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24 de Jan de 2021

América

50 años de la cartilla de racionamiento

LA HABANA. Pareciera una conmemoración o una fecha histórica, pero lo cierto es que por estos días se cumplen 50 años de la implantació...

LA HABANA. Pareciera una conmemoración o una fecha histórica, pero lo cierto es que por estos días se cumplen 50 años de la implantación por Fidel Castro de la cartilla de distribución de alimentos “normados” o racionados mediante una llamada cartilla de racionamiento. Pero con la ironía del destino, bien valdría la pena hacer un acto oficial donde bien se anuncie el levantamiento de un monumento a tan célebre acontecimiento que ha marcado la vida de casi cuatro generaciones de cubanos y no sabemos de cuántas más.

El lector incrédulo pensará que es una broma, pero no, es algo bien serio. Esta libreta como la conocen todos los cubanos, registra los productos que el Estado distribuye a través de unos “mercados” o “bodeguitas” donde están inscriptos unos dos o tres mil consumidores, de una barriada o varias, pero para que esto ocurra estos ciudadanos deben estar registrados a su vez en una oficina municipal del registro de consumidores, popularmente conocida en Cuba.

ODISEA

Una vez al mes y a partir del día 1 se distribuyen los artículos normados, que según dice el Ministerio de Comercio Interior alcanzan los veintiséis; sin embargo la realidad es otra bien distinta.

La cuota normada por núcleo familiar es bien escasa, de eso nadie tiene duda, los productos apenas alcanzan para comer 15 días en el mes. Después empieza el largo peregrinar de la familia para “inventar” que se lleva a la mesa cada día. Es una verdadera odisea, desde el amanecer en que los desayunos suelen ser verdaderos sorpresas cada día, pues la leche en polvo no ser vende en establecimientos de la red comercial, y es suspendida a los niños mayores de 7 años, se consigue un yogurt de soya, que cada día se distribuye con más agua en su contenido.

MERCADO NEGRO

La gente consigue esa leche a través del mercado negro (y solo cuando arriban los barcos cargados del milagroso producto, es que en el mercado especulativo aparece) o las personas que poseen dietas médicas que tiene asignada leche.

Si fuéramos a enumerar la cuota de alimentos que recibe un núcleo familiar (la norma de distribución es per cápita), el inventario pudiera resumirse así: 5 huevos por consumidor al mes y otros 5 adicionales a otro precio, 5 libras de arroz y 2 libras complementarias a otro valor superior. una libra de pollo y media libra de picadillo condimentado. Cada mes se alterna se entregan 11 onzas pescado u otro producto del mar, por ejemplo, el calamar. De los productos agrícolas que se norman esta la papa que se asigna a 2 libras por consumidor.

De granos tocan 5 libras también mensuales. El café es a 115 gramos por persona, también una vez cada mes.

De otros artículos normados son el jabón de tocador, una pastilla por persona, 1 tubo de pasta dental al mes por núcleos familiares de 4 personas.

Otros productos de la agricultura se venden —aunque escasos— en mercados para estos fines a precios muy elevados, en correspondencia con el salario real de los trabajadores. (La cebolla, el ajo, ajíes, verduras y hortalizas, etc).

MALABARES

En el análisis de la existencia de esta Cartilla de Racionamientos de productos alimenticios en Cuba, vale destacar dos ángulos del asunto: es cierto que la distribución normada es escasa y no alcanza a cubrir los 30 días del mes y es además poco variada y que el consumidor tiene que ingeniárselas para comprar alimentos adicionales, haciendo malabares con el salario que no le alcanza. Pero el Estado garantiza estos productos con un subsidio financiero y de manera estable cada mes.

El ciudadano no puede comer lo que quisiera cada día, pero es innegable que nadie se acuesta sin llevarse un plato de comida a la boca al acostarse cada noche.

Existen carencias de productos, desabastecimientos, pero no hay hambre y muchos menos ha existido, pese a incontables desaciertos y insuficiencias en la economía: hambruna.

La libreta de abastecimientos como la conocen todos los cubanos, de todas las generaciones posteriores a 1959, bien merece un monumento en el lugar más céntrico de la capital. Una mayoría quisiera su eliminación desde hace mucho, pero los jubilados, pensionados y acogidos a la seguridad social, se aferran a ella como una tabla de salvación.

La historia económica de muchas sociedades y en periodos determinados de guerras o crisis, ha conocido de regulaciones para la distribución de alimentos, pero ninguno por tan prolongado, como Cuba.

Frente a nuevas crisis internacionales, cuya severidad amenaza el desempleo y con ella el hambre, tal vez las autoridades cubanas necesiten perpetuar esta cartilla de racionamientos, para garantizar la supervivencia del sistema, y así asegurarse de que una nueva crisis pueda estallarle en su propio terreno.

Por lo pronto parece que esta cartilla de racionamientos tendrá larga vida, tal vez otros 50 años.