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20 de Oct de 2020

América

Ocupar, resistir, producir

CHICAGO. Cuando a los 250 trabajadores de la fábrica “Republic Windows and Doors” les dijeron que cerraban la planta, decidieron tomar ...

CHICAGO. Cuando a los 250 trabajadores de la fábrica “Republic Windows and Doors” les dijeron que cerraban la planta, decidieron tomar las cosas en sus propias manos. El 5 de diciembre, los trabajadores ocuparon la fábrica en un acto que reverbera las huelgas de brazos cruzados en los años 30 en Estados Unidos y la toma de las fábricas durante la crisis de 2001 en Argentina.

“Quieren que los pobres permanezcan hundidos. Estamos aquí, y no iremos a ningún lado hasta que obtengamos lo que es justo y nuestro”, le dijo Silvia Mazon, madre anteriormente apolítica y que lleva 13 años trabajando en la fábrica, al New York Times. “Pensaron que se librarían fácilmente de nosotros, pero si debemos estar aquí hasta Navidad, no importa”. Los trabajadores exigen que se les pague sus vacaciones y cesantías al completo, o que la fábrica continúe funcionando. Les informaron del cierre de la fábrica con tres días de anticipación, no los 60 días que establece la ley federal.

TIEMPOS DE CRISIS

El viernes, 50 de los trabajadores —turnándose— se sentaron en sillas y camillas dentro de la fábrica, donde recibieron sábanas, sacos de dormir y comida de parte de simpatizantes. A lo largo de la ocupación, los trabajadores han limpiado el edificio y removido la nieve mientras otros protestantes se juntaban en solidaridad afuera. La ocupación de la fábrica —que produce ventanas de vinil y puertas deslizantes— se lleva a cabo en medio de una recesión masiva, con el índice más alto de desempleo en EEUU en 15 años, y con 600,000 trabajos perdidos en fábricas este año. A manera de otro indicador de la crisis, uno de cada diez estadounidenses —un récord de 31.6 millones—están utilizando cupones de alimentos.

Los trabajadores protestan el hecho de que el Bank of America recibió 25 mil millones de dólares como parte del paquete de rescate del Gobierno, y luego procedió a acabar con el crédito de la empresa Republic, resultando en el subsiguiente cierre de la fábrica. “El banco tiene el dinero en esta situación”, dijo Mark Meinster, representante del sindicato al que pertenecen los empleados de la fábrica, el United Electrical, Radio and Machine Workers of America. “Y estamos exigiendo que Bank of America libere el dinero que le debe a los trabajadores”.

El presidente electo Barack Obama anunció su apoyo: “Al respecto de la situación aquí en Chicago, donde los trabajadores exigen los beneficios que se han ganado, creo que tienen toda la razón... lo que les está sucediendo es un reflejo de lo que está sucediendo en toda nuestra economía”. El reverendo Jesse Jackson entregó pavo y otros víveres a los trabajadores diciendo que “estos trabajadores representan en esta lucha quizás lo que Rosa Parks representó para la justicia social hace 50 años... esto es, en muchas maneras, el inicio de un movimiento más amplio de acción masiva para resistir la violencia económica”.

OCUPAR, RESISTIR, PRODUCIR

La crisis argentina fue similar a la actual recesión en EEUU en el sentido de que, en diciembre de 2001, casi repentinamente, Argentina pasó de tener una de las economías más fuertes de Sudamérica a ser una de las más débiles. Como indica la ocupación de la fábrica en Chicago, hay algunas tácticas y enfoques para combatir las crisis económicas que fueron usadas en Argentina que pueden ser aplicadas en esta crisis.

Durante el colapso económico argentino, cuando los políticos y bancos fracasaron, muchos argentinos se unieron para crear una nueva sociedad sobre las ruinas de la anterior. La pobreza, la indigencia y el desempleo fueron combatidos con sistemas de trueque, moneda alternativa y asambleas de vecinos que proveyeron de solidaridad, alimento y apoyo a las comunidades a lo largo y ancho del país.

Quizás la más conocida de estas iniciativas fue la toma de fábricas y negocios, que fueron posteriormente manejadas colectivamente por los trabajadores. Existen alrededor de 200 fábricas y negocios administrados por los trabajadores en Argentina, la mayor parte de los cuales empezaron durante la crisis de 2001. Cerca de 15,000 personas laboran en estas cooperativas y los negocios van desde productores de repuestos automotrices hasta fábricas de globos.

SIMILITUDES

A pesar de que la ocupación de la fábrica Republic Windows and Doors es diferente en muchos aspectos a los ejemplos de ocupación de fábricas en Argentina, merece la pena reflejar la similitud de la situación en la que se encontraron los obreros de ambos países, y como luchan en contra.

La editorial Chilavert en Buenos Aires ofrece un ejemplo de trabajadores recuperando una fábrica en banca rota para convertirla en una cooperativa. “Ocupar, resistir, producir. Esta es la síntesis de lo que hacemos”. Cándido González, trabajador de Chilavert, me explicó durante una visita a su casa editorial, con el sonido de las prensas de fondo: “es la comunidad al completo que hace esto posible. Cuando defendimos el lugar habían ocho vehículos de asalto y 30 policías que vinieron a sacarnos de aquí. Pero nosotros, junto con otros miembros de la comunidad, permanecimos aquí y defendimos la fábrica”. Cándido no atribuye el éxito de Chilavert a ningún político. “Nunca pusimos un letrero de ningún partido político porque nosotros fuimos los que la tomamos. Aquí han venido toda clase de políticos pidiendo apoyo. Pero cuando los sindicatos fracasaron, cuando el Estado colapsó, los trabajadores empezamos otro tipo de lucha... si quieres tomar el poder y no puedes dar un golpe de Estado, debes al menos tomar el control de los medios de producción”.

De vuelta en Chicago, en un momento en el que los políticos no han sabido responder a una de los peores crisis económicas de la historia, la fábrica Republic Windows and Doors es un recordatorio de que los tiempos desesperados necesitan enfoques diferentes para el cambio social. “No somos animales”, el trabajador de la fábrica Apolinar Cabrera. Padre de dos, con otro hijo en camino, ha trabajado en la fábrica durante 17 años. “Somos seres humanos y merecemos ser tratados como tales”.