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17 de Apr de 2021

Internacional

Estrés del combate es sentido más allá del frente

Ellos no se enfrentan cara a cara con un combatiente del Talibán, nunca tienen que esquivar una bomba en un camino ni ser blanco de bal...

Ellos no se enfrentan cara a cara con un combatiente del Talibán, nunca tienen que esquivar una bomba en un camino ni ser blanco de balas, pero aun así pudieran ser responsables por tomar vidas o de poner a sus propios colegas en peligro de muerte. Y ahora las fuerzas armadas están comenzando a lidiar con las presiones mentales y emocionales sufridas por ese personal de la Fuerza Aérea.

Aunque están a miles de kilómetros de las zonas de combate en Afganistán, los analistas en la base aérea de Langley, Virginia, reviven una y otra vez las explosiones, la carnicería y las vívidas evaluaciones de los bombardeos. Esa exposición repetida a muerte y destrucción en las pantallas de sus computadoras tiene un costo en sus vidas.

Ahora, por primera vez, un capellán de la fuerza aérea y un sicólogo están recorriendo el suelo del centro de operaciones en Langley, ofreciendo consultas y alivio para el estrés a los especialistas que escrutan la guerra a distancia.

Sentados frente a las computadoras que llenan la sala, los analistas de la fuerza aérea observan las imágenes de video que provienen de aviones no tripulados y otros recursos militares monitoreando a las fuerzas estadounidenses en todo el planeta. Fotos, datos de radar, video y datos de espionaje recolectados electrónicamente fluyen por las pantallas. En turnos de entre 15 y 20 minutos, los analistas observan e interpretan la información.

Por medio de ventanillas de chat, intercambian información, actualizan reportes de inteligencia y hablan con comandantes en el terreno, incluyendo soldados cuyas vidas pudieran depender del flujo constante y rápido de información que reciben de Langley.

Por ejemplo, ellos pudieran proveer información que permite a un comandante ordenar un ataque aéreo, pero una vez lanzada la bomba o el cohete, pudieran ver que los milicianos están escapando o que civiles o niños están moviéndose al área del blanco, y para entonces no pueden hacer nada al respecto.

"Si un muchacho de 21 años está jugando un juego de video, cuando el juego se acaba él puede comenzar de nuevo. Aquí, si fallan en un ataque contra el enemigo, es algo que llevan consigo", dijo la mayor de la fuerza aérea Shauna Sperry, una sicóloga que acaba de comenzar a trabajar con los analistas.

Ellos además tienen a menudo que revisar video de un incidente reiteradamente para evaluar los daños.

"No es un juego de video, es real", dijo el capitán Robert Duplease, el capellán asignado al Grupo 497mo de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento. "Es una exposición reiterada a la destrucción y la guerra. Ellos lo ven, rebobinan, lo ven de nuevo".