países: Rumanía (2015) y Polonia (2018).

Además de asegurar la presencia estadounidense en la región, la primera agrupación semi-formal de estos países—el Grupo Visegrád, compuesto por Polonia, Hungría, Eslovaquia y la República Checa—anunció el mes pasado su intención de formar un grupo de batalla al margen de la OTAN para 2016. Una agrupación similar de países ya creó en 2008 el grupo de batalla nórdico, conformado por Suecia, Finlandia, Noruega, Estonia e Irlanda. El tamaño o las capacidades de éstos grupos no es importante. Sí lo es, sin embargo, su existencia, que refleja un sentimiento de desconfianza hacia la OTAN y sus principales miembros.

Gigantes, auge y caída Desde el punto de vista estadounidense, mantener los recursos naturales rusos separados de la tecnología europea es un imperativo geopolítico de la más alta importancia, sólo superado por la defensa de su propio territorio. En 1944, EEUU participó en la invasión a Europa en gran parte para evitar que la máquina de Stalin se tragara el continente. Ahí cayó el primer gigante, Alemania, que vió como la línea que dividía el mundo cortaba su territorio como un cuchillo.

En 1989, esa línea se empezó a resquebrajar. Poco después cayó el segundo gigante, la URSS. Ambos gigantes, sin embargo, comenzaron a recuperarse en ese mismo instante. Alemania empezó un complejo proceso de reunificación, cicatrizando la herida (casi) mortal de 1945. Rusia, el corazón del antiguo gigante soviético, siguió latiendo, y si bien vio como le arrancaban más y más miembros, logró regresar a imponer su ley, como bien lo saben en Tíflis o Kiev.

Entre tanto, el tercer gigante, aburrido como el diablo, se dedicó a matar moscas en Afganistán e Irak. Hoy, Alemania está reunificada y segura de sí misma; Rusia consolidó su influencia en las ex-repúblicas soviéticas y ve oportunidades en países en crisis como Letonia o Grecia. EEUU, sin más moscas que matar, parece haberse dado cuenta que es hora de volver a poner las fichas en el pivote del mundo. La línea se corrió unos kilómetros al este, pero el juego de poder está servido.

Ésta vez, sin embargo, es posible que lo que está en juego sea menos que el destino del mundo. Más al este, no olvidemos, hay otras líneas, y al menos dos gigantes—chinos e indios—que no quieren perderse el espectáculo.