17 de Ago de 2022

América

El mundo está patas para arriba

Había un tiempo en que los países comunistas como China solían tener burocracias fóbicas a las empresas, sistemas regulatorios que asfix...

Había un tiempo en que los países comunistas como China solían tener burocracias fóbicas a las empresas, sistemas regulatorios que asfixiaban la iniciativa privada, y un clima para los negocios mucho más restrictivo que los países capitalistas. Pero hoy en día, el mundo está patas para arriba.

Según Haciendo Negocios en el 2010, un nuevo estudio del Banco Mundial, China —y cada vez más, Vietnam— ofrecen mejores condiciones a los empresarios locales y extranjeros que la mayoría de los países latinoamericanos. El estudio, en su séptimo año, evalúa varios ejemplos concretos de la facilidad para conducir empresas y la “tramitología” en 183 países de todo el mundo. Entre sus conclusiones están:

Para abrir un nuevo negocio, ya sea un puesto de hotdogs o una fábrica, hay que realizar sólo tres trámites en Hong Kong, y 14 trámites en China continental. En comparación, hay que hacer quince procedimientos legales en Argentina y Bolivia, y 16 en Brasil y Venezuela.

En cuanto a la cantidad de días necesarios para los procedimientos legales necesarios que requieren abrir un negocio legal, son seís días en Hong Kong, y 37 días en China continental. En comparación, el papeleo para realizar estos trámites demora 41 días en Perú, 50 días en Bolivia, 60 días en Costa Rica, 64 días en Ecuador, 65 días en Uruguay, 120 días en Brasil y 141 días en Venezuela.

En cuanto a la cantidad de dinero necesaria para cumplir con los pasos legales que requiere abrir un negocio, en China hay que invertir el equivalente a 5 por ciento del ingreso per cápita del país, en Chile 7 por ciento, en Argentina 11 por ciento, en México 12 por ciento, en Colombia 13 por ciento, 38 por ciento en Ecuador, en Honduras 47 por ciento, en Bolivia el 99 por ciento, y en Nicaragua el 111 por ciento.

Para reemplazar a un trabajador de bajo desempeño, hay que pagarle 10 semanas de salario en Hong Kong y 91 semanas de salario en China continental. Comparativamente, hay que pagarle 95 semanas de salario en Argentina y Honduras, 99 semanas en Paraguay y 135 en Ecuador. En Venezuela y Bolivia, está prohibido que el dueño de una empresa despida a un trabajador, aunque este último se pase durmiendo todo el horario de trabajo.

Para exportar un producto, hay que llenar 4 formularios en Hong Kong, y 7 en China continental. En Latinoamérica, hay que llenar 8 formularios en Brasil, Bolivia y Paraguay; 9 en Argentina y Ecuador, y 10 en Guatemala y Uruguay.

Ya se pueden dar una idea. Un ranking que suma las diez categorías evaluadas en el estudio, revela que China requiere menos trámites a los empresarios que Argentina, Brasil, Venezuela y casi todos los demás países latinoamericanos, con pocas excepciones como Colombia, Chile y México.

Sylvia Solf, una de las principales autoras del estudio, me dijo que algunos países latinoamericanos han adoptado importantes medidas para reducir el papeleo burocrático. “Colombia y Perú han hecho muchas reformas, pero en el resto de la región las reformas han sido más bien tímidas”, dijo. Citando un “efecto bola de nieve” de las medidas adoptadas para simplificar las regulaciones comerciales en Europa del Este, Medio Oriente y el Norte de África, agregó: “Hay noticias positivas en Latinoamérica, pero las noticias de lo que está pasando en otras partes del mundo son mucho más positivas”.

Mi opinión: No es coincidencia que en los últimos años los países asiáticos hayan crecido más rápido y hayan reducido mucho más la pobreza que Latinoamérica. En Asia, no sólo han creado un clima empresarial más favorable para los inversionistas extranjeros, sino que también han hecho más fácil para su propia gente la posibilidad de convertirse en capitalistas, tomar empleados, y crear riqueza.

Si los presidentes latinoamericanos quieren reducir la pobreza, como lo aseguran, deberían empezar por imitar lo que están haciendo en el ámbito económico los países que avanzan y reducen la pobreza en otras partes del mundo, incluyendo —paradójicamente— los países comunistas.