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28 de Nov de 2020

América

Se acabó el mito

TEGUCIGALPA. El mito de que Honduras era el único país de América Central exento de los sismos quedó sepultado con uno de 7,1 grados en...

TEGUCIGALPA. El mito de que Honduras era el único país de América Central exento de los sismos quedó sepultado con uno de 7,1 grados en la escala de Richter, que mató a seis personas y provocó pérdidas en infraestructura por uno 70 millones de dólares, según datos oficiales primarios.

“Fue una suerte que, pese a la magnitud del terremoto, sus repercusiones no hayan sido tan fuertes como ha sucedido antes en Guatemala, Nicaragua y México”, dijo Gonzalo Cruz, director del Departamento de Geofísica de la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Para el experto, “el impacto a nivel de vidas humanas, por ejemplo, no fue dramático porque el epicentro se originó en el mar y afectó zonas de escasa población, pero si hubiera sido tierra adentro, la historia sería otra”.

70 MILLONES EN PÉRDIDAS

Con réplicas en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, el sismo del jueves tuvo su epicentro en la Isla del Cisne, cerca de la costa hondureña, donde confluyen las placas tectónica norteamericana y Caribe, dijo Cruz. Por eso causó daños de mediana y menor magnitud en al menos 11 de los 18 departamentos en que se divide este país. La Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), en un reporte oficial preliminar, informó de la muerte de seis personas, al menos 17 heridas, la destrucción de 80 casas y dos puentes, así como daños en más de 200 viviendas, dos edificios públicos, dos hoteles, en tres fábricas y en una iglesia. El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, tras hacer un recorrido por las zonas de mayor impacto en los norteños departamentos de Atlántida, Yoro y Cortés, señaló que las pérdidas económicas oscilan los 70 millones de dólares.

Uno de los más afectados fue Puerto Cortés, la principal terminal marítima del país. Roberto Babún, gerente de la estatal Empresa Nacional Portuaria, ordenó su cierre temporal ante la avería presentada en varias máquinas que sirven de guía a los barcos, así como fisuras en la infraestructura. El comercio que se genera desde ese puerto fue desviado a sus pares en Guatemala y El Salvador, representando también perjuicios en el ingreso de divisas al país, indicó.

TEMOR EVIDENTE

Las imágenes de la televisión local mostraron las enormes grietas provocadas por el sismo en varios tramos carreteros. El emblemático puente de La Democracia, construido por franceses a mediados de los años 60 en la norteña El Progreso, se partió en dos, interrumpiendo el paso entre esa ciudad con otras importantes regiones del país. El temor en los pobladores era evidente, ante la incertidumbre de que una nueva remecida los sorprendiera en cualquier momento. “Vamos a pasar la noche en vigilia, porque no queremos que un nuevo sismo nos sorprenda mientras dormimos”, dijo Karla Rivas, una habitante de El Progreso.

La fuerza del terremoto fue tal que los habitantes de Tegucigalpa se sorprendieron al sentir como se estremecían sus viviendas, crujía la madera y se movían las lámparas de electricidad. Los teléfonos móviles se congestionaron, Internet colapsó y la energía eléctrica se interrumpió en varias zonas. El alcalde capitalino, Ricardo Álvarez, recorrió las zonas más vulnerables y ordenó la evacuación de familias en los sectores de riesgo.

Para el presidente de la Cámara de la Construcción, Alejandro Álvarez, una de las lecciones que dejó el sismo es “que ese mito de que en Honduras, por no haber volcanes, no había terremotos, no es tan cierta, y ahora debemos prepararnos para construir edificaciones antisísmicas”, manifestó. Según el físico Cruz, en los últimos años se han experimentado movimientos telúricos en zonas insospechadas, siendo la región de Marale, en el central departamento de Francisco Morazán, una de las zonas donde más se están produciendo este tipo de eventos. “Todo indica que hay que replantearse muchas formas de ver y estudiar el país; la vulnerabilidad ecológica que presenta lo vuelve proclive a este tipo de eventos, además de que existe la sospecha que muchos cerros de estructura volcánica son pequeñas bombas de tiempo que algún día van a despertar”, afirmó. Cruz recordó que, en 1852, un tsunami asoló las costas de Belice e Islas de la Bahía, en el mar Caribe, por lo que tras el terremoto surgió el alerta de un fenómeno similar, “pero poco después fue descartada”.

Para Juan Ferrando, experto en temas ambientales del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Honduras carece de planes que den respuestas a las emergencias y prevengan a su vez los riesgos. En diálogo con IPS , Ferrando explicó que se impulsa un proyecto de gestión y prevención del riesgo en 40 comunidades de la región central de Honduras, “afectadas por riesgos sísmicos, deslizamiento de tierra e inundaciones”.

“Buscamos que las comunidades se preparen y reaccionen ante eventuales sismos, por ejemplo, porque es algo con lo que Honduras ahora está obligada a analizar y responder a la emergencia”.

Según especialistas de la Universidad Nacional, existen al menos una docena de volcanes que en cualquier momento podrían hacer erupciones. Por ahora, el terremoto del jueves mostró a los hondureños que la leyenda de país libre de sismos se acabó y deben prepararse para vivir con un inquilino incómodo. Tras el seísmo, más de 150 réplicas de menor intensidad se han sentido en las últimas horas.